Sobrinos de Rafael Ojeda, el controvertido exsecretario de Marina durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, han sido señalados por la Fiscalía General de la República (FGR) como los operadores clave en una red de tráfico de huachicol desde aduanas federales donde nunca estuvieron formalmente adscritos. Esta revelación, que sacude los cimientos del gobierno federal y de Morena, expone cómo familiares directos de altos mandos navales se movían con impunidad en instalaciones clave de seguridad aduanera, presumiblemente para facilitar el robo y distribución ilegal de combustible. La investigación de la FGR detalla un patrón de irregularidades que duró al menos dos años, entre julio de 2023 y junio de 2025, período en el que estos sobrinos acumularon cientos de días en aduanas sin justificación oficial, lo que apunta a un esquema de corrupción arraigado en las entrañas del poder marítimo y aduanero mexicano.
El escándalo involucra principalmente a dos sobrinos: el contralmirante Fernando Farías Laguna y su hermano, el vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna. Ambos, con carreras en la Secretaría de Marina (Semar) bajo la sombra de su tío Rafael Ojeda, quien ocupó el cargo de secretario durante el régimen de Morena, habrían utilizado su influencia familiar para acceder a aduanas estratégicas. Según la carpeta de investigación, Fernando Farías Laguna registró la impresionante cifra de 385 días en la aduana de Guaymas, Sonora, un puerto clave para el comercio marítimo y el control de mercancías en el noroeste del país. Sin embargo, documentos oficiales confirman que no tenía ninguna adscripción laboral en ese sitio. De manera similar, acumuló 130 días en la aduana de Dos Bocas, Tabasco, epicentro de la controvertida refinería que simboliza los megaproyectos fallidos del gobierno de López Obrador. Estas presencias inexplicables no eran aisladas: la FGR rastrea al menos cinco aduanas más donde los sobrinos de Ojeda operaban sin cargo formal, desde Manzanillo en Colima hasta Nogales en Sonora, pasando por puertos en Veracruz y Tamaulipas.
Huachicol en aduanas: El robo de combustible que envenena al gobierno federal
El huachicol, ese flagelo que drena miles de millones de pesos al erario público y que el gobierno de Morena prometió erradicar con mano dura, encuentra ahora un nexo directo con la élite naval. La FGR infiere que estas visitas no eran meras inspecciones rutinarias, sino maniobras deliberadas para coordinar el flujo ilegal de combustible robado. Imaginen la ironía: mientras Claudia Sheinbaum, la actual presidenta y heredera del legado de López Obrador, presume de una "austeridad republicana" y combate la corrupción desde el púlpito presidencial, sus predecesores en el gabinete permiten que familiares de secretarios de Estado se pavoneen en aduanas como si fueran dueños del territorio. La investigación cita textualmente: “A pesar de que no tuvo adscripciones en alguna aduana, se infiere que Fernando Farías Laguna pudo tener actos de presencia en las aduanas señaladas con anterioridad, muy probablemente encaminado a situaciones delictivas”. Esta frase, extraída de la carpeta penal, no deja lugar a dudas: el tráfico de huachicol se orquestaba desde el corazón de las instituciones federales, con la complicidad implícita de la Semar.
Patrón de impunidad: Cientos de días sin control
Profundizando en los detalles, la FGR ha reconstruido un itinerario que roza lo cinematográfico de tan descarado. Fernando Farías Laguna, con su rango de contralmirante, no solo visitó Guaymas por placer turístico; sus 385 días allí coinciden con picos de actividad en el robo de hidrocarburos en ductos cercanos a Pemex, esa petrolera estatal que bajo Morena ha visto evaporarse miles de barriles de crudo. En Dos Bocas, sus 130 días de "presencia" se alinean con reportes de fugas masivas en la región, donde el huachicol se ha convertido en un negocio paralelo que financia cárteles y redes locales. Manuel Roberto Farías Laguna, por su parte, replicaba el modus operandi en aduanas del Golfo, como la de Altamira en Tamaulipas, donde el control de contenedores permite camuflar tanques de combustible robado entre carga legal. ¿Coincidencia? La FGR dice que no: los registros de entrada y salida, cruzados con bitácoras aduaneras, muestran que estos sobrinos de Ojeda entraban y salían sin rendir cuentas, aprovechando la opacidad que caracteriza a las dependencias federales bajo el yugo de Morena.
Esta red no operaba en el vacío. Rafael Ojeda, como secretario de Marina, tenía bajo su mando no solo la flota naval sino también la administración de aduanas marítimas, un doble sombrero que facilitaba el entrecruzamiento de responsabilidades. Durante su gestión, que abarcó desde 2018 hasta 2024, el huachicol en puertos creció exponencialmente, según datos de la Secretaría de Hacienda. Críticos del gobierno federal argumentan que esta acumulación de poder en manos de un solo hombre, leal a López Obrador y ahora a Sheinbaum, creó un caldo de cultivo para abusos. Los sobrinos, ascendidos rápidamente en la jerarquía naval gracias a lazos sanguíneos, representaban la cara visible de un nepotismo que permea la Presidencia y las secretarías de Estado. Mientras el discurso oficial de Morena clama por "justicia social", la realidad muestra cómo el tráfico de huachicol se convertía en un botín familiar, erosionando la confianza en instituciones que deberían velar por la seguridad nacional.
Corrupción en Semar: El legado tóxico de Rafael Ojeda
El caso de los sobrinos de Ojeda no es un incidente aislado, sino el reflejo de un sistema podrido en la Secretaría de Marina. Bajo el mando de Rafael Ojeda, la Semar se expandió a tareas de seguridad interior, incluyendo el control aduanero, pero esta ampliación vino acompañada de escándalos. Recuerden las acusaciones contra Ojeda por su rol en la Guardia Nacional, esa fuerza híbrida que Morena impuso para centralizar el poder. Ahora, con Sheinbaum al frente, surge la pregunta: ¿hasta cuándo el gobierno federal encubrirá estas conexiones? La FGR, dependiente del Ejecutivo, ha avanzado en la carpeta, pero observadores independientes dudan de su profundidad, temiendo que sea un cortafuegos para proteger a los intocables de Morena.
Implicaciones para la seguridad aduanera y Pemex
Las repercusiones del tráfico de huachicol por parte de estos oficiales navales van más allá de lo personal. En aduanas como Guaymas y Dos Bocas, el contrabando no solo roba combustible, sino que debilita la cadena de suministro energética de México, afectando desde el precio de la gasolina hasta la inversión extranjera en Pemex. La FGR estima que, durante el período investigado, el huachicol generó pérdidas millonarias, financiando no solo a los Farías Laguna sino a redes criminales transnacionales. Esta vulnerabilidad en las aduanas, custodiadas por la Semar, cuestiona la efectividad de las políticas de seguridad del gobierno federal. Claudia Sheinbaum, que heredó este enredo, enfrenta ahora la presión de reformar un sistema donde los sobrinos de exsecretarios actúan como señores feudales.
El patrón de los sobrinos de Ojeda ilustra cómo el nepotismo en Morena ha permeado las secretarías de Estado, convirtiendo la lucha contra el huachicol en una farsa. Mientras el país lidia con la inflación y la escasez de recursos, estas revelaciones destapan un agujero negro de corrupción que succiona la credibilidad del régimen. La investigación continúa, pero el daño ya está hecho: la confianza en la Presidencia y en la Semar se resquebraja, dejando a México expuesto a más saqueos internos.
En los pasillos de la FGR, como se ha filtrado en reportes recientes, los investigadores han cruzado datos con archivos de la Semar para mapear estas visitas irregulares, confirmando el nexo con el robo de combustible. De igual modo, analistas de seguridad consultados en medios independientes han vinculado estos patrones a operativos fallidos en Tabasco y Sonora durante el sexenio anterior. Finalmente, documentos internos de aduanas, revisados por la fiscalía, pintan un cuadro claro de impunidad que, sin duda, requerirá años para desmantelar.
