ONG alerta por falta de políticas de salud mental en México

287

Falta de políticas de salud mental en México se evidencia de manera trágica en el reciente ataque ocurrido en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde un estudiante de 16 años perdió la vida a manos de otro alumno. Este suceso, que ha conmocionado a la comunidad educativa y a la sociedad en general, no es un hecho aislado, sino un reflejo de las profundas carencias estructurales en el sistema de atención psicológica para adolescentes. La organización Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) ha emitido una alerta urgente, subrayando que la ausencia de estrategias integrales de prevención y apoyo emocional en las escuelas agrava problemas como la ansiedad, la depresión y la violencia escolar en el país.

El incidente tuvo lugar el lunes 22 de septiembre en las instalaciones del CCH Sur, ubicado en la Ciudad de México. Según las autoridades, Jesús Israel, de 16 años, fue apuñalado mortalmente por Lex Ashton, un estudiante de 19 años, en un estacionamiento de la institución. Durante el ataque, un trabajador del plantel intentó intervenir y resultó herido, lo que añade una capa de heroísmo a la desesperación del momento. El presunto agresor, quien portaba una capucha para ocultarse, trató de huir tras el hecho, pero fue perseguido y, en un acto de aparente desesperación, se lanzó desde un edificio dentro del campus, sufriendo fracturas en ambas piernas. Actualmente, Ashton se encuentra bajo custodia de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) mientras recibe atención médica en un hospital. Este episodio no solo deja un vacío irreparable en la familia de la víctima, sino que pone en el centro del debate público la urgente necesidad de fortalecer la salud mental adolescente en México.

La violencia escolar y la salud mental: un problema creciente

La falta de políticas de salud mental en México no es un tema nuevo, pero eventos como el del CCH Sur lo hacen innegablemente visible. En un país donde miles de jóvenes enfrentan diariamente presiones como el bullying, el aislamiento social y los efectos residuales de la pandemia de COVID-19, las instituciones educativas carecen de recursos humanos adecuados. Escuelas secundarias y preparatorias, que atienden a cientos de miles de alumnos, operan con un número insuficiente de psicólogos y especialistas en salud mental. Esta escasez se traduce en una brecha alarmante: según expertos, solo una fracción mínima de los adolescentes que padecen trastornos emocionales recibe atención oportuna, lo que perpetúa ciclos de frustración y agresión.

Tania Ramírez, directora ejecutiva de Redim, una red integrada por más de 80 organizaciones civiles dedicadas a la defensa de los derechos de la infancia, ha sido clara en su comunicado: "Lo sucedido en el CCH Sur no puede entenderse únicamente como la historia de un victimario y una víctima. Nos recuerda que detrás de cada expresión de violencia hay carencias estructurales, como la ausencia de servicios de salud mental accesibles y oportunos". Ramírez enfatiza que factores como la normalización de discursos de odio en redes sociales y la exclusión cotidiana contribuyen a que jóvenes como Lex Ashton, quien en sus perfiles digitales se describía a sí mismo como "escoria", lleguen a puntos de quiebre emocional. La falta de políticas de salud mental en México ignora estas señales de alerta, priorizando a menudo medidas reactivas como revisiones de mochilas o mayor securitización, en lugar de enfoques preventivos.

Impacto de la pandemia en la salud mental adolescente

La pandemia de COVID-19 exacerbó la crisis de salud mental en México, dejando secuelas que aún resuenan en las aulas. El aislamiento prolongado, la interrupción de rutinas y el aumento del uso de redes sociales expusieron a los adolescentes a un bombardeo constante de contenidos tóxicos, desde ciberacoso hasta ideales inalcanzables de éxito. En este contexto, la falta de políticas de salud mental en México se manifiesta en la sobrecarga de un sistema educativo que no está preparado para lidiar con trastornos como la depresión o la ansiedad, que afectan a un porcentaje significativo de la población joven. Estudios locales indican que, en la Ciudad de México sola, más del 30% de los estudiantes de preparatoria reportan síntomas de estrés crónico, pero los servicios de apoyo son limitados y, en muchos casos, inexistentes.

Redim insiste en que las soluciones no pueden limitarse a la criminalización de los involucrados. En cambio, aboga por políticas públicas que incorporen perspectivas de derechos humanos, género y transformación de conflictos. Esto incluye la contratación masiva de psicólogos escolares, programas de capacitación para docentes en detección temprana de problemas emocionales y campañas de sensibilización que involucren a familias y comunidades. La violencia escolar en México, que ha cobrado titulares en diversas instituciones, no se resuelve con castigos aislados, sino con un enfoque holístico que aborde las raíces del malestar juvenil.

Llamado a la acción: prevención sobre castigo

La alerta de Redim tras el ataque en CCH Sur resuena como un llamado urgente al Estado mexicano para invertir en la salud mental como prioridad nacional. En un panorama donde la violencia adolescente se entrecruza con desigualdades socioeconómicas y culturales, ignorar esta dimensión equivale a perpetuar tragedias evitables. La organización subraya que escuchar las voces de los jóvenes es clave: muchos expresan sentirse abandonados en un mundo adverso, sin herramientas para canalizar su frustración de manera constructiva. "No se trata solo de castigar. Se trata de prevenir para que nunca más un adolescente sienta tal abandono y soledad y decida atentar contra la vida de alguien más y contra la propia", afirma Ramírez, recordando que la paz se construye desde lo cotidiano, en las aulas y los patios escolares.

Estrategias integrales para la salud mental en escuelas

Implementar políticas de salud mental en México requiere un compromiso multifacético. Por un lado, las autoridades educativas deben garantizar al menos un psicólogo por cada 500 estudiantes, un estándar internacional que hoy parece utópico en muchas regiones del país. Por otro, se necesitan alianzas con organizaciones como Redim para desarrollar protocolos de intervención temprana, que incluyan talleres sobre manejo de emociones y resolución pacífica de conflictos. La falta de políticas de salud mental en México también se agrava en zonas marginadas, donde el acceso a servicios básicos es precario, dejando a comunidades enteras vulnerables a la escalada de tensiones juveniles.

Además, el rol de las redes sociales en la exacerbación de problemas mentales no puede subestimarse. Plataformas que amplifican el odio y la comparación tóxica demandan regulaciones más estrictas y educación digital desde edades tempranas. En el caso del CCH Sur, el perfil en línea de Ashton revela cómo la autoimagen negativa puede fermentar en actos destructivos, un patrón que se repite en innumerables historias de violencia escolar en México. Fortalecer la resiliencia emocional mediante currículos que integren salud mental como materia transversal sería un paso transformador.

La comunidad de la UNAM, por su parte, ha respondido al incidente con la revisión de protocolos de seguridad y la implementación de estrategias de apoyo psicosocial para estudiantes y personal. Estas medidas, aunque bienvenidas, son paliativas si no se enmarcan en una reforma nacional más amplia. La falta de políticas de salud mental en México no solo afecta a las víctimas directas, sino a toda una generación que crece en un entorno de incertidumbre, donde la expresión violenta se convierte en el último recurso ante la indiferencia institucional.

En las declaraciones posteriores al suceso, voces como la de Tania Ramírez han circulado en medios especializados en derechos humanos, recordando que incidentes similares en planteles educativos de la capital han sido documentados por organizaciones civiles durante años. De igual modo, reportes de la Fiscalía de la Ciudad de México sobre el caso específico destacan detalles que, según analistas de la sociedad civil, ilustran patrones recurrentes de agresión no atendida. Finalmente, el comunicado de Redim, accesible a través de sus canales habituales, amplía esta discusión con testimonios de expertos que han estudiado el impacto de la pandemia en la juventud mexicana, subrayando la necesidad de datos locales para guiar intervenciones futuras.