Manifestantes exigen fin a la gentrificación en la capital
Desalojos acelerados por el Mundial de Fútbol 2026 han encendido las calles de la Ciudad de México, donde decenas de afectados se unieron en una marcha contundente para alzar la voz contra el desplazamiento forzoso que amenaza sus hogares. Esta protesta, que partió del Antimonumento a los 43 estudiantes de Ayotzinapa en Paseo de la Reforma, no es solo un grito de auxilio, sino una denuncia feroz contra un sistema que prioriza el espectáculo deportivo sobre el derecho fundamental a la vivienda. Los manifestantes, provenientes de barrios emblemáticos como el Centro Histórico y la colonia Popotla, corearon consignas como "Pueblo callado será gentrificado" y "Queremos vivienda, el Mundial nos vale verga", reflejando la rabia acumulada ante una ciudad que se transforma a costa de sus habitantes más vulnerables.
En el corazón de esta movilización se encuentra el caso de los vecinos de la calle República de Cuba 11, en el Centro Histórico, quienes fueron desalojados de manera violenta en agosto de este año. Diecinueve departamentos y ocho locales quedaron vacíos tras la intervención de fuerzas que ignoraron cualquier protocolo de protección. Desde entonces, estos residentes mantienen un campamento improvisado frente a su antiguo predio, resistiendo las inclemencias del tiempo y la indiferencia oficial. Diana González, una de las portavoces, no escatimó palabras al criticar la cooptación del Poder Judicial y Legislativo por parte del cartel inmobiliario, especialmente en un contexto dominado por la mayoría parlamentaria de Morena. "El gobierno prefiere alojar a extranjeros que dar vivienda a su gente", sentenció, apuntando directamente a las preparaciones para el Mundial como catalizador de esta crisis.
El impacto de los desalojos acelerados por el Mundial en comunidades vulnerables
Los desalojos acelerados por el Mundial no son un fenómeno aislado; representan una oleada de gentrificación que arrasa con tejidos sociales enteros en la Ciudad de México. Según datos oficiales, entre julio y octubre de 2025 se registraron alrededor de 2 mil 600 quejas por despojo, una cifra alarmante que supera casi la mitad de los reportes totales de todo 2019. Esta escalada coincide con las inversiones millonarias en infraestructura para el torneo, como la remodelación del Estadio Azteca, sede de la inauguración en junio de 2026. Comunidades del sur de la capital, por ejemplo, denuncian el acaparamiento de agua por empresas constructoras, dejando a familias enteras sin acceso básico mientras se pavimentan caminos para el evento global.
En la colonia Popotla, el testimonio de Santiago Ávila ilustra la crudeza de estos desalojos acelerados por el Mundial. Junto con su familia y otras nueve, fue expulsado de su hogar en la calle Mar Blanco en octubre, en un operativo que dejó moretones y miedos imborrables. "La lucha de los desalojados es una sola", afirmó Ávila durante la marcha, uniendo su dolor al de cientos que ven cómo la especulación inmobiliaria devora sus raíces. Estas historias no son excepciones; son el rostro humano de una política urbana que, bajo el pretexto del progreso, acelera el despojo en barrios céntricos y periféricos por igual.
Demanda de una ley contra el pacto inmobiliario y por el derecho a la vivienda
Los manifestantes no llegaron al Congreso de la Ciudad de México con las manos vacías; portaban una iniciativa legislativa clara y urgente. Exigen reformas que garanticen avisos previos en cualquier desalojo, prohíban la especulación rampante y restablezcan el protocolo contra desalojos eliminado en 2019. Esta propuesta busca romper el "pacto inmobiliario" que, según los afectados, ata a funcionarios locales con intereses privados, dejando a los inquilinos en la intemperie. La marcha culminó frente al recinto legislativo, donde se demandó a los diputados actuar de inmediato, recordando que el derecho a la vivienda no es un lujo, sino un pilar constitucional pisoteado en la sombra del Mundial.
Elizabeth Álvarez, representante del pueblo originario de Xoco en Coyoacán, sumó su voz a la protesta al denunciar el despojo de tierras por la Plaza Mitikah, un megaproyecto que simboliza la voracidad inmobiliaria. "No nos vamos a hacer a un lado. Vamos a seguir en la lucha de los pueblos", declaró con firmeza, destacando cómo los desalojos acelerados por el Mundial extienden sus tentáculos hasta comunidades indígenas, robándoles no solo hogares, sino patrimonios ancestrales. Su participación subraya la interseccionalidad de esta crisis: no es solo urbana, sino un asalto cultural disfrazado de desarrollo.
Críticas al gobierno de Morena y llamados a Sheinbaum y Brugada
La protesta no eludió nombres propios. Los desalojos acelerados por el Mundial se atribuyen directamente a la inacción de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y la presidenta Claudia Sheinbaum, a quienes se les exige medidas concretas como la expropiación de predios irregulares. Bajo el gobierno de Morena, que presume de justicia social, esta gentrificación parece contradecir sus banderas, alimentando un escepticismo profundo entre los desalojados. González, en el pronunciamiento colectivo, apuntó al "auge de la cooptación" como un cáncer que corroe las instituciones, urgiendo una respuesta que priorice a los mexicanos sobre los reflectores internacionales.
Esta movilización llega en un momento crítico, con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, y pone en jaque la narrativa oficial de un México unido por el deporte. Los afectados insisten en que el torneo, coorganizado con Estados Unidos y Canadá, no puede construirse sobre ruinas humanas. La gentrificación en CDMX, impulsada por estos desalojos acelerados por el Mundial, amenaza con alterar la diversidad que hace vibrar a la capital, reemplazándola por torres de cristal y precios inalcanzables.
En las calles de la Ciudad de México, donde el eco de las consignas aún resuena, los desalojos acelerados por el Mundial se convierten en un recordatorio brutal de las prioridades torcidas. Mientras el mundo mira hacia el Estadio Azteca, familias enteras luchan por un techo, tejiendo alianzas que podrían transformar esta indignación en cambio real. Reportes recientes de agencias como EFE capturan estas imágenes de resistencia, mostrando cómo la marcha del 15 de diciembre de 2025 unió voces dispares en un coro unificado contra la injusticia.
Detrás de las cifras oficiales del Gobierno de la Ciudad de México, que registran esas 2 mil 600 quejas en apenas cuatro meses, hay historias de familias desarraigadas que no se rinden. Fuentes locales, como las declaraciones de los propios manifestantes en el Congreso, revelan la urgencia de restablecer protocolos olvidados, un paso que podría frenar la marea de desalojos acelerados por el Mundial antes de que sea demasiado tarde.
Al final del día, esta protesta trasciende el enojo inmediato; es un llamado a repensar el legado del Mundial 2026 en México. Información recopilada de testigos y participantes en la avenida Paseo de la Reforma pinta un panorama donde la vivienda digna choca frontalmente con la ambición global, recordándonos que el verdadero juego no se juega en el campo, sino en las calles donde se forja la historia cotidiana.


