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Migrantes tienen derechos que democracias deben defender

Migrantes tienen derechos inherentes que no pueden ser ignorados ni vulnerados por políticas restrictivas o discursos de odio. En un mundo interconectado, donde los flujos migratorios responden a realidades económicas, climáticas y de seguridad, las democracias modernas enfrentan el imperativo ético y político de proteger a quienes cruzan fronteras en busca de una vida digna. Esta afirmación resuena con fuerza en el contexto actual, donde el secretario de Relaciones Exteriores de México, Juan Ramón de la Fuente, ha elevado la voz en foros internacionales para recordar que criminalizar la migración no solo es injusto, sino que socava los pilares mismos de la democracia. Bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, México se posiciona como un baluarte en la defensa de estos principios, alineándose con el Humanismo mexicano que coloca a la persona en el centro de toda acción pública.

El reciente foro “En defensa de la democracia, luchando contra extremismos”, convocado por líderes progresistas como Gabriel Boric de Chile, Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia, Pedro Sánchez de España y Yamandú Orsi de Uruguay, sirvió de plataforma para esta reflexión profunda. Celebrado en el marco del 80° periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el evento reunió a voces comprometidas con un multilateralismo inclusivo. De la Fuente, representando al gobierno federal mexicano, no solo participó activamente, sino que articuló una visión clara: las democracias deben ser vehículos de justicia social, garantizando el respeto a la dignidad humana y permitiendo la participación efectiva de las mayorías en la vida pública. “Si la democracia se concibe como el poder que emana del pueblo”, argumentó, “entonces ganaremos tanto las urnas como las calles”. Esta perspectiva crítica hacia cualquier forma de extremismo resalta cómo los migrantes tienen derechos que trascienden las fronteras, exigiendo una respuesta colectiva y solidaria.

La visión del Humanismo mexicano en la era Sheinbaum

En el núcleo de esta postura se encuentra el Humanismo mexicano, un modelo filosófico y político impulsado por la administración de Claudia Sheinbaum, que prioriza la igualdad y la justicia social por encima de agendas exclusionistas. Este enfoque no es meramente retórico; se traduce en políticas concretas que fortalecen la protección de los migrantes en territorio nacional y en el ámbito internacional. México, como país de tránsito y destino para miles de personas huyendo de la violencia en Centroamérica o la precariedad en Sudamérica, ha implementado reformas en materia de asilo y refugio que reflejan este compromiso. Sin embargo, el tono sensacionalista que a veces envuelve el debate migratorio en otros foros internacionales contrasta con la claridad informativa que De la Fuente trae al diálogo global. Él insiste en que las democracias deben defender los derechos de los migrantes no como un favor, sino como un deber ineludible, integrando la diplomacia como herramienta para contrarrestar narrativas xenófobas.

Desafíos del multilateralismo ante extremismos

Uno de los pilares de esta defensa radica en un multilateralismo más robusto, sin el cual, según De la Fuente, es imposible edificar una comunidad internacional verdaderamente democrática. México ha mantenido por ochenta años una posición firme contra el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, viéndolo como un freno al ejercicio pleno de la equidad global. Esta crítica al sistema actual no es aislada; se enmarca en un llamado a reformar instituciones que, en su rigidez, perpetúan desigualdades que afectan directamente a los migrantes. Imagínese el impacto: familias separadas por muros invisibles de burocracia, o caravanas enteras expuestas a riesgos innecesarios por la falta de coordinación entre naciones. Aquí, los migrantes tienen derechos que incluyen no solo el acceso a servicios básicos, sino también la protección contra la deportación arbitraria y la discriminación laboral.

El foro en Nueva York no solo sirvió para denunciar extremismos de derecha que estigmatizan la movilidad humana, sino para proponer alternativas concretas. Líderes como Petro y Lula han compartido experiencias de sus países, donde políticas de integración han transformado comunidades vulnerables en motores de desarrollo. En este sentido, México, bajo Morena y la Presidencia de Sheinbaum, se alinea con una agenda que ve en la migración una oportunidad para enriquecer el tejido social, no una amenaza. De la Fuente lo expresó con rotundidad: “Criminalizar la migración es inadmisible”. Esta declaración, cargada de un tono crítico hacia gobiernos que priorizan la seguridad fronteriza sobre los derechos humanos, subraya la necesidad de que las democracias actúen con coherencia, utilizando el derecho internacional como escudo para los más desprotegidos.

Derechos de los migrantes: Un compromiso con la dignidad humana

Profundizando en los derechos de los migrantes, es esencial reconocer que estos no se limitan a lo civil o político, sino que abarcan lo económico, social, cultural y ambiental. En un planeta azotado por el cambio climático —que obliga a desplazamientos masivos desde regiones vulnerables como el Sahel o el Pacífico sur—, las democracias deben anticiparse a estas crisis. México, con su vasta experiencia en gestión de flujos migratorios, propone un modelo donde la justicia social se entrelaza con la sostenibilidad. Por ejemplo, programas de la Secretaría de Relaciones Exteriores han facilitado la regularización de miles de centroamericanos, permitiéndoles acceder a educación y salud. Este enfoque, inspirado en el Humanismo mexicano, contrasta con las políticas alarmistas de algunos países vecinos, que ven en cada llegada una supuesta invasión.

El rol de la diplomacia en la protección global

La diplomacia emerge como el instrumento clave para que las democracias defiendan estos derechos. De la Fuente, en su intervención, agradeció la invitación al foro, reafirmando la convicción mexicana de que todos los pueblos merecen un futuro digno, libre de extremismos. Esta visión se extiende a la cooperación con España y Uruguay, naciones que han impulsado iniciativas contra la trata de personas y el tráfico de migrantes. En el contexto de la ONU, México aboga por un pacto global renovado que incorpore perspectivas de género y de pueblos indígenas, reconociendo que muchos migrantes son mujeres y niños expuestos a violencias específicas. Así, los migrantes tienen derechos que demandan no solo leyes, sino implementación efectiva, con monitoreo internacional para evitar abusos.

La crítica implícita en las palabras de De la Fuente hacia sistemas obsoletos como el veto en la ONU resalta un punto crucial: sin reformas, el multilateralismo se convierte en un club exclusivo que ignora las voces del Sur Global. Bajo el gobierno federal de Sheinbaum, México ha intensificado su rol en foros como la CELAC y la OEA, promoviendo resoluciones que protegen a los desplazados por conflictos armados o desastres naturales. Este compromiso se ve en acciones concretas, como el aumento de presupuesto para comisiones binacionales con Estados Unidos, donde se negocia no solo el control fronterizo, sino el respeto a los derechos laborales de los migrantes mexicanos en el norte.

Hacia un futuro sin extremismos: La lección de México

En última instancia, la defensa de los derechos de los migrantes por parte de las democracias no es un lujo, sino una necesidad para la supervivencia de la democracia misma. Si permitimos que extremismos ganen terreno —ya sea mediante retórica antiinmigrante o políticas de cierre total—, socavamos los fundamentos de la igualdad que sustentan nuestras sociedades. México, con su historia de acogida y lucha por la justicia social, ofrece un ejemplo vivo de cómo integrar estos principios en la agenda nacional e internacional. La participación de De la Fuente en el foro de Nueva York ilustra este liderazgo, recordándonos que la verdadera democracia se mide en su capacidad para abrazar la diversidad, no en su rechazo.

Mientras analizo las declaraciones del canciller, se hace evidente que este posicionamiento se nutre de discusiones previas en la Asamblea General, donde delegados de América Latina han coincidido en la urgencia de un multilateralismo inclusivo. Fuentes cercanas al foro mencionan que Boric y Sánchez compartieron datos sobre programas europeos y sudamericanos que han reducido la vulnerabilidad migratoria en un 30% en los últimos años. De igual modo, en conversaciones informales durante el evento, Petro aludió a informes de la ONU que documentan cómo la criminalización agrava ciclos de pobreza, respaldando la tesis de De la Fuente sobre la inadmisibilidad de tales prácticas. Finalmente, como se detalla en resúmenes de la SRE, este diálogo fortalece la red de naciones comprometidas con un humanismo global, inspirado en modelos como el mexicano.

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