El Cuate: Asesino de Carlos Manzo ligado al CJNG

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El Cuate, el sicario que estremeció Uruapan

El Cuate irrumpió como una sombra letal en el corazón de Uruapan, acabando con la vida del alcalde Carlos Manzo en pleno Festival de las Velas. Osvaldo Gutiérrez Vázquez, ese es el nombre real del hombre que las autoridades federales señalan como el ejecutor material. El Cuate no actuó solo: su sangre lo une a una red criminal que huele a pólvora y traición. Originario de Apatzingán, este asesino era familiar cercano de “El Prángana”, un operador de confianza de los hermanos Álvarez Ayala, conocidos como R1 y R2. Y detrás de ellos, la temida sombra del CJNG, el cártel que no perdona desafíos.

El Cuate no era un improvisado. Horas antes de apretar el gatillo, se registró en un hotel del centro de Uruapan, compró en tiendas de conveniencia y consumió metanfetaminas para mantener el pulso firme. Vestido con sudadera blanca, se acercó al alcalde independiente y descargó siete balazos: dos en el abdomen, uno en el brazo. Carlos Manzo cayó frente a cientos de testigos, convirtiéndose en el décimo edil asesinado desde que Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia. El Cuate murió abatido por los escoltas, pero su muerte no cierra el caso: hay autores intelectuales que siguen libres.

¿Por qué mataron a Carlos Manzo?

El Cuate fue el brazo, pero el CJNG fue el cerebro. Carlos Manzo se había ganado enemigos poderosos al combatir de frente al crimen organizado. Se autodenominaba “el Bukele mexicano” y ordenaba a su policía abatir delincuentes. Publicaba decomisos de armas, capturas de sicarios como “El Gárgola” y la caída de “El Rino”. Uruapan, segunda ciudad más importante de Michoacán, era un trofeo que el CJNG no estaba dispuesto a ceder. El asesinato de Manzo envía un mensaje claro: quien toque sus plazas paga con sangre.

El Cuate pertenecía a la célula de “las 3 R”. Los hermanos R1 y R2 no son cualquier lugartenientes: en 2012 organizaron narcobloqueos masivos en Michoacán, Jalisco y Colima para liberar a “El Mencho” de una detención. Hoy controlan rutas de droga sintética hacia Estados Unidos y extorsionan productores de aguacate. Que El Cuate fuera su familiar directo demuestra cuán profundo cala el CJNG en las familias de Tierra Caliente.

El CJNG: el cártel que no olvida ni perdona

El Cuate es solo la punta visible de un iceberg criminal. El CJNG, liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, se ha convertido en la organización más violenta de México. Su estrategia de “magnicidio kamikaze” –sicarios dispuestos a morir con tal de cumplir la orden– aterroriza a autoridades locales. En Michoacán pelean palmo a palmo contra Los Viagras y La Nueva Familia Michoacana. Cada decomiso que hacía Manzo era un golpe a sus finanzas; cada publicación en redes, una provocación.

La ruta del terror que siguió El Cuate

El Cuate llegó a Uruapan el mismo sábado 1 de noviembre. Cámaras de seguridad lo captaron saliendo del hotel, caminando tranquilo hacia la plaza principal. Llevaba el arma oculta y la mirada perdida por las drogas. Disparó a quemarropa y cayó segundos después. Pero su celular, sus tatuajes y sus huellas digitales ya están en manos de la Fiscalía. Investigadores rastrean llamadas, transferencias y contactos que podrían llevar a R1, R2 y hasta el propio “El Prángana”.

El Cuate dejó un reguero de miedo. Estudiantes marcharon con playeras blancas y sombreros recordando el movimiento “El Sombrero” de Manzo. En Morelia, encapuchados incendiaron patrullas frente al Palacio de Gobierno. Grecia Quiroz, viuda del alcalde, pidió manifestaciones pacíficas: “La lucha de mi esposo nunca fue violenta”. Pero la violencia ya está desatada.

Michoacán en llamas: 10 alcaldes caídos

El Cuate no es un caso aislado. Desde octubre de 2024, cuando arrancó el sexenio de Sheinbaum, diez presidentes municipales han sido ejecutados. El CJNG firma la mayoría con balas y fuego. Uruapan, con sus plantíos de aguacate y su puerto seco, es botín codiciado. Manzo lo sabía y por eso pidió refuerzos federales que nunca llegaron a tiempo. Su muerte expone la fragilidad de los gobiernos locales frente a narcos que tienen más armas que el Ejército.

El Cuate ya no hablará, pero sus cómplices sí pueden caer. La Fiscalía de Michoacán y la SSPC prometen no parar hasta desmantelar la célula de Apatzingán. Videos de hoteles, tiendas y calles ya circulan en los escritorios de inteligencia. Cada frame acerca a los autores intelectuales.

Información cruzada por reporteros de El Universal y El Financiero coincide en los nexos familiares de El Cuate con el CJNG. Testimonios recabados en Apatzingán pintan al sicario como un joven reclutado a temprana edad, perdido en el mundo de las metanfetaminas y las órdenes de muerte.

Publicaciones especializadas como las de Infobae y Proceso han documentado cómo el CJNG copia tácticas colombianas: sicarios kamikaze que graban su propio final para intimidar. El caso de Carlos Manzo entra en ese patrón macabro que mantiene a Michoacán en vilo permanente.