Rechazan reforma electoral de Sheinbaum

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CIUDAD DE MÉXICO – La ambiciosa reforma electoral de Claudia Sheinbaum naufragó en la Cámara de Diputados. El proyecto, pieza clave en el arranque de su administración, se topó con un muro legislativo que no solo levantó la oposición, sino que fracturó al bloque oficialista en una votación que dejó al descubierto las primeras grietas serias en la alianza gobernante.

Pese a que Morena mantiene el control de San Lázaro, la jornada del martes confirmó que la aritmética simple no basta para las reformas constitucionales. El partido presidencial se quedó corto: sumó 259 votos —incluidos algunos apoyos aislados del Partido Verde—, lejos de los 334 necesarios para alcanzar la mayoría calificada.

El golpe vino de donde más duele. Sus aliados históricos, el Partido del Trabajo (PT) y el PVEM, le dieron la espalda a la iniciativa. Junto al bloque opositor (PAN, PRI y Movimiento Ciudadano), sellaron el rechazo con 234 votos en contra.

Fuego amigo en el bloque oficial
La derrota no fue un accidente de último minuto. Desde finales de la semana pasada, los coordinadores del PT y el Verde habían adelantado su negativa, recelosos de una propuesta que buscaba centralizar el sistema electoral, recortar el financiamiento a partidos y eliminar a los legisladores plurinominales. Para los aliados menores de la “4T”, la reforma no era un avance democrático, sino una amenaza directa a su supervivencia política y a los equilibrios de poder.

La sesión fue inusualmente corta. En un intento por controlar los daños y evitar un espectáculo público prolongado, Morena limitó el debate a las posturas de los coordinadores parlamentarios. No hubo grandes discursos ni defensas apasionadas; el destino del dictamen ya estaba sellado desde que salió de comisiones.

Un nuevo escenario para Sheinbaum
Este revés obliga a la presidencia a recalibrar su estrategia. Si bien el Ejecutivo buscaba sacudir la estructura del Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral, ahora el camino se estrecha. Fuentes legislativas sugieren que el Gobierno podría optar por un “Plan B”: reformas a leyes secundarias que solo requieren mayoría simple, una vía que Morena sí puede transitar en solitario.

Sin embargo, el mensaje político es nítido. La disciplina de hierro que caracterizó a la coalición gobernante en años recientes muestra señales de fatiga. Para Sheinbaum, el reto inmediato no será solo enfrentar a la oposición, sino convencer a sus propios socios de que su agenda no se escribe a costa de los intereses de ellos.

Por ahora, la reforma constitucional queda sepultada, dejando una lección clara para Palacio Nacional: en el Congreso, la lealtad tiene un precio y el consenso, incluso entre amigos, ya no es una garantía.