Generación Z protesta en CDMX por violencia

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Generación Z alza la voz en el Ángel

Generación Z tomó las calles de la Ciudad de México este sábado 8 de noviembre para gritar basta a la violencia que ahoga al país. Desde las 10 de la mañana, cientos de jóvenes se congregaron en el Ángel de la Independencia con banderas negras y moradas que identifican al movimiento Generación Z, convocados por redes sociales tras el brutal asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. La consigna era clara: paz inmediata y fin al terror que el crimen organizado impone en estados como Michoacán.

Generación Z no llegó sola. Gilberto Valdepino, michoacano que creció entre balas y extorsiones, imprimió decenas de banderas para repartirlas. “El miedo lo dominas cuando te encañonan desde niño”, declaró frente a las cámaras. Su testimonio resume el hartazgo de toda una Generación Z que ya no quiere flores en los altares improvisados de sus vecinos.

La marcha que cambió de rostro

Lo que empezó como un grito unificado de Generación Z contra la violencia se diluyó al mediodía. A las 12:00 horas aparecieron contingentes con banderas palestinas, pancartas por la jornada de 40 horas y símbolos soviéticos. La policía capitalina cerró 5 de Mayo y Madero con más de 200 antimotines mientras motoristas encapuchados empujaban a reporteros para impedir entrevistas.

Los jóvenes de Generación Z bajaron sus banderas y se retiraron. Quedaron los otros, los que gritaban contra Israel y el capitalismo. La plaza que iba a ser escenario de paz terminó custodiada por vallas y escudos.

Generación Z vs el miedo real

Generación Z sabe que protestar en México puede costar la vida. El asesinato de Carlos Manzo, ejecutado hace apenas siete días, pesa como advertencia. Aún así, decenas viajaron desde Michoacán, Guerrero y Guanajuato para decir “presente”. Portaban fotos del alcalde caído y carteles que rezaban “La Generación Z no se calla”.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó cientos de elementos, la Comisión de Derechos Humanos envió observadores y hasta personal de Gobernación federal, de civil pero con radios, vigiló cada paso. El operativo costó millones y evidenció que el gobierno teme más a la Generación Z que al narco.

Redes sociales: arma de la Generación Z

Generación Z no necesitó partidos ni líderes. Un tuit, un reel, un grupo de WhatsApp bastaron para mover a 150 personas en 48 horas. Esa velocidad asusta al poder: no hay manera de infiltrar o comprar una convocatoria que nace en TikTok a las 3 de la mañana.

Por eso aparecieron los provocadores en moto. Por eso cerraron calles antes de que empezara la marcha. El mensaje fue claro: la Generación Z puede gritar, pero no demasiado fuerte.

¿Qué sigue para Generación Z?

Generación Z ya planea la próxima. El 15 de noviembre habrá réplica en Guadalajara y Monterrey. Quieren que cada asesinato tenga réplica en las calles. No piden diálogo con el crimen; exigen al gobierno federal desmantelar plazas y rutas. Si no hay respuesta, prometen bloqueos masivos.

En Uruapan, vecinos cuentan que el alcalde Manzo recibió amenazas días antes de morir. Nadie lo protegió. Esa impunidad es el combustible de Generación Z.

Medios como Latinus transmitieron en vivo el abandono de la plaza por los jóvenes originales. Imágenes de Noticieros Televisa mostraron los escudos antimotines. Reportes de El Universal detallaron la presencia de federales camuflados. Todos coinciden: la Generación Z vino por paz y se fue con más coraje.