Encapuchados intentan tomar instalaciones clave en la UNAM, generando tensión en el campus principal de Ciudad de México. Este incidente, ocurrido el 8 de octubre de 2025, sigue a un bloqueo en la Preparatoria 8 y resalta las crecientes protestas estudiantiles en la universidad más emblemática del país. Los encapuchados, presuntamente estudiantes activistas, buscaron ingresar a la fuerza a la Facultad de Derecho, pero fueron repelidos por alumnos y personal administrativo. Este evento no es aislado, ya que forma parte de una serie de acciones que incluyen manifestaciones en apoyo a causas internacionales como Palestina, y que han derivado en confrontaciones menores.
Detalles del intento de toma en la Facultad de Derecho
Los encapuchados intentan tomar la Facultad de Derecho de la UNAM alrededor de las primeras horas de la tarde, cuando la mayoría de las clases estaban en desarrollo. Según reportes iniciales, un grupo de al menos 20 personas, con rostros cubiertos y portando mantas con consignas políticas, se aproximó a las puertas principales del edificio ubicado en el corazón del campus. Su objetivo parecía claro: replicar el bloqueo exitoso en la Preparatoria 8 y extender la protesta a este bastión de la educación jurídica en México.
Respuesta inmediata de la comunidad universitaria
La reacción fue rápida y organizada. Alumnos de Derecho, alertados por el ruido en los accesos, formaron una cadena humana para impedir el ingreso. Personal administrativo, incluyendo vigilantes y profesores, se sumó a la defensa, utilizando mobiliario y cerraduras para reforzar las barreras. Un video difundido en redes sociales captura el momento exacto: los encapuchados empujan las rejas mientras voces desde adentro exigen identificación y diálogo pacífico. "No permitiremos que se interrumpa la educación de cientos de estudiantes", se escucha en el clip, que rápidamente se viralizó entre la comunidad unamita.
Este tipo de defensas colectivas no es nuevo en la UNAM, donde la autonomía universitaria ha sido un pilar desde su fundación en 1910. Sin embargo, el intento de toma por encapuchados añade un matiz de confrontación que preocupa a las autoridades educativas. Hasta el cierre de esta edición, no se reportan heridos ni daños materiales significativos, pero la tensión persiste en el ambiente del campus.
Contexto de la protesta en la Preparatoria 8
El detonante inmediato de estos eventos radica en el bloqueo de la Preparatoria 8, también conocida como Enrique Ramírez y Ramírez, ubicada en el mismo campus. El martes 7 de octubre, un grupo de estudiantes encapuchados cerró los accesos en respuesta a supuestas agresiones sufridas por un compañero durante una manifestación pro-Palestina. La protesta, que comenzó como un acto de solidaridad con el conflicto en Oriente Medio, escaló cuando presuntamente elementos externos intervinieron, generando un altercado que dejó al alumno con lesiones leves.
Confrontaciones con padres de familia
Videos compartidos en plataformas como X y Facebook muestran escenas de alta tensión: padres de familia, desesperados por recoger a sus hijos en medio del bloqueo, discuten acaloradamente con los manifestantes. "Queremos que estudien, no que cierren la escuela por política externa", grita una madre en uno de los clips. Los encapuchados, por su parte, responden con argumentos sobre la necesidad de visibilizar injusticias globales, recordando que la UNAM ha sido históricamente un espacio de resistencia social.
La Preparatoria 8, con su larga tradición de movimientos estudiantiles, se ha convertido en un foco de estas acciones. En las últimas semanas, ha registrado un aumento en las asambleas y paros, impulsados por temas como la autonomía, la gratuidad de la educación y ahora, la solidaridad internacional. Este bloqueo duró varias horas, pero fue disipado gracias a la intervención pacífica de la comunidad, evitando un cierre total de actividades.
Patrón de incidentes recientes en la UNAM
Los encapuchados intentan tomar no solo instalaciones, sino también el debate público sobre la gestión de protestas en la universidad. Este episodio se enmarca en una racha preocupante de eventos disruptivos. Apenas el lunes 6 de octubre, una amenaza de bomba obligó al desalojo temporal de la Preparatoria 8, interrumpiendo clases y generando pánico entre los más de 2,000 alumnos inscritos. Investigaciones preliminares apuntan a que fue una llamada anónima, posiblemente relacionada con tensiones internas.
Amenazas de bomba en otras facultades
El patrón se repite en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), donde otra amenaza similar el mismo día provocó la evacuación de cientos de estudiantes. Estas alertas falsas, aunque no han causado daños, erosionan la confianza en la seguridad del campus. Expertos en educación superior señalan que podrían ser tácticas para desestabilizar el ambiente académico, especialmente en un año electoral donde la UNAM es vista como un actor clave en el discurso político.
La rectoría de la UNAM, encabezada por el doctor Leonardo Lomelí Vanegas, ha emitido comunicados enfatizando el respeto a la libertad de expresión, pero también la necesidad de canales institucionales para las demandas. En una declaración reciente, se subrayó que "la universidad es un espacio de diálogo, no de imposición". Sin embargo, la ausencia de un pronunciamiento oficial sobre estos intentos de toma ha generado críticas en redes, donde hashtags como #UNAMEnRiesgo acumulan miles de interacciones.
Desde una perspectiva más amplia, estos eventos reflejan las dinámicas de la juventud mexicana ante crisis globales. La manifestación pro-Palestina, que inició todo, conecta con olas de solidaridad en universidades de todo el mundo, desde Columbia hasta la Sorbona. En México, la UNAM amplifica estas voces, pero también enfrenta el reto de equilibrar activismo y normalidad académica. Los encapuchados intentan tomar un rol protagónico en este escenario, usando tácticas que evocan los movimientos del 68, cuando estudiantes paralizaron la nación por reformas educativas y libertades.
En términos de impacto operativo, las clases en la Facultad de Derecho y la Preparatoria 8 se reanudaron en la tarde del miércoles, aunque con vigilancia reforzada. La policía universitaria, presente pero discreta, monitoreó los perímetros sin intervenir directamente, respetando la autonomía. Analistas educativos advierten que, si estos incidentes persisten, podrían derivar en suspensiones prolongadas, afectando el semestre de miles de alumnos.
La cobertura de estos sucesos ha sido exhaustiva en medios locales, destacando cómo la UNAM sigue siendo un termómetro de la sociedad mexicana. Reportajes detallados, como los de agencias especializadas, han documentado cada paso, desde las primeras alertas hasta las reacciones comunitarias. Incluso observadores independientes han contribuido con análisis en profundidad, subrayando la importancia de la no violencia en el activismo.
En las sombras de estos eventos, fuentes cercanas a la rectoría mencionan discusiones internas sobre protocolos de seguridad actualizados, inspirados en experiencias pasadas. Periodistas que cubrieron el terreno el día de los hechos, capturando testimonios directos, insisten en que el diálogo es la clave para desescalar. Así, mientras la UNAM navega estas aguas turbulentas, la resiliencia de su comunidad emerge como el verdadero escudo contra la disrupción.


