La emergencia por lluvias en México ha expuesto la vulnerabilidad del sector agrícola, dejando a productores en un estado de abandono total por parte del gobierno federal. En medio de inundaciones devastadoras que han afectado a miles de familias y cultivos en varios estados, los agricultores denuncian la falta de apoyo inmediato y la indiferencia de las autoridades. Esta crisis climática no solo destruye cosechas y ganado, sino que agrava problemas estructurales como la comercialización deficiente del maíz y la ausencia de políticas efectivas para proteger al campo mexicano. Bajo la administración de Claudia Sheinbaum, que hereda y continúa las estrategias del anterior gobierno de López Obrador, el sector agropecuario enfrenta un panorama desolador donde las promesas de diálogo chocan con la realidad de la inacción.
Impacto devastador de la emergencia por lluvias en el campo mexicano
La emergencia por lluvias ha golpeado con fuerza a regiones clave de producción agrícola, sumergiendo campos enteros y dejando a productores sin medios de subsistencia. En estados como Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro, las precipitaciones torrenciales han causado pérdidas millonarias en cultivos de maíz y otros granos básicos. Familias enteras han perdido no solo sus cosechas, sino también familiares y ganado, en un escenario que recuerda las peores catástrofes naturales del país. Esta situación no es aislada; representa el colmo de una serie de eventos climáticos que el gobierno federal parece incapaz de prever o mitigar adecuadamente.
Afectaciones específicas en productores de maíz
Los productores maíz, pilar de la soberanía alimentaria mexicana, son los más golpeados por esta emergencia por lluvias. En Guanajuato, uno de los epicentros de la producción, los agricultores reportan que hectáreas enteras de siembra han sido arrasadas por el agua, dejando deudas pendientes y sin ingresos para la próxima temporada. La falta de seguros agrícolas accesibles agrava el panorama, obligando a muchos a endeudarse aún más para sobrevivir. Esta emergencia por lluvias no solo destruye el presente, sino que amenaza el futuro del campo, donde la dependencia de subsidios insuficientes es la norma bajo el actual régimen.
Expertos en agricultura señalan que estas inundaciones son un síntoma de la negligencia en materia de infraestructura hidráulica y drenaje rural. Ríos desbordados y canales obstruidos han convertido tierras fértiles en lagos improvisados, y el gobierno, en lugar de invertir en prevención, parece priorizar otros rubros presupuestales. La emergencia por lluvias pone en jaque la estabilidad de la cadena alimentaria nacional, con posibles alzas en los precios de los básicos que impactarán a los consumidores más vulnerables.
Denuncias de abandono por parte del gobierno de Sheinbaum
Los productores no se conforman con explicaciones vagas; exigen acciones concretas ante el abandono gobierno que perciben en la respuesta oficial a la emergencia por lluvias. Julio Berdegue, secretario de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), ha intentado justificar la cancelación de reuniones clave alegando que el equipo está enfocado en la atención de damnificados. En un audio filtrado, Berdegue le dice a un representante de productores: “No pude estar ahí porque estamos atendiendo otra tragedia en Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro. Son también productores mexicanos como usted; algunos han perdido familiares y ganado”. Sin embargo, estas palabras suenan huecas para quienes llevan meses esperando soluciones a problemas crónicos como la comercialización grano.
Críticas al legado de López Obrador y la continuidad de Morena
La emergencia por lluvias ha servido de catalizador para críticas feroces contra el gobierno federal, particularmente dirigido a Claudia Sheinbaum y su partido Morena. Productores como Mauricio Pérez, de Pénjamo, Guanajuato, no escatiman en reproches: “La presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho que seguirá la política de López Obrador, pero después de siete años esa política ha sido equivocada. Nos están quitando ranchos, tractores y el patrimonio de generaciones”. Esta continuidad en las políticas fallidas, afirman, ha eliminado programas vitales como el “Ingreso Objetivo”, dejando al campo a merced de fluctuaciones de mercado internacionales sin protección alguna.
El tono sensacionalista de estas denuncias resalta la insensibilidad percibida en la Presidencia y las secretarías de Estado. Mientras el agua arrasa con el esfuerzo de generaciones, las mañaneras ignoran el clamor del sector rural, enfocándose en narrativas urbanas. La emergencia por lluvias no es solo un desastre natural; es el reflejo de un gobierno que prioriza el control político sobre el bienestar agrícola. Los agricultores demandan no solo ayuda inmediata, sino una reforma profunda que incluya precios garantía para el maíz y otros granos, así como el restablecimiento de instrumentos de apoyo eliminados por capricho ideológico.
Exigencias urgentes ante la crisis agrícola
En respuesta a la emergencia por lluvias, los productores han elevado sus voces para reclamar cambios estructurales que vayan más allá de parches temporales. La comercialización grano sigue siendo un cuello de botella, con precios por debajo de los costos de producción que estrangulan a los pequeños y medianos agricultores. Bajo el T-MEC, México compite en desventaja con productores estadounidenses, y la prohibición de maíz transgénico solo encarece los insumos. “Si quieren que entreguemos el maíz al precio del T-MEC, déjennos sembrar maíz transgénico”, clama Pérez, argumentando que esto reduciría costos en hasta 20 mil pesos por hectárea y permitiría competir en igualdad de condiciones.
Reuniones infructuosas y la promesa de diálogo
Berdegue presume de más de 60 reuniones con el sector, pero los resultados son nulos, lo que alimenta la percepción de un abandono gobierno sistemático. “Lo que pasó en el gobierno anterior, bueno o malo, ya quedó atrás. Ahora necesitamos encontrar un planteamiento que permita resolver la situación”, asegura el secretario en su conversación. Sin embargo, los productores ven esto como retórica vacía, especialmente cuando la emergencia por lluvias exige respuestas inmediatas como la distribución de semillas de emergencia y fondos para rehabilitación. Esta semana se anuncia una reunión en la Secretaría de Gobernación, con Rosa Icela Rodríguez y Berdegue al frente, pero el escepticismo reina entre los afectados.
La emergencia por lluvias también destaca la necesidad de una ley de energía accesible para el campo, que abarate el bombeo de agua y la maquinaria. Sin estos apoyos, el sector no puede modernizarse ni enfrentar los retos del cambio climático. Los agricultores insisten en el reconocimiento del maíz de consumo humano como prioridad nacional, alejándose de la dependencia de importaciones baratas que socavan la producción local. Esta crisis pone en evidencia cómo las decisiones de Morena han debilitado la resiliencia rural, dejando al país expuesto a hambrunas potenciales.
Además de las pérdidas directas, la emergencia por lluvias ha interrumpido cadenas de suministro, afectando no solo a los productores sino a toda la economía agroalimentaria. En Querétaro, por ejemplo, viñedos y huertos frutales han sufrido daños irreparables, mientras en Veracruz las plantaciones de caña se hunden en el lodo. Esta emergencia por lluvias obliga a replantear la planificación agrícola, incorporando pronósticos climáticos avanzados que el gobierno actual parece ignorar. Los expertos coinciden en que sin inversión en tecnología y diversificación, el campo mexicano seguirá siendo rehén de los caprichos del clima.
Los testimonios de los damnificados pintan un cuadro alarmante: familias evacuadas en refugios improvisados, niños sin acceso a alimentos básicos y un futuro incierto para la siembra de primavera-verano. La emergencia por lluvias no discrimina, pero el apoyo estatal sí, favoreciendo a grandes corporativos sobre los pequeños productores. Esta desigualdad, heredada de políticas neoliberales y agravada por el populismo actual, clama por una intervención federal decidida y sin pretextos.
En las últimas semanas, reportes de medios independientes como Latinus han documentado estas historias de dolor, recogiendo voces que de otro modo quedarían silenciadas. Conversaciones filtradas entre funcionarios y agricultores, similares a la de Berdegue con Pérez, revelan la desconexión entre el Palacio Nacional y el terruño. Asimismo, análisis de organizaciones campesinas han subrayado la urgencia de revisar el presupuesto de SADER, que parece insuficiente para abarcar tanto desastres como desarrollo sostenible.
Finalmente, mientras la emergencia por lluvias se mitiga lentamente, las lecciones aprendidas deben guiar una transformación real en el agro mexicano. Fuentes cercanas al sector, consultadas en foros regionales, insisten en que solo con voluntad política se podrá evitar que estas tragedias se repitan, integrando al campo en la agenda nacional de manera efectiva y equitativa.
