Baja producción en México por falta de presupuesto agrícola

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Baja producción en México se ha convertido en un problema alarmante que afecta directamente la soberanía alimentaria del país, según denuncias recientes de organizaciones agrícolas. La Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) ha señalado que las políticas implementadas por el gobierno federal, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, no han logrado revertir el deterioro heredado del sexenio anterior. En lugar de fomentar un incremento en la productividad, el enfoque en asistencia social ha dejado al sector agropecuario en una situación precaria, incrementando la dependencia de importaciones extranjeras. Esta baja producción en México no solo impacta a los agricultores, sino que eleva los costos de los alimentos básicos para millones de familias, especialmente en zonas rurales donde la pobreza es más acentuada.

Impactos de la baja producción en México en la economía nacional

La baja producción en México en el sector agrícola ha generado una cadena de efectos negativos que se extienden a toda la economía. Con más del 70% del presupuesto de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) destinado a pequeños productores en forma de asistencia social, los recursos para impulsar la productividad real son insuficientes. Esto ha propiciado que la baja producción en México se mantenga en niveles críticos, con rendimientos por hectárea que no compiten con los estándares internacionales. Los agricultores enfrentan desafíos como sequías persistentes y altos costos de insumos, lo que agrava la situación y obliga al país a importar masivamente productos básicos como maíz, leche y carne, principalmente de Estados Unidos.

Dependencia de importaciones y sus consecuencias

Una de las consecuencias más graves de la baja producción en México es la creciente dependencia de importaciones de granos y fertilizantes. En 2025, México importó casi 25 millones de toneladas de maíz, rompiendo récords por tercer año consecutivo, y se espera que esta cifra se mantenga alta en 2026 debido a la expansión pecuaria y precios internacionales bajos. Esta dependencia no solo debilita la economía local, sino que expone al país a volatilidades del mercado global. Además, la importación del 75% de los fertilizantes necesarios encarece los costos de producción para los agricultores mexicanos, perpetuando el ciclo de baja producción en México y reduciendo la rentabilidad de cultivos tradicionales.

La eliminación de esquemas como la agricultura por contrato y el ingreso objetivo, que se dio entre 2004 y 2019, ha contribuido significativamente a esta baja producción en México. Sin estos mecanismos, los productores han visto disminuida su capacidad para planificar y invertir en sus tierras, lo que ha resultado en una caída drástica en la productividad de granos básicos. La UNTA ha criticado duramente estas políticas, argumentando que el gobierno federal, liderado por Morena, prioriza programas asistencialistas sobre inversiones estratégicas que podrían revitalizar el campo.

Críticas al gobierno federal y la gestión de Claudia Sheinbaum

La baja producción en México ha sido atribuida directamente a las deficiencias en la política agrícola del gobierno de Claudia Sheinbaum. Heredando un sector deteriorado del periodo de Andrés Manuel López Obrador, la actual administración no ha implementado medidas contundentes para revertir la tendencia. En cambio, se ha enfocado en distribuir recursos de manera que, según expertos, no impulsan la producción a gran escala. Esto ha generado un escenario donde la baja producción en México alcanza límites inimaginables, como lo describió Álvaro López Ríos, secretario general de la UNTA, en un comunicado reciente.

Presupuesto insuficiente y distribución irregular

El presupuesto asignado a la Sader para 2026, aunque significativo en cifras absolutas, se diluye en asistencialismo que no aborda los problemas estructurales. Más del 70% va a pequeños productores, dejando marginados a medianos y grandes agricultores que podrían elevar la productividad nacional. Esta distribución ha sido calificada como ineficiente, exacerbando la baja producción en México y fomentando irregularidades, como la venta ilegal de fertilizantes distribuidos por programas públicos. Reportes indican que beneficiarios desvían estos insumos, afectando la efectividad de las iniciativas gubernamentales y dejando a muchos productores sin el apoyo necesario.

En zonas rurales, donde la pobreza es intensa, el impacto de esta baja producción en México se siente con mayor fuerza. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan que el costo de la canasta alimentaria aumentó un 3.8% anual en enero de 2026, alcanzando un precio de 1,863.17 pesos en regiones vulnerables. Esta escalada en precios es un reflejo directo de la dependencia externa y la incapacidad del gobierno para fomentar una producción interna robusta.

Soluciones propuestas para revertir la baja producción en México

Para combatir la baja producción en México, la UNTA propone un cambio radical en la orientación de las políticas agrícolas. Se insta a implementar subsidios focalizados, acceso a tecnología moderna y créditos accesibles que permitan a los agricultores invertir en mejoras productivas. Sin estos ajustes, el país continuará enfrentando presiones en los precios de alimentos básicos y una soberanía alimentaria comprometida. La baja producción en México no solo es un problema económico, sino un riesgo social que podría desencadenar mayores desigualdades en el campo.

El rol de la tecnología y los subsidios en la productividad

La integración de tecnología en el agro podría ser clave para superar la baja producción en México. Sin embargo, la actual administración ha sido criticada por no priorizar inversiones en investigación y desarrollo agrícola. En lugar de ello, se mantiene un enfoque en programas que, aunque benefician a corto plazo, no generan sostenibilidad. Expertos sugieren que revitalizar esquemas como el ingreso objetivo podría restaurar la rentabilidad y reducir la dependencia de importaciones de fertilizantes, que en 2025 alcanzaron 3.79 millones de toneladas, un incremento del 2.3% respecto al año anterior.

La expansión del mercado de fertilizantes, proyectado a crecer un 3% anual hasta 2035, subraya la urgencia de políticas que fomenten la producción local. Sin embargo, la baja producción en México persiste debido a factores como sequías y altos costos, que no han sido mitigados efectivamente por el gobierno federal. Esto ha llevado a un encarecimiento general de los insumos, afectando no solo a los productores sino a toda la cadena alimentaria.

Organizaciones como la UNTA han recopilado datos que muestran cómo la baja producción en México ha impactado la rentabilidad de los cultivos. Informes de la Agencia Nacional de Aduanas de México indican un aumento constante en las importaciones, lo que resalta la ineficacia de las estrategias actuales implementadas por la Sader.

Estudios del INEGI sobre el incremento en los costos de la canasta alimentaria en zonas rurales confirman que la baja producción en México está exacerbando la pobreza, con precios que superan los 100 dólares en regiones marginadas. Estas estadísticas, disponibles en reportes oficiales, pintan un panorama desolador que el gobierno debe abordar con urgencia.

Comunicados de la UNTA, basados en evaluaciones del sector, critican la orientación del presupuesto y llaman a una revisión inmediata para evitar que la baja producción en México se convierta en una crisis irreversible.