Buscadoras exigen entrega del cuerpo de Pablo retenido dos años en Semefo

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Buscadoras mexicanas claman justicia en un caso que expone la indiferencia institucional ante la crisis de desaparecidos. Buscadoras de Jalisco y estados vecinos han elevado su voz para exigir la entrega inmediata del cuerpo de Pablo Joaquín Gómez Orozco, un joven nayarita desaparecido en marzo de 2023, cuyos restos yacen olvidados en el Servicio Médico Forense (Semefo) de Lagos de Moreno desde abril de ese mismo año. Esta situación alarmante revela las grietas profundas en el sistema de búsqueda y notificación de víctimas de desaparición forzada, un flagelo que azota a México con miles de casos sin resolver.

La historia de Pablo, un joven de 22 años originario de Tepic, Nayarit, es un eco doloroso de la violencia que permea regiones como Zacatecas y Jalisco. Antes de su desaparición, Pablo contactó a su familia en una llamada angustiante, revelando que había sido víctima de reclutamiento forzado por un grupo delictivo. En esa comunicación, mencionó encontrarse en Zacatecas, un estado donde el crimen organizado recluta a jóvenes bajo amenazas de muerte. Su madre, Alejandrina Romano, no tardó en activar todos los mecanismos posibles: emitió una ficha de búsqueda con detalles físicos precisos y comenzó a compartir actualizaciones en su perfil de Facebook, convirtiéndose en una voz incansable dentro de los colectivos de madres buscadoras.

La labor incansable de las madres buscadoras en México

Desapariciones forzadas: un problema endémico en el Bajío

Las desapariciones en México han alcanzado cifras escalofriantes, con más de 110 mil casos registrados a nivel nacional, según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda. En estados como Jalisco y Zacatecas, la influencia de cárteles como el Jalisco Nueva Generación agrava esta tragedia, donde el reclutamiento forzado de jóvenes es una táctica recurrente para engrosar sus filas. Pablo no fue una excepción; su caso ilustra cómo el crimen organizado secuestra a personas vulnerables, forzándolas a integrarse o enfrentando consecuencias fatales. Las buscadoras, mujeres comunes transformadas en detectives por la ausencia estatal, recorren fosas clandestinas, revisan reportes policiales y presionan a autoridades inertes.

Alejandrina Romano, como muchas otras madres, se unió a estos colectivos para no rendirse. En 2024, incluso proporcionó muestras de ADN a los Semefos de Jalisco y Zacatecas, un gesto de esperanza en medio del caos. Sin embargo, la burocracia y la negligencia convirtieron ese esfuerzo en una espera agonizante. El cuerpo de Pablo fue identificado en abril de 2023, apenas un mes después de su desaparición, pero las autoridades nunca notificaron a la familia. La ficha de búsqueda, con fotos y descripciones detalladas, estaba disponible, lo que hace aún más indignante esta omisión.

Negligencia del Semefo: dos años de silencio institucional

El reclutamiento forzado y sus secuelas invisibles

El reclutamiento forzado no solo roba vidas, sino que deja a familias en un limbo eterno. En el caso de Pablo, su llamada final fue un grito de auxilio ignorado por el sistema. Organizaciones como el Comité de Madres Buscadoras de Jalisco han documentado cientos de similares, donde jóvenes son arrastrados a guerras entre cárteles sin que el Estado intervenga a tiempo. Esta práctica, que viola tratados internacionales como la Convención contra la Desaparición Forzada, genera un ciclo de violencia que las buscadoras intentan romper con sus propias manos.

La reciente comunicación de las autoridades con Alejandrina Romano, dos años después del hallazgo, desató una ola de indignación. ¿Cómo es posible que un cuerpo permanezca en el Semefo sin ser reclamado ni notificado? Las buscadoras argumentan que esta es una violación flagrante de protocolos establecidos por la Ley General en Materia de Desapariciones. En Lagos de Moreno, un municipio marcado por hallazgos de fosas y restos humanos, el Semefo se ha convertido en un depósito de olvidos, donde la falta de recursos y voluntad política perpetúa el dolor.

Las exigencias no se limitan a la entrega del cuerpo. Las madres buscadoras demandan una investigación exhaustiva sobre las circunstancias de la muerte de Pablo, incluyendo el rol del grupo delictivo responsable del reclutamiento. Han organizado protestas frente a las oficinas del Semefo y la Fiscalía de Jalisco, recordando que cada día de demora es una afrenta a la dignidad humana. En redes sociales, el hashtag #JusticiaParaPablo ha ganado tracción, uniendo voces de Nayarit, Zacatecas y más allá.

El impacto emocional en familias y colectivos

Protocolos fallidos: ¿dónde está la coordinación entre estados?

La coordinación interestatal es otro talón de Aquiles en la lucha contra las desapariciones. Pablo cruzó fronteras estatales en su periplo forzado, pero los sistemas de alerta no funcionaron. La Comisión Local de Búsqueda de Jalisco ha sido criticada por su lentitud, mientras que en Nayarit, las madres como Romano dependen de voluntarios para cubrir las brechas. Este caso pone en evidencia la necesidad de una base de datos nacional unificada, algo que el gobierno federal ha prometido pero no ha materializado plenamente.

Las buscadoras no solo buscan cuerpos; preservan memorias. En jornadas semanales, recorren ranchos abandonados y confrontan a funcionarios evasivos. Para Alejandrina, cada actualización en Facebook es un acto de resistencia, compartiendo fotos de Pablo en vida: un joven sonriente, ajeno al horror que le esperaba. Estas narrativas humanas contrarrestan la deshumanización de las estadísticas, recordando que detrás de cada ficha hay una familia destrozada.

La crisis de los Semefos agrava todo. Sobrecargados y mal financiados, estos servicios acumulan miles de restos sin identificar, lo que obliga a colectivos a asumir roles forenses. En Jalisco, se estima que hay más de 500 cuerpos no reclamados, muchos por errores administrativos como el de Pablo. Las buscadoras proponen reformas urgentes: notificaciones automáticas vía ADN y campañas de concientización para que familias se registren proactivamente.

En el contexto más amplio, el reclutamiento forzado por cárteles representa una amenaza existencial para comunidades enteras. Jóvenes como Pablo, de bajos recursos y sin opciones laborales, son presas fáciles. Informes de Amnistía Internacional destacan cómo esta táctica fomenta la migración interna y la desintegración social. Las buscadoras, al exigir la entrega del cuerpo de Pablo, no solo buscan cierre para una familia, sino un precedente para miles.

A medida que el sol se pone sobre Lagos de Moreno, las madres persisten. Su lucha es un recordatorio crudo de que la justicia no espera permisos. En conversaciones informales con activistas locales, se menciona que reportes de Latinus han sido clave para visibilizar estos retrasos, basados en testimonios directos de las involucradas. Asimismo, actualizaciones en perfiles de Facebook de las familias han documentado paso a paso la negligencia, sirviendo como archivo vivo de la impunidad. Finalmente, colectivos como el de Zacatecas han compartido datos preliminares de ADN que confirman la identidad, subrayando la urgencia de actuar antes de que más historias se pierdan en el olvido burocrático.