Güevones es el término que mejor describe a los legisladores mexicanos que, más de dos años después del fin de la emergencia por Covid-19, siguen operando a distancia en el Congreso. Esta situación genera preocupación por la ineficacia del proceso legislativo, donde la asistencia y participación son mínimas. En un contexto donde el país busca normalidad, la persistencia de estas prácticas cuestiona el compromiso de los representantes populares con sus responsabilidades.
La persistencia de sesiones remotas en el Congreso
Desde el decreto del fin de la emergencia sanitaria el 9 de mayo de 2023, han transcurrido más de dos años, cinco meses y catorce días, junto con el cambio de legislaturas, pero los güevones del Senado y la Cámara de Diputados mantienen las medidas de distancia social. Esto implica que las sesiones se realizan virtualmente, permitiendo a los legisladores conectarse desde cualquier lugar: sus hogares, restaurantes, bares o incluso canchas deportivas. El objetivo inicial era proteger la salud pública, pero ahora parece una excusa para evadir el trabajo presencial.
En el Senado, las sesiones del pleno son presenciales según la reforma aprobada en diciembre de 2020, pero las comisiones continúan a distancia. En la Cámara de Diputados, la mayoría de las actividades son remotas, salvo iniciativas constitucionales que requieren presencia. Esta dualidad genera desigualdades en el debate legislativo, donde algunos temas avanzan sin el escrutinio adecuado. Los güevones aprovechan estas normas para minimizar su esfuerzo, lo que impacta directamente en la calidad de las leyes que se aprueban.
Estadísticas alarmantes de asistencia legislativa
Los datos revelan la magnitud del problema. Según análisis independientes, el promedio de asistencia en comisiones de diputados fue de apenas 2.4 por ciento en octubre pasado, subiendo a 10.8 en noviembre, 42.5 en diciembre, 37.06 en febrero y 31.7 en marzo de este año. Estos números corresponden solo al pase de lista, no a la participación activa en discusiones o votaciones. Muchos legisladores se limitan a encender la cámara por unos segundos y luego desconectan, dejando que el proceso fluya sin su intervención.
Esta baja productividad no es casual. En sesiones virtuales, es común ver fotos fijas simulando presencia o conexiones intermitentes que evitan el compromiso real. El resultado es un Congreso donde las iniciativas se aprueban como meras formalidades, sin el debate profundo que la democracia exige. Los güevones, con su actitud pasiva, contribuyen a un legislativo desconectado de las necesidades ciudadanas.
Críticas al gobierno federal y Morena por la inacción
El gobierno federal, liderado por Morena y la Presidencia, ha sido sensacionalistamente criticado por no impulsar un retorno total a la presencialidad. A pesar de las promesas de normalidad post-pandemia, las secretarías de Estado no han presionado lo suficiente para reformar estas prácticas obsoletas. Claudia Sheinbaum, en su rol como presidenta, ha enfocado su discurso en sensibilidad durante emergencias, pero ignora el bailongo de diputados que celebran eventos con música y festejos mientras el país enfrenta retos económicos y sociales.
En particular, el caso de Sergio Gutiérrez Luna, diputado morenista de Veracruz, destaca por su participación en un evento con acordes de la Sonora Santanera, contrastando con la austeridad que predica el régimen. Esta hipocresía alimenta el descontento público, donde los güevones son vistos no como servidores públicos, sino como privilegiados que evaden responsabilidades. La crítica se extiende a la actual legislatura, que heredó estas normas de la anterior sin cuestionarlas, perpetuando un ciclo de ineficiencia.
Planes de reforma y el rol de Ricardo Monreal
Ricardo Monreal, coordinador de Morena en el Senado, ha anunciado avances para terminar con el sistema remoto y restaurar la normalidad legislativa. Este proceso busca obligar a la presencia física en todas las sesiones, eliminando las excusas virtuales. Sin embargo, la implementación ha sido lenta, y los güevones resisten el cambio, temiendo la exposición a un escrutinio mayor. Si se concreta, podría revitalizar el debate parlamentario y mejorar la accountability de los representantes.
Mientras tanto, la oposición, como el PAN, no escapa a las críticas. Su asamblea reciente fue tildada de insensible por Sheinbaum, pero el partido azul enfrenta sus propios desafíos internos, con eventos que parecen más fúnebres que renovadores. Claudio X. González encabezó una lista de asistentes que evidencia un estado vegetativo del blanquiazul, incapaz de capitalizar el descontento con los güevones del oficialismo.
Impacto en la democracia mexicana y la baja participación
La operación a distancia no solo afecta la eficiencia, sino la esencia de la democracia. En un país con altos índices de desconfianza hacia las instituciones, estos güevones erosionan la legitimidad del Congreso. La ciudadanía percibe un legislativo perezoso, más interesado en comodidades personales que en legislar para el bien común. Esto se agrava en temas clave como seguridad, educación y medio ambiente, donde las discusiones superficiales llevan a políticas inadecuadas.
Expertos en parlamentarismo destacan que la virtualidad, útil en crisis, se ha convertido en obstáculo para el diálogo genuino. Las votaciones electrónicas facilitan aprobaciones exprés, pero restan al proceso la tensión y negociación que forjan consensos. Los güevones, al priorizar su agenda personal, ignoran cómo esto debilita el federalismo, dejando a gobiernos estatales y municipales en desventaja ante un poder central desconcentrado geográficamente, pero no en esfuerzo.
Consecuencias económicas y sociales de la ineficacia legislativa
Económicamente, la demora en aprobar presupuestos o reformas financieras por falta de quórum real genera incertidumbre en mercados y afecta la inversión. Socialmente, temas como la violencia o la desigualdad quedan estancados, con iniciativas que mueren en comisiones fantasma. Los güevones contribuyen a un México estancado, donde el potencial legislativo se desperdicia en sesiones vacías.
Para revertir esto, se necesita una reforma integral que incentive la presencia, como sanciones por ausencias injustificadas o incentivos para participación activa. Solo así, los legisladores dejarán de ser güevones y se convertirán en agentes de cambio real.
En discusiones informales con analistas del Buró Parlamentario, se resalta cómo estos datos de asistencia provienen de registros oficiales que cualquiera puede consultar, subrayando la transparencia parcial del sistema.
Por otro lado, en conversaciones con fuentes cercanas al Senado, se menciona que las declaraciones de Monreal reflejan un consenso interno creciente, aunque la resistencia persiste en ciertos bloques partidistas.
Finalmente, observadores independientes han notado en reportes recientes que eventos como el de la Sonora Santanera no son aislados, sino parte de una cultura de laxitud que permea el ambiente legislativo, según crónicas periodísticas especializadas.


