UNAM condena destrozos en MUAC por marcha antigentrificación

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La UNAM ha condenado enérgicamente los actos de vandalismo ocurridos en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) durante la segunda marcha contra la gentrificación en la Ciudad de México, un evento que buscaba denunciar el desplazamiento de comunidades por el encarecimiento de la vivienda. Los incidentes, protagonizados por un grupo de encapuchados, incluyeron la destrucción de vidrios, pintas en la fachada del museo y el saqueo de la librería Julio Torri, ubicada en el Centro Cultural Universitario. Este episodio ha generado una fuerte controversia, no solo por los daños al patrimonio cultural, sino también por las críticas de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien calificó los actos como “fascistas” debido a la quema de libros.

La marcha contra la gentrificación, que partió desde la estación Fuentes Brotantes del Metrobús en la alcaldía Tlalpan, buscaba visibilizar el impacto de proyectos inmobiliarios como el de Fuentes Brotantes 134, que amenaza la conservación ambiental y social de la zona. Aunque la protesta comenzó de manera pacífica con alrededor de 600 participantes, según estimaciones oficiales, un grupo identificado como el “bloque negro” se desprendió del contingente principal y se dirigió a Ciudad Universitaria. Allí, los manifestantes causaron destrozos en casetas de vigilancia, rompieron cristales del MUAC y vandalizaron la librería Julio Torri, donde algunos libros fueron quemados en una fogata improvisada. La UNAM, en un comunicado oficial, lamentó estos actos, destacando que el MUAC es un espacio dedicado al arte contemporáneo, la reflexión y el diálogo crítico.

La gentrificación en la Ciudad de México ha sido un tema candente en los últimos años, especialmente en alcaldías como Tlalpan, Álvaro Obregón, Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc. Los manifestantes exigen medidas efectivas para regular el aumento desmedido de rentas y la construcción de megaproyectos inmobiliarios que desplazan a comunidades originarias. En este contexto, la marcha pretendía presionar al gobierno local para implementar políticas que prioricen a los habitantes sobre los intereses turísticos y comerciales, especialmente ante eventos como la Copa Mundial de 2026, que se espera dispare el turismo en la capital. Sin embargo, los actos de violencia opacaron el mensaje de la protesta, generando un rechazo generalizado.

La presidenta Claudia Sheinbaum, desde Palacio Nacional, condenó los hechos durante su conferencia matutina, enfocándose en la quema de libros como un acto que remite a prácticas históricas de intolerancia. “Los únicos que han quemado libros en la historia son los fascistas”, afirmó, subrayando que, aunque las demandas contra la gentrificación pueden ser legítimas, los ataques al patrimonio universitario son injustificables. Este posicionamiento ha avivado el debate sobre la libertad de manifestación y los límites de la protesta social, especialmente cuando se recurre a la violencia. La UNAM, por su parte, anunció que evalúa los daños para presentar denuncias ante las autoridades capitalinas, con el objetivo de que se investigue y sancione a los responsables.

El MUAC, uno de los recintos culturales más importantes de América Latina, alberga más de 2,185 obras de arte contemporáneo de más de 300 artistas mexicanos o radicados en México, además de 60 fondos y siete colecciones documentales. Los daños a su infraestructura y a la librería Julio Torri representan no solo una pérdida material, sino un ataque al patrimonio cultural de la nación. La directora del MUAC, Tatiana Cuevas, expresó su consternación por los hechos, destacando que el saqueo y la quema de libros son actos lamentables que contradicen los valores de la universidad. La comunidad universitaria y cultural ha reaccionado con indignación, exigiendo respeto a los espacios dedicados al arte y la educación.

La gentrificación, como telón de fondo de esta marcha, sigue siendo un problema complejo en la Ciudad de México. Los manifestantes señalan que el encarecimiento de la vivienda, impulsado por proyectos inmobiliarios de lujo, dificulta el acceso a un hogar para las nuevas generaciones. Un joven participante, por ejemplo, destacó la imposibilidad de adquirir una casa de 60 metros cuadrados con un costo promedio de 3.5 millones de pesos, una cifra inalcanzable para la mayoría de los trabajadores. Además, la construcción de desarrollos como Fuentes Brotantes 134 ha generado preocupación por el impacto ambiental, incluyendo el riesgo de ecocidio y el desabasto de agua en comunidades del sur de la capital.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) reportó que la marcha transcurrió en su mayoría de forma pacífica, con un saldo blanco y sin incidentes mayores, salvo los actos vandálicos en Ciudad Universitaria. Los elementos de seguridad encapsularon momentáneamente a los manifestantes para evitar que llegaran a la autopista México-Cuernavaca, lo que llevó al grupo a redirigirse hacia la UNAM, donde la autonomía universitaria impidió la intervención policial. Esta situación ha reabierto el debate sobre los protocolos de seguridad en manifestaciones y el respeto a la autonomía de la universidad.

Diversos reportes indican que los daños no se limitaron al MUAC y la librería Julio Torri, sino que también incluyeron pintas y destrozos en la estación del Metrobús Perisur y en una sucursal del Banco del Bienestar. Estos actos han sido interpretados por algunos como una respuesta a la frustración por la falta de soluciones efectivas contra la gentrificación, aunque la mayoría de los participantes en la marcha abogaron por una protesta pacífica. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha propuesto 14 medidas para combatir este fenómeno, incluyendo programas de arraigo comunitario y estímulos a comercios locales, pero los manifestantes consideran que estas acciones son insuficientes, calificándolas como “un curita” para un problema estructural.

Voces cercanas a los organizadores de la marcha han señalado que el movimiento continuará, con dos nuevas protestas anunciadas para visibilizar la congelación de rentas y la eliminación de inmuebles ociosos. Mientras tanto, la comunidad universitaria y las autoridades locales siguen evaluando el impacto de los destrozos. La UNAM ha reiterado su compromiso con la libertad de expresión y la manifestación pacífica, pero enfatizó que no tolerará la violencia como medio de protesta. La controversia generada por estos eventos seguirá alimentando el debate sobre cómo equilibrar las demandas sociales con la preservación del patrimonio cultural.

En medios locales se ha informado que los daños al MUAC y la librería Julio Torri han movilizado a la comunidad cultural a pronunciarse en defensa de los espacios universitarios. Algunos académicos han destacado la importancia de proteger el patrimonio artístico, mientras que otros han pedido un diálogo más amplio sobre la gentrificación. Por su parte, las autoridades capitalinas han señalado que continuarán monitoreando las protestas para garantizar la seguridad, aunque sin intervenir en el campus universitario por respeto a su autonomía. La discusión sobre la gentrificación y sus consecuencias promete seguir en el centro de la agenda pública en los próximos meses.