Suprema Corte rechaza abrir sentencias firmes

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Suprema Corte: baluarte contra la injerencia política

Suprema Corte se convirtió ayer en el último dique de contención frente a los intentos de Morena por doblegar al Poder Judicial. El pleno rechazó por seis votos contra tres el proyecto 56/2024 que pretendía reabrir sentencias firmes, una maniobra que habría dinamitado el principio universal de cosa juzgada. Suprema Corte demostró que no será apéndice del Ejecutivo ni de la 4T, pese a los seis millones de votos con los que llegó Hugo Aguilar.

Suprema Corte vivió su prueba de fuego cuando el ministro presidente insistió en revisar el fallo de enero de 2024 contra la Ley Eléctrica de AMLO. La sola idea desató un tsunami jurídico que alarmó hasta Washington en plena renegociación del T-MEC. Suprema Corte no cedió: Lenia Batres, Loretta Ortiz e Yasmín Esquivel lideraron el bloque que defendió la intangibilidad de las resoluciones definitivas.

El voto del pueblo que no alcanza

Aguilar presumió su “legitimidad popular” con apenas 6.1 millones de sufragios, un raquítico 6%. Suprema Corte le recordó que la justicia no se mide en urnas sino en apego a la Constitución. El rechazo al proyecto envía un mensaje contundente: Suprema Corte no será rehén de mayorías circunstanciales ni de la Presidencia.

Suprema Corte mantiene así su independencia frente a los embates de Morena, que buscaba convertir al máximo tribunal en una oficina de trámites al servicio del gobierno federal. El fallo de ayer blindó miles de sentencias que afectan desde concesiones eléctricas hasta derechos humanos.

Suprema Corte frena la puerta envenenada

El intento de reabrir la sentencia contra la reforma eléctrica era solo la punta del iceberg. De haberse aprobado, cualquier fallo histórico habría quedado a merced de la mayoría de turno. Suprema Corte cerró esa puerta envenenada y salvó el Estado de derecho de un colapso institucional.

Ministras clave en la resistencia

Lenia Batres argumentó con rigor que aceptar el proyecto abriría la caja de Pandora de revisiones infinitas. Loretta Ortiz añadió que la materia ya estaba cumplida. Suprema Corte contó con seis votos sólidos que evitaron el precedente catastrófico que Morena anhelaba para controlar fallos incómodos.

Suprema Corte emerge fortalecida ante una opinión pública que temía su sumisión. El rechazo al 56/2024 es un triunfo de la división de poderes y un revés para quienes querían un tribunal a modo.

Consecuencias para Morena y la Presidencia

Morena soñaba con una Suprema Corte domesticada que validara sus reformas exprés. El voto de ayer pulverizó esa fantasía y obliga al gobierno federal a respetar límites constitucionales. Suprema Corte no será el garrote que la 4T esperaba contra opositores ni contra inversionistas extranjeros.

El episodio también expone la soledad de Aguilar: tres ministros le siguieron, pero la mayoría le dio la espalda. Suprema Corte demostró que la toga pesa más que el carnet partidista.

Analistas consultados por columnistas de López-Dóriga coinciden en que este fallo fortalece la percepción de autonomía judicial. Juristas entrevistados en radio subrayan que el principio de cosa juzgada sale blindado. Incluso voces cercanas al oficialismo, citadas en portales especializados, reconocen que forzar la revisión habría generado inestabilidad económica inmediata.

Suprema Corte se erige hoy como la esperanza que el título original de Florestán anticipaba. Su independencia es el antídoto contra el autoritarismo disfrazado de “voluntad popular”. Mientras existan seis ministros dispuestos a defender la Constitución, México conservará un contrapeso real al poder desmedido.

El rechazo al proyecto 56/2024 pasará a los anales como el día en que Suprema Corte dijo “hasta aquí” a Morena. Queda claro: la justicia no se negocia ni se somete.