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Alejandro Gertz Manero renuncia en enroque controvertido

Alejandro Gertz Manero, la figura central de una era marcada por sombras y controversias en el sistema de justicia mexicano, ha presentado su renuncia irrevocable a la Fiscalía General de la República (FGR), dejando un vacío que resuena como un trueno en los pasillos del poder. Este movimiento, calificado por analistas como un enroque afín al gobierno de Claudia Sheinbaum, no solo remueve una pieza clave del tablero político, sino que expone las grietas profundas en la procuración de justicia bajo el manto de Morena. Durante casi siete años al frente de la FGR, Alejandro Gertz Manero encarnó el "fiscal carnal", un término que encapsula la lealtad ciega al Ejecutivo federal y la erosión de la independencia judicial so pretexto de reformas progresistas.

La trayectoria tormentosa de Alejandro Gertz Manero en el poder

Desde su designación en enero de 2019 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Gertz Manero se convirtió en el guardián de los intereses del régimen, pero a un costo altísimo para la confianza pública. Nacido en 1939 en la Ciudad de México, este doctor en Derecho por la UNAM acumuló una carrera repleta de altibajos: desde secretario de Seguridad Pública en el Distrito Federal entre 1998 y 2000, hasta el cargo federal bajo Vicente Fox de 2000 a 2006. Su paso por la política incluyó un diputación con el efímero Convergencia entre 2009 y 2012, y roles en instituciones educativas como rector de la Universidad de las Américas. Sin embargo, es en la FGR donde su legado se tiñe de escándalos que cuestionan la integridad del sistema.

Decisiones que encendieron la polémica

Alejandro Gertz Manero no escatimó en generar titulares incendiarios. Una de sus propuestas más criticadas fue la eliminación del delito de feminicidio, un retroceso que indignó a colectivos feministas y defensores de derechos humanos, viéndolo como un guiño a la impunidad en un país azotado por la violencia de género. Otro capítulo oscuro involucró el uso de la Fiscalía para perseguir a la viuda de su propio hermano, un conflicto personal que se coló en el ámbito público y manchó la imparcialidad de la institución. No menos explosivo fue su choque con el equipo investigador del caso Ayotzinapa, donde la desaparición de los 43 estudiantes de 2014 se estancó bajo su mando, alimentando acusaciones de obstrucción y encubrimiento.

En el frente de la corrupción, Alejandro Gertz Manero prometió limpiar las entrañas del viejo régimen priista. Casos como las tramas en el gobierno de Enrique Peña Nieto, los sobornos de Odebrecht y la infame Estafa Maestra —un desvío millonario de recursos públicos— cayeron en su regazo. Millones de pesos evaporados en esquemas fraudulentos, y ¿qué obtuvo México? Cero condenas significativas. Esta inacción no es casual; críticos señalan que el fiscal priorizó la narrativa política sobre la justicia real, protegiendo a aliados mientras perseguía selectivamente a opositores.

El enroque de Claudia Sheinbaum: ¿Reforma o continuidad?

Al asumir la presidencia en octubre de 2024, Claudia Sheinbaum heredó a Alejandro Gertz Manero como un lastre inevitable, pero optó por mantenerlo en el cargo durante su primer año, pidiendo apenas una "mayor coordinación" entre la Presidencia y la FGR. Este gesto, lejos de ser un quiebre, huele a continuidad del modelo "fiscal carnal" que López Obrador instauró. Sheinbaum propuso acuerdos para alinear la FGR con el Gabinete de Seguridad y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, liderada por Omar García Harfuch, con quien Gertz Manero se reunió más en los últimos 13 meses. ¿Coincidencia? Difícilmente. Este enroque posiciona a Ernestina Godoy como interina, una exfiscal capitalina conocida por su alineación con Morena y su rol colaborativo en la Ciudad de México.

La independencia judicial: un mito bajo Morena

La creación de la FGR en 2018, durante el sexenio de Peña Nieto, buscaba desanclar la procuraduría del Ejecutivo, prometiendo autonomía. Pero con la llegada de Alejandro Gertz Manero, ese ideal se desmoronó. La intervención directa de López Obrador en su nombramiento —pese a la reforma— generó un coro de críticas de opositores, ONGs y activistas, que lo bautizaron como el fiscal leal al palacio. Bajo Sheinbaum, este patrón persiste: ausencias prolongadas de Gertz Manero de la escena pública, opacidad en informes y conferencias de prensa contadas con los dedos de una mano. La renuncia, anunciada este jueves 28 de noviembre de 2025, llega tarde, cuando el daño a la credibilidad de la justicia ya es irreparable.

Este relevo no es un triunfo de la transparencia, sino un cálculo político astuto. Ernestina Godoy, con su historial en la fiscalía de la capital, representa la extensión del control morenista sobre las instituciones. Mientras México lidia con índices de impunidad que superan el 90%, el gobierno federal celebra este "enroque" como un ajuste necesario, ignorando las voces que claman por una fiscalía verdaderamente autónoma. Alejandro Gertz Manero deja un México más dividido, donde la justicia se percibe como herramienta del poder en turno, no como pilar de la democracia.

La gestión de Alejandro Gertz Manero también se vio empañada por su manejo de la pandemia y temas de seguridad, donde la coordinación con el Ejecutivo brilló por su ausencia en resultados tangibles. En lugar de avances en la lucha contra el crimen organizado, México vio un incremento en homicidios y desapariciones, con la FGR más enfocada en narrativas que en acciones concretas. Críticos como los del colectivo Ayotzinapa han documentado exhaustivamente cómo las investigaciones se diluyeron bajo su liderazgo, dejando familias en el limbo eterno.

En el ámbito internacional, la imagen de México se resintió. Organismos como Amnistía Internacional han emitido reportes que cuestionan la independencia de la FGR, citando casos emblemáticos como Odebrecht, donde promesas de extradiciones y juicios se evaporaron en burocracia. Alejandro Gertz Manero, con su estilo recio y ausente, simboliza el fracaso de la "Cuarta Transformación" en materia judicial: mucho discurso, poca sustancia.

Ahora, con su salida, surge la pregunta ineludible: ¿cambiará algo bajo Godoy? La interina, aliada clave de Sheinbaum en la capital, promete continuidad en la "coordinación", pero los escépticos ven más de lo mismo. Según despachos informativos como EFE, que cubrieron el anuncio con detalle, esta renuncia podría ser el preludio de una reestructuración más profunda en el gabinete de seguridad, aunque las dudas persisten sobre si tocará las raíces de la corrupción sistémica.

Analistas consultados por medios independientes, en coberturas que han seguido de cerca la trayectoria de Alejandro Gertz Manero, sugieren que este enroque fortalece el control del Ejecutivo sobre la justicia, alineando aún más a la FGR con las prioridades de Morena. Publicaciones especializadas en política mexicana han destacado cómo, pese a la opacidad, casos como la Estafa Maestra siguen sin resolución, un recordatorio punzante de promesas incumplidas.

En última instancia, la renuncia de Alejandro Gertz Manero no borra las huellas de una era de impunidad selectiva. Reportajes de agencias como EFE y observatorios de derechos humanos insisten en que, para restaurar la fe en las instituciones, se necesita más que un cambio de nombres: una reforma genuina que aisle la justicia de los vaivenes políticos. Mientras tanto, México observa con cautela este nuevo capítulo, esperando que no sea solo otro giro en el tablero del poder.

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