Anuncios

Ocho detenidos por destrozos en Michoacán

Ocho detenidos tras caos en Palacio de Gobierno

Ocho detenidos es la cifra que marca el cierre violento de una jornada de furia ciudadana en Morelia. La indignación por el homicidio de Carlos Manzo, alcalde independiente de Uruapan, estalló la tarde del 2 de noviembre de 2025 cuando cientos de manifestantes derribaron la puerta principal del Palacio de Gobierno de Michoacán y arrasaron con todo a su paso. Muebles destrozados, paredes pintadas con consignas de rabia y cristales hechos añicos en 16 áreas del edificio histórico: así quedó la sede del Ejecutivo estatal tras la irrupción que puso en jaque la seguridad de la capital michoacana.

Los ocho detenidos —Mario Emmanuel “N”, Raúl “N”, Juan Carlos “N”, Pedro Rodrigo “N”, Mauricio “N”, Nidia Georgina “N”, Kitzia Jahari “N” y Alma “N”— fueron entregados al Ministerio Público por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública. La Fiscalía General del Estado ya abrió carpeta de investigación por daños al patrimonio público, mientras peritos cuantifican pérdidas que superan el millón de pesos. Pero más allá de los números, lo que duele es el mensaje: Michoacán sangra y el gobierno estatal parece incapaz de contener la hemorragia.

Del Festival de Velas al velorio colectivo

Todo comenzó 24 horas antes. La noche del 1 de noviembre, durante el tradicional Festival de las Velas en la plaza principal de Uruapan, Carlos Manzo sostenía a su hijo pequeño en brazos cuando ráfagas de metralleta lo derribaron frente a miles de asistentes. El alcalde, primer independiente en gobernar la capital mundial del aguacate, había denunciado públicamente a los cárteles que extorsionan productores y comerciantes. Su asesinato no fue un “daño colateral”: fue una ejecución pública que dejó claro quién manda en Tierra Caliente.

El cortejo fúnebre recorrió Uruapan entre lágrimas y coraje. Desde la funeraria San José hasta la plaza principal, vecinos cargaron el ataúd envuelto en banderas mexicanas mientras gritaban “¡Justicia!”. En Morelia, la respuesta no se hizo esperar: ocho detenidos son solo la punta del iceberg de una protesta que reunió a más de 500 personas dispuestas a todo con tal de ser escuchadas.

Morelia: epicentro de la ira michoacana

La marcha que se convirtió en asalto

La movilización arrancó pacífica en la Plaza Morelos. Familias enteras, estudiantes y transportistas caminaron por avenida Madero coreando “¡Carlos no murió, el gobierno lo mató!”. Al llegar al Palacio de Gobierno, la consigna cambió: un grupo rompió filas, derribó la puerta metálica y entró como tsunami humano. En minutos, escritorios volaron por los balcones, archiveros ardieron en patios internos y las paredes se llenaron de aerosol: “Bedolla renuncia” y “¿Dónde está la Guardia Nacional?”.

La policía respondió con gases lacrimógenos y macanazos. Imágenes captadas por fotógrafos independientes muestran a mujeres arrastradas por el cabello y jóvenes sangrando en el zócalo. Los ocho detenidos fueron los primeros en caer, pero decenas más huyeron entre nubes tóxicas. Horas después, el edificio permanecía blindado por escudos antimotines mientras drones sobrevolaban el centro histórico.

El séptimo alcalde ejecutado en la era Bedolla

Carlos Manzo es el séptimo presidente municipal asesinado durante la administración de Alfredo Ramírez Bedolla. Antes fueron Yolanda Sánchez en Cotija, Guillermo Torres en Churumuco y Salvador Bastida en Tacámbaro. Todos denunciaron extorsión; todos murieron baleados. La estadística es aterradora: Michoacán suma 28 alcaldes y exalcaldes victimados desde 2006, pero la racha 2024-2025 rompe récords de impunidad.

Productores de aguacate pagan hasta 3 pesos por kilo exportado a los Viagras y al CJNG. Comerciantes cierran a las 6 pm por miedo a la cuota. Y mientras, la Guardia Nacional brilla por su ausencia. Los ocho detenidos no son vándalos aislados: son la voz de un pueblo que ya no cree en conferencias mañaneras ni en promesas de “abrazos, no balazos”.

Reacciones que no calman la tormenta

El gobernador Bedolla tuiteó condolencias y prometió “llegar al fondo”. Omar García Harfuch, secretario federal de Seguridad, aseguró que el arma del crimen ya está vinculada a dos masacres previas. Pero en las calles, nadie les cree. Senadores de oposición exigen la destitución inmediata del mandatario morenista y la intervención federal. Hasta el Congreso local debate una revocación de mandato que, de prosperar, sería histórica.

En Uruapan, el cabildo declaró tres días de luto y suspendió clases. Comerciantes cerraron el tianguis más grande de Latinoamérica en señal de duelo. Y en Morelia, los ocho detenidos enfrentan cargos que podrían llevarlos 12 años a prisión, mientras los verdaderos responsables —los que ordenaron matar a Manzo— siguen libres, protegidos por la noche michoacana.

La Fiscalía Regional de Morelia trabaja contrarreloj para integrar la carpeta 19952025 por daños al Palacio de Gobierno. Peritos levantan casquillos de gas y recaban huellas en escritorios carbonizados. Testigos aseguran que entre los manifestantes había infiltrados que incitaban a la quema de documentos oficiales.

Quadratín Michoacán difundió videos donde se ve a policías golpeando a detenidos ya sometidos. López-Dóriga Digital reportó que al menos tres periodistas resultaron heridos por perdigones. Y en redes, el hashtag #MichoacánSangra superó el millón de menciones en menos de 12 horas.

Mientras los ocho detenidos declaran en la Fiscalía, Michoacán entierra a su alcalde y se prepara para lo que viene: más marchas, más gases, más rabia contenida. Porque cuando un pueblo pierde la esperanza, no hay candado que resista la avalancha de dignidad.

Salir de la versión móvil