Violencia contra la mujer: deuda de Sheinbaum

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Violencia contra la mujer representa una de las deudas más pendientes en el arranque del gobierno de Claudia Sheinbaum, quien este 1 de octubre de 2025 cumple su primer año al frente de la nación. A pesar de las promesas electorales que posicionaron la igualdad de género como eje central de su campaña, con lemas impactantes como “No llego sola, llegamos todas” y “Es tiempo de mujeres”, la realidad en las calles y hogares mexicanos sigue marcada por un panorama sombrío. Activistas y expertas en derechos humanos denuncian que, lejos de avanzar hacia una transformación real, el sexenio de Sheinbaum arrastra los mismos vicios estructurales de administraciones anteriores, con presupuestos insuficientes y políticas que parecen más simuladas que efectivas.

La alarmante realidad de la violencia contra la mujer en México

En México, la violencia contra la mujer no es un fenómeno aislado, sino una epidemia que cobra vidas diariamente. Según datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, once mujeres son asesinadas cada día, lo que suma más de tres mil víctimas anuales. Esta cifra escalofriante subraya la magnitud del problema, donde el feminicidio se ha convertido en una forma extrema de control y opresión patriarcal. Sin embargo, solo el 25% de estos casos se clasifica e investiga adecuadamente como feminicidio, lo que evidencia fallas en el sistema judicial y en las fiscalías locales. La impunidad reina, y las familias de las víctimas quedan atrapadas en un limbo de burocracia y olvido.

Estadísticas que no mienten: feminicidios y su impacto social

Durante el primer informe de gobierno de Sheinbaum, se celebró una supuesta reducción del 34% en los feminicidios entre septiembre de 2024 y julio de 2025. Esta disminución, presentada como un logro, ha sido cuestionada por especialistas que la tildan de “tramposa”. La falta de criterios claros en el registro de datos permite manipulaciones que benefician la narrativa oficial, pero no reflejan la crudeza del terreno. En regiones como Tabasco, las desapariciones de mujeres han explotado en un 200%, pasando de 236 casos en 2024 a mil 761 en 2025, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Estas desapariciones forzadas agravan la violencia contra la mujer, dejando a comunidades enteras en duelo y temor constante.

La violencia contra la mujer no se limita a los homicidios; abarca un espectro amplio que incluye agresiones físicas, psicológicas, sexuales y económicas. En el contexto mexicano, factores como la pobreza, la migración y la inseguridad organizada exacerban esta problemática, convirtiéndola en un ciclo vicioso que afecta generaciones. Expertas destacan que sin intervenciones integrales, que aborden desde la educación hasta la justicia, la violencia contra la mujer seguirá siendo el talón de Aquiles de cualquier gobierno que se precie de progresista.

Críticas al manejo gubernamental de la igualdad de género

Claudia Sheinbaum, como primera presidenta mujer, cargaba con expectativas altísimas en materia de género. Su llegada al poder se interpretó como un hito simbólico, pero un año después, las voces feministas claman por acciones concretas más allá de los discursos. La creación de la Secretaría de las Mujeres fue un paso esperado, pero su efectividad se ve mermada por la ausencia de un presupuesto robusto y enfocado. En lugar de priorizar refugios y programas de prevención, los recursos se desvían hacia iniciativas de bienestar que, aunque valiosas, no atacan la raíz de la desigualdad.

Presupuesto 2026: ¿feminista o mera simulación?

El presupuesto aprobado para 2026 ha sido calificado como no feminista por directoras de redes de apoyo a víctimas. El 50% del anexo 13, destinado a la igualdad entre hombres y mujeres, se canaliza a programas del Bienestar heredados de la era López Obrador, dejando de lado brechas críticas como el acceso a justicia y protección inmediata. Esta decisión evoca el recorte de fondos para refugios en 2019, una medida que Sheinbaum replicó al asumir el mando, poniendo en riesgo espacios vitales que salvan vidas y previenen escaladas de violencia contra la mujer. La Red Nacional de Refugios advierte que esta “simulación” podría extenderse a todo el sexenio si no hay un giro radical.

La eliminación de la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) es otro punto de quiebre. Este mecanismo, diseñado para obligar a las autoridades a revisar y ajustar políticas, ha sido relegado bajo la nueva estructura gubernamental. Sin seguimiento adecuado, las entidades federativas continúan operando en piloto automático, perpetuando la impunidad y la revictimización. Críticas como las de Luz Estrada, del Observatorio Ciudadano, resuenan fuerte: “Es tiempo de mujeres” no puede quedarse en una frase hueca; debe traducirse en recursos y voluntad política para erradicar la violencia contra la mujer de una vez por todas.

Desapariciones y el vacío en la prevención

Las desapariciones de mujeres han emergido como un flagelo paralelo a la violencia contra la mujer, con incrementos alarmantes que el gobierno no ha logrado contener. En estados como Tabasco, el salto del 200% en casos ilustra cómo la inseguridad se ceba particularmente con el género femenino. Estas ausencias no son meros números; son hijas, madres y hermanas arrancadas de sus entornos, dejando huellas de dolor irreparable. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas revela patrones preocupantes, donde la falta de protocolos estandarizados agrava la crisis.

El rol de las fiscalías en la opacidad de datos

Las fiscalías locales juegan un papel crucial en la alimentación de bases de datos nacionales, pero la ausencia de criterios uniformes abre la puerta a manipulaciones. Datos “tramposos”, como los califica Estrada, permiten que el gobierno federal luzca avances inexistentes, mientras la violencia contra la mujer sigue cobrando víctimas en silencio. Esta opacidad no solo socava la confianza pública, sino que impide diseñar políticas basadas en evidencias reales. Urge una reforma que priorice la transparencia y la capacitación en perspectiva de género para todos los niveles de procuración de justicia.

En este panorama, la violencia contra la mujer se entrelaza con desafíos más amplios como la trata de personas y la explotación laboral, demandando un enfoque multidisciplinario. Sheinbaum, con su background en ciencia y medio ambiente, podría integrar perspectivas innovadoras, pero hasta ahora, la inercia prevalece. Activistas insisten en que sin un plan nacional integral, que incluya educación sexual desde la infancia y campañas masivas contra el machismo, el progreso será ilusorio.

La deuda con las mujeres mexicanas es inmensa, y el primer año de Sheinbaum no ha hecho más que recordárnoslo. Mientras las estadísticas oficiales celebran reducciones dudosas, las calles narran historias de terror y pérdida. La violencia contra la mujer no discrimina clases sociales ni regiones; permea todo el tejido nacional, exigiendo respuestas urgentes y valientes. En este contexto, referencias a análisis del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio arrojan luz sobre las inconsistencias en los reportes gubernamentales, mientras que informes de la Red Nacional de Refugios detallan el impacto de los recortes presupuestales en la atención inmediata a víctimas.

Por otro lado, datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas confirman los picos en estados vulnerables, subrayando la necesidad de mayor vigilancia. Estas fuentes, consultadas en debates recientes sobre políticas de género, pintan un cuadro que va más allá de las cifras oficiales, invitando a una reflexión profunda sobre el camino por delante.

Finalmente, la violencia contra la mujer en México clama por un compromiso genuino que trascienda el simbolismo. Con Sheinbaum al mando, hay esperanza en que el segundo año marque un punto de inflexión, pero solo el tiempo y las acciones lo dirán. Mientras tanto, las mexicanas esperan no ser solo un eslogan, sino el centro de una transformación real.