Cuidado no remunerado: la carga invisible que recae en ellas
Cuidado no remunerado define la realidad diaria de millones de mexicanas que invierten el doble de tiempo en tareas domésticas y atención familiar comparado con su empleo formal. Según datos recientes, las mujeres destinan 63.7 horas semanales a este cuidado no remunerado, frente a solo 33.8 horas en actividades pagadas. Esta brecha resalta cómo el cuidado no remunerado se convierte en una jornada completa sin salario ni reconocimiento, afectando su desarrollo profesional y bienestar personal.
El cuidado no remunerado abarca desde preparar alimentos hasta acompañar a enfermos crónicos, y en México representa el 26.3% del PIB nacional. A pesar de su valor económico, permanece invisibilizado en las políticas públicas. Organizaciones como Takeda y fundaciones especializadas enfatizan que el 75.1% de quienes asumen este cuidado no remunerado son mujeres, lo que genera desgaste físico y emocional constante.
Encuesta ENASIC revela la magnitud del problema
La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) muestra que cerca de 60 millones de personas requieren atención, y en el 64.5% de los casos depende del cuidado no remunerado familiar. Este cuidado no remunerado incluye apoyo emocional y manejo de tratamientos complejos, especialmente en enfermedades hematológicas diagnosticadas tardíamente en siete de cada diez pacientes.
En el marco del Día Internacional de las Personas Cuidadoras, se visibiliza cómo el cuidado no remunerado transforma la vida cotidiana de las mujeres. Ellas enfrentan una carga que limita oportunidades laborales y aumenta el estrés financiero. Estudios conjuntos entre biofarmacéuticas y asociaciones civiles destacan la necesidad de perspectiva de género en el cuidado no remunerado para equilibrar responsabilidades.
Impacto del cuidado no remunerado en la salud y economía
El cuidado no remunerado no solo agota tiempo, sino que provoca agotamiento mental. Mujeres que cuidan pacientes con leucemia, linfoma o mieloma múltiple manejan medicamentos inmunosupresores y acompañamiento constante, rol que asumen en solitario la mayoría de las veces. Esta dedicación al cuidado no remunerado reduce horas de sueño y recreación, incrementando riesgos de salud.
Desde el punto de vista económico, el cuidado no remunerado equivale a una contribución masiva al país, pero sin seguridad social ni descanso pagado. La directora médica de una empresa farmacéutica especializada señala que el cuidado no remunerado va más allá de citas médicas: implica esperanza y calidad de vida para los vulnerables.
Desigualdad de género en cifras alarmantes
El cuidado no remunerado perpetúa la desigualdad, con mujeres asumiendo el 75% de estas tareas. En hogares con enfermos crónicos, el cuidado no remunerado recae casi exclusivamente en ellas, limitando su inserción al mercado laboral formal. Datos de encuestas nacionales confirman que el cuidado no remunerado duplica el esfuerzo femenino respecto al masculino.
Actualizaciones de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 refuerzan que las mujeres dedican 39.7 horas semanales a labores similares, manteniendo la tendencia del cuidado no remunerado como barrera para la equidad. Esta medición quinquenal del INEGI sirve de base para políticas del Sistema Nacional de Cuidados.
Hacia un reconocimiento del cuidado no remunerado
Promover una cultura de corresponsabilidad es clave para reducir el peso del cuidado no remunerado. Iniciativas conjuntas entre sector privado y civil buscan apoyos formales que alivien esta carga. El cuidado no remunerado debe valorarse como derecho social, no como obligación exclusiva femenina.
Expertos insisten en que visibilizar el cuidado no remunerado impulsa cambios estructurales. Programas que integren perspectiva de género podrían redistribuir horas y recursos, beneficiando a familias enteras.
Informes de la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, elaborados por el INEGI, cuantifican año con año este aporte invisible. Organizaciones como Fundación de Alba y Unidos contribuyen con investigaciones específicas sobre cánceres hematológicos.
La biofarmacéutica Takeda, junto a asociaciones de trasplantes, presentó hallazgos que subrayan el rol femenino en el cuidado. Estudios como el de acompañamiento en enfermedades graves alimentan el debate nacional sobre el cuidado no remunerado.
Datos de EFE y encuestas especializadas coinciden en la urgencia de políticas integrales. El valor del cuidado no remunerado trasciende números: sostiene la sociedad desde lo cotidiano.


