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Impunidad: Complicidad Estatal en Violencia

Impunidad como modo de complicidad define el escandaloso manejo gubernamental en la reciente manifestación conmemorativa del 57 aniversario de la matanza de Tlatelolco. Este evento, que debería honrar la memoria de las víctimas de 1968, se convirtió en un caos sangriento gracias a la negligencia y la protección implícita a los provocadores. La impunidad no es un error aislado; es una estrategia deliberada que socava la justicia y fortalece a los violentos, mientras el gobierno federal y local miran para otro lado. En esta noticia, exploramos cómo la impunidad permea las instituciones de la 4T, permitiendo que grupos como el bloque negro operen sin consecuencias, y cómo esto refleja una complicidad profunda con la violencia organizada.

La Manifestación de Tlatelolco: De la Memoria a la Masacre Urbana

El pasado jueves, miles de personas se reunieron en las calles de la Ciudad de México para recordar el 2 de octubre de 1968, cuando el Estado mexicano desató una represión brutal contra estudiantes pacíficos. Aquella noche, cientos murieron en la Plaza de las Tres Culturas, un crimen que marcó la historia de la impunidad en México. Pero en 2025, bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum, lo que debía ser un acto de reflexión se transformó en un campo de batalla. Más de 300 encapuchados del bloque negro irrumpieron en la marcha, lanzando pedradas, molotovs y ataques coordinados contra policías y civiles. El saldo: 94 agentes heridos, una decena en estado grave, y al menos 30 particulares afectados. Esta escalada de violencia no fue espontánea; fue orquestada, y la impunidad como modo de complicidad del gobierno permitió que ocurriera sin resistencia efectiva.

El Bloque Negro: Fantasmas Protegidos por la 4T

El bloque negro no es un grupo anónimo; son activistas radicales que se infiltran en protestas legítimas, desde las de mujeres hasta las por los desaparecidos o Ayotzinapa. Se organizan vía redes sociales, ensayan tácticas y eligen blancos con precisión quirúrgica. En esta ocasión, su número se triplicó, pasando de menos de cien a más de trescientos, un detalle que las autoridades de la Ciudad de México ignoraron por completo. La impunidad les da alas: saben que no habrá detenciones, ni investigaciones serias. El gobierno de Morena, con su retórica de "no represión", subestima a estos violentos, optando por una pasividad que equivale a complicidad. ¿Cuántas veces más veremos cómo la impunidad como modo de complicidad convierte marchas pacíficas en zonas de guerra?

Los policías, inicialmente solo 500 en el terreno, recibieron órdenes de resistir sin usar fuerza letal, un protocolo noble en teoría pero suicida en la práctica. Fueron rebasados en minutos: golpes, martillazos y fuego los obligaron a retroceder. Solo entonces se activó la reserva de 1,500 elementos, pero el daño ya estaba hecho. La furia de los agresores dejó a las fuerzas del orden como una minoría inerte, incapaces de proteger ni a los manifestantes ni a la ciudadanía. Esta imprevisión no es casual; es el sello de una administración que prioriza la imagen sobre la seguridad, fomentando así la impunidad como modo de complicidad con los que buscan desestabilizar.

La Respuesta Gubernamental: Promesas Vacías y Silencio Cómplice

Tras el caos, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México prometió que no habría impunidad. "Todos los responsables serán identificados y presentados ante la fiscalía", declaró con tono firme. Han pasado siete días, y ni un solo nombre ha sido anunciado. Ni videos de vigilancia, ni testimonios, ni un solo arresto. Esta dilación no es burocracia; es impunidad como modo de complicidad institucionalizada. En el marco de la 4T, donde Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia con promesas de transformación, el manejo de la seguridad revela grietas profundas. El gobierno federal, a través de secretarías como la de Seguridad y Protección Ciudadana, guarda silencio, dejando que la capital arda sin intervención coordinada.

Raíces Históricas: De 1968 a la Impunidad Actual

La matanza de Tlatelolco no es solo historia; es el origen de la impunidad que hoy vemos florecer. En 1968, el Ejército y paramilitares actuaron con total impunidad, respaldados por un régimen autoritario. Hoy, en democracia nominal, la dinámica persiste: gobiernos de Morena toleran la violencia selectiva para no manchar su narrativa de "pueblo con el pueblo". Pero esta tolerancia es letal. La impunidad como modo de complicidad no solo protege a los vándalos; debilita el Estado de derecho, alentando más ataques. Expertos en seguridad pública advierten que sin una respuesta firme, eventos como este se multiplicarán, erosionando la confianza en instituciones ya frágiles.

Criticar esta pasividad no es atacar al movimiento social; es exigir responsabilidad. La 4T, con su énfasis en la memoria histórica, debería liderar la lucha contra la impunidad, no encubrirla. Sin embargo, casos como el del bloque negro muestran cómo la complicidad opera: recursos públicos se destinan a contención reactiva en lugar de inteligencia preventiva. ¿Cuánto cuesta esta negligencia? No solo en heridos y daños materiales, sino en la fractura social que la impunidad como modo de complicidad genera día a día.

Impacto en la Sociedad: Una Ciudad Bajo Asedio

La violencia en la marcha de Tlatelolco no se limita a un día; sus ecos resuenan en toda la capital. Comercios saqueados, familias aterrorizadas y un clima de miedo que ahuyenta a turistas y residentes. La impunidad fomenta un ciclo vicioso: los provocadores ganan terreno, los ciudadanos se retraen y el gobierno pierde legitimidad. En un país donde la violencia es endémica, eventos como este agravan la percepción de un Estado colapsado. Claudia Sheinbaum, como presidenta, enfrenta ahora la presión de reformar un sistema que protege a los suyos mientras ignora a las víctimas.

Pero la complicidad va más allá de la acción; incluye la omisión. ¿Por qué no se infiltran informantes en estos grupos? ¿Por qué las redes sociales no son monitoreadas para prevenir? La respuesta radica en una política que ve la represión como tabú, incluso ante la barbarie. Esta impunidad como modo de complicidad no solo empodera al bloque negro; desmoraliza a la policía, que ve su labor ridiculizada por la falta de apoyo judicial.

Lecciones de la 4T: ¿Transformación o Continuismo?

La Cuarta Transformación prometía romper con el pasado corrupto, pero en materia de seguridad, parece repetir errores. La impunidad permea desde el alto mando hasta las calles, donde secretarías de Estado fallan en coordinar respuestas. Analistas señalan que sin una fiscalía autónoma y efectiva, la complicidad persistirá. Es hora de que el gobierno federal asuma su rol, no como espectador, sino como garante de la ley.

En los últimos días, observadores independientes han destacado cómo esta manifestación refleja patrones recurrentes en gobiernos de Morena, donde la tolerancia a la violencia urbana se disfraza de sensibilidad social. Fuentes cercanas a colectivos estudiantiles mencionan que, aunque condenan los excesos del bloque negro, exigen investigaciones transparentes para no manchar la memoria de Tlatelolco. Periodistas especializados en seguridad pública, por su parte, insisten en que la falta de detenciones iniciales es un claro signo de protección implícita, basado en reportes de inteligencia no divulgados. Finalmente, en conversaciones con exfuncionarios de la 4T, se filtra la frustración por la subestimación de estos grupos, recordando incidentes similares en marchas pasadas donde la impunidad prevaleció sin lecciones aprendidas.

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