Sierra de Chihuahua, esa región olvidada por décadas de gobiernos federales, se erige hoy en un grito desesperado ante la presidenta Claudia Sheinbaum. Los habitantes de esta zona remota, principalmente pueblos raramuri y ódami, exigen con urgencia servicios básicos que parecen un lujo inalcanzable: energía eléctrica, internet confiable, un hospital equipado con médicos permanentes y carreteras pavimentadas que conecten sus comunidades aisladas. En un evento cargado de simbolismos pero escaso en soluciones concretas, Sheinbaum hizo acto de presencia este sábado, entregando títulos de propiedad comunal por tres mil hectáreas en Guadalupe y Calvo, mientras las voces de los locales resonaban con demandas que exponen las grietas en el tan publicitado "plan de justicia" de su administración.
La Sierra de Chihuahua: un abandono crónico bajo el gobierno de Sheinbaum
La Sierra de Chihuahua no es solo un paraje montañoso; es un testimonio vivo de negligencia sistemática. Familias enteras viven a oscuras, sin el mínimo acceso a la electricidad que ilumina el resto del país, y mucho menos a internet, esa herramienta esencial para la educación y el progreso en el siglo XXI. Sheinbaum, con su discurso de transformación, prometió reformas constitucionales para reconocer a los pueblos originarios, pero en la práctica, estas palabras se diluyen en la bruma de la sierra. Los 12 mil millones de pesos destinados este año a comunidades indígenas suenan impresionantes en papel, pero en el terreno, se traducen en promesas vacías. ¿Dónde están los cables que traigan luz a Baborigame? ¿Por qué las escuelas desde preescolar hasta universidad siguen siendo un sueño remoto?
Demanda de energía eléctrica: la chispa que enciende la indignación
En el corazón de la Sierra de Chihuahua, la falta de energía eléctrica no es un inconveniente menor; es una barrera que perpetúa la pobreza extrema. Habitantes relataron cómo la oscuridad invade sus hogares al caer la noche, limitando actividades cotidianas y exponiendo a los niños a riesgos innecesarios. Sheinbaum, ante estas quejas directas, anunció un programa de energía solar como paliativo rápido. ¿Pero es suficiente un panel aislado para compensar años de omisión federal? Críticos señalan que este gobierno, que se jacta de equidad, ha priorizado megaproyectos en la capital mientras regiones como la Sierra de Chihuahua languidecen. La palabra clave aquí es urgencia: sin electricidad, no hay desarrollo, y Sheinbaum debe responder no con parches, sino con infraestructura sólida.
La crítica se agudiza cuando se considera el contexto histórico. Bajo administraciones previas de Morena, se prometieron avances similares, pero la Sierra de Chihuahua permanece estancada. Hoy, con Sheinbaum al mando, las expectativas eran altas, alimentadas por su retórica de inclusión. Sin embargo, el evento en Guadalupe y Calvo reveló la desconexión: mientras la presidenta entregaba documentos simbólicos, los locales clamaban por lo tangible. Energía eléctrica no es un lujo; es un derecho humano básico, y su ausencia en la Sierra de Chihuahua es un escándalo que el gobierno federal no puede ignorar más.
Salud en crisis: el hospital soñado en la Sierra de Chihuahua
Imaginemos un parto en la Sierra de Chihuahua sin atención médica adecuada, o una enfermedad común que se agrava por la falta de doctores. Esto no es ficción; es la realidad para miles en comunidades como Baborigame, donde un hospital con médicos permanentes es una necesidad gritante. Sheinbaum admitió que atraer y retener personal médico en estas zonas remotas es un "pendiente del gobierno", una confesión que suena a excusa más que a compromiso. ¿Cómo puede una presidenta que habla de bienestar universal tolerar que centros de salud queden vacíos, sin medicamentos ni especialistas? La Sierra de Chihuahua demanda no solo edificios, sino vidas salvadas, y el silencio de las secretarías de Estado al respecto es ensordecedor.
Carreteras y conectividad: el aislamiento que Sheinbaum debe romper
Las carreteras en mal estado de la Sierra de Chihuahua no son solo baches; son cadenas que atan a sus habitantes al olvido. La ruta de Batopilas a Samachique, o la de Guadalupe y Calvo a Parral, se convierten en odiseas diarias, impidiendo el acceso a mercados, escuelas y servicios. Una habitante exigió un albergue en Palos Muertos, mientras otros pedían caminos en Bocoyna. Sheinbaum, acompañada de la gobernadora panista María Eugenia Campos, escuchó estas voces, pero su respuesta —instruir a su gabinete para "seguimiento"— huele a burocracia eterna. En un país donde el transporte es clave para la equidad, la Sierra de Chihuahua representa el fracaso de políticas federales que privilegian lo urbano sobre lo rural.
La gobernadora Campos, en un intento por aliarse con el federal, mencionó programas estatales para pueblos originarios, pero la coordinación luce frágil. Sheinbaum prometió regresar en un año, un plazo que para los afectados parece una eternidad. Mientras tanto, la Sierra de Chihuahua sufre: sin carreteras dignas, el comercio se paraliza, las emergencias se demoran y el aislamiento cultural se profundiza. Este gobierno, que se dice transformador, debe invertir en asfalto y puentes no como favor, sino como obligación moral.
Educación y futuro: la Sierra de Chihuahua reclama su universidad
La educación en la Sierra de Chihuahua es un campo minado de desigualdades. Niños caminan horas para llegar a escuelas precarias, y la idea de un telebachillerato o una universidad en Baborigame suena utópica. Sheinbaum, con secretarios como Mario Delgado de Educación a su lado, dio la palabra a los locales, pero las demandas por niveles educativos completos quedaron en el aire. ¿13 mil millones de pesos el próximo año? Insuficiente si no se traduce en aulas equipadas y maestros capacitados. La Sierra de Chihuahua, cuna de culturas milenarias, merece más que títulos de propiedad; merece conocimiento que empodere a sus jóvenes contra la migración forzada.
En este panorama, el INPI y figuras como Adelfo Regino representan esperanza, pero dependen de la voluntad política de Sheinbaum. La crítica no es capricho: es el eco de comunidades que ven cómo el "plan de justicia" beneficia selectivamente, dejando a la sierra en segundo plano. Pueblo originarios como raramuri y ódami no piden caridad; piden equidad, y el gobierno federal, bajo escrutinio, debe actuar con celeridad.
La Sierra de Chihuahua no callará. Sus demandas por servicios básicos resuenan como un recordatorio de que la presidencia de Sheinbaum se mide en hechos, no en discursos. Mientras el gabinete, con Ariadna Montiel y Edna Vega presentes, asiente, la realidad en el terreno exige transformación real. Reportes locales han documentado estas carencias por años, y solo una intervención federal decidida puede cambiar el rumbo.
En medio de este clamor, observadores notan paralelismos con otras regiones marginadas, donde promesas presidenciales se evaporan. Fuentes especializadas en asuntos indígenas destacan que eventos como este en la Sierra de Chihuahua podrían ser catalizadores, pero solo si se siguen con presupuestos reales y no con fotos para la galería.
Al final del día, la Sierra de Chihuahua espera que Sheinbaum cumpla su "vamos poco a poquito" con pasos firmes. Publicaciones independientes han cubierto estas visitas, subrayando la brecha entre lo anunciado y lo entregado, y urgiendo a una vigilancia ciudadana para que las demandas no queden en el olvido.
