Ensayos nucleares: Putin y Trump al borde del abismo

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Ensayos nucleares resurgen en la agenda ruso-estadounidense

Ensayos nucleares vuelven a dominar el tablero geopolítico mundial. El presidente ruso, Vladímir Putin, advirtió que Rusia podría abandonar la moratoria sobre ensayos nucleares si Estados Unidos da el primer paso. Minutos después, Donald Trump ordenó al Pentágono preparar pruebas “en igualdad de condiciones” con Moscú y Pekín. Este intercambio de amenazas rompe tres décadas de contención y coloca al planeta ante el riesgo de una nueva carrera armamentista nuclear.

El Kremlin convocó una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad que recordó las sesiones de 2022 previas a la anexión de territorios ucranianos. Allí, el ministro de Defensa y el jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, defendieron la reactivación inmediata de ensayos nucleares en el polígono ártico de Nueva Zembla. Putin escuchó, pidió un informe técnico y dejó la puerta abierta: “Mantendremos la moratoria mientras Washington haga lo mismo”.

Trump responde con misiles y submarinos

Donald Trump no esperó. En agosto desplegó un submarino nuclear cerca de costas rusas tras tuits beligerantes de Dmitri Medvédev. Ahora, tras la advertencia de Putin, ordenó al Departamento de Energía preparar ensayos nucleares. El miércoles, un misil balístico Minuteman III surcó el Pacífico desde California como demostración de fuerza. Chris Wright, secretario de Energía, matizó que se trata de “pruebas de sistema” y no explosiones, pero Moscú interpreta cualquier lanzamiento como provocación.

Ensayos nucleares subterráneos, como los realizados por la URSS en 1990 y EE.UU. en 1992, requieren meses de preparación. Nueva Zembla está operativa; Nevada también. Ambas potencias saben que una sola detonación rompería el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares firmado por 186 países, aunque nunca ratificado por Washington.

El vacío del START III acelera la crisis

El último tratado de reducción de armas estratégicas, START III, expira en febrero de 2026. Rusia propuso prorrogarlo un año; la Casa Blanca guarda silencio. Sin marco legal, ensayos nucleares se convierten en moneda de cambio. China, con 500 ojivas y creciendo, se niega a sumarse. Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte quedan fuera del radar. El club nuclear global opera sin reglas comunes.

Corea del Norte y China marcan el ritmo

Pyongyang realizó seis ensayos nucleares entre 2006 y 2017. Pekín detuvo los suyos en 1996, pero moderniza su arsenal a ritmo vertiginoso. Rusia presume del misil Burevéstnik y el dron submarino Poseidón, ambos de propulsión nuclear. Washington responde con el programa Sentinel y el misil hipersónico Dark Eagle. Ensayos nucleares reales serían el siguiente paso lógico.

El opositor Gari Kaspárov lo resume: “El chantaje nuclear es política exterior rusa desde hace años”. Analistas coinciden en que ambos líderes usan la amenaza para consumo interno. En Rusia, el 83 % de la población está agotada por Ucrania; en EE.UU., Trump necesita proyectar fuerza ante China y el electorado.

¿Hacia un nuevo invierno nuclear?

Ensayos nucleares subterráneos minimizan la radiación, pero la señal política es devastadora. Una detonación en Nueva Zembla o Nevada reabriría la pesadilla de los años 50 y 60, cuando el planeta temblaba cada mes. Científicos advierten que el polvo radiactivo podría detectarse en días, activando sanciones automáticas de la ONU y una crisis diplomática sin precedentes.

El portavoz Dmitri Peskov acusó a Occidente de “histeria militarista antirrusa”. En Washington, legisladores demócratas piden calma; republicanos celebran la “paridad estratégica”. Mientras, laboratorios de Los Álamos y Sarov actualizan simulaciones por ordenador que, durante 30 años, sustituyeron a las explosiones reales.

Expertos citados por agencias internacionales coinciden en que la preparación técnica requiere entre seis meses y dos años. Fuentes del Pentágono filtraron a medios estadounidenses que el pozo de Nevada está sellado desde 1992, pero podría reactivarse rápidamente. En paralelo, observadores rusos recuerdan que Nueva Zembla nunca dejó de estar lista.

Un sondeo interno del Kremlin, revelado por periodistas independientes, muestra que la población rusa prefiere diplomacia a escalada. En Washington, think-tanks como el Carnegie Endowment publicaron informes que advierten: un ensayo nuclear unilateral desataría una reacción en cadena. La historia demuestra que, una vez rota la moratoria, volver atrás resulta casi imposible.