Injerencia mexicana en Perú: las duras palabras del canciller
Injerencia es la palabra que define hoy la relación entre Perú y el gobierno de Claudia Sheinbaum. El ministro de Relaciones Exteriores peruano, Hugo de Zela, volvió a cargar contra México al asegurar que “el gobierno de México pretende decirle al Perú lo que tenemos que hacer y eso es absolutamente inaceptable”. La frase, pronunciada en entrevista con Perú21, resume el malestar limeño por el asilo concedido a Betssy Chávez, ex primera ministra de Pedro Castillo, quien permanece en la embajada mexicana desde el lunes.
La injerencia que denuncia De Zela no es un reproche aislado: lleva meses gestándose. Desde que Dina Boluarte asumió la presidencia tras la destitución de Castillo, México mantiene una postura abiertamente hostil. Sheinbaum, heredera directa de esa línea, decidió blindar a Chávez con asilo político pese a que la justicia peruana la procesa por rebelión y conspiración, delitos comunes que, según la Convención de Caracas de 1954, no califican para protección diplomática.
¿Por qué Perú habla de injerencia ideológica?
El canciller peruano fue tajante: México adoptó “una postura ideologizada sobre lo que ocurre en el Perú”. Para Lima, Sheinbaum no evalúa pruebas; juzga colores políticos. Chávez y Castillo pertenecen al mismo espectro izquierdista que Morena, y esa afinidad basta para que el gobierno mexicano ignore fallidos golpes de Estado y solicitudes fiscales de 25 años de cárcel. Esa selectividad, repiten en Lima, constituye injerencia pura y dura.
Perú no se queda en palabras. El lunes rompió relaciones diplomáticas con México –ya funcionaban sin embajadores desde 2023– y anunció que estudiará “a fondo” la Convención de Caracas antes de decidir si otorga o no el salvoconducto que permitiría a Chávez volar a Ciudad de México. El presidente interino José Jerí anticipó a CNN que la respuesta llegará, probablemente, este viernes.
Convención de Caracas bajo la lupa peruana
Los artículos que México olvida
El equipo jurídico del Ministerio de Exteriores peruano revisa uno por uno los 23 artículos del tratado. Buscan demostrar que el asilo solo protege persecuciones políticas, no delitos comunes. “A la señora Betssy Chávez no se le procesa por sus ideas, sino porque existe presunción de delito”, aclaró De Zela. La Fiscalía pide 25 años para ella y 34 para Castillo por intentar disolver el Congreso en diciembre de 2022.
El canciller descartó cualquier operación policial dentro de la embajada mexicana. “Perú respeta el derecho internacional; no entraremos por la fuerza”, sentenció, diferenciándose del asalto ecuatoriano a la sede mexicana en Quito. Esa garantía calma rumores, pero no apaga la injerencia que Lima percibe en cada comunicado de la SRE mexicana.
Sheinbaum: silencio oficial, ruido político
Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum guarda silencio público sobre el caso Chávez. Fuentes diplomáticas filtran que México mantendrá el asilo “mientras persista riesgo de persecución”. Esa narrativa choca con la peruana: para Lima, el único riesgo que corre Chávez es cumplir condena por golpismo. La injerencia, insisten, radica en pretender tutelar la justicia de otro país.
El episodio agrava la peor crisis bilateral en décadas. Sin embajadores, con consulados al mínimo y con dos visiones irreconciliables del derecho internacional, la injerencia se convierte en el eje de cualquier futuro diálogo. Perú exige respeto a su soberanía; Sheinbaum defiende principios humanitarios que, para muchos, esconden afinidades partidistas.
¿Habrá salvoconducto? El reloj corre
Hugo de Zela prometió resultados “en unos días”. El informe jurídico determinará si Chávez despega rumbo a México o permanece en la embajada indefinidamente. Cualquiera sea la decisión, la injerencia quedará como marca indeleble en esta gestión de Sheinbaum. Perú ya la inscribe en cada declaración oficial.
Analistas consultados por EFE coinciden: la tensión trasciende a Chávez y Castillo. Es un pulso entre dos modelos de izquierda latinoamericana: la institucionalista de Boluarte y la revolucionaria que Morena exporta. En ese tablero, la injerencia se convierte en arma retórica y diplomática.
Medios peruanos como Perú21 y portales internacionales recogen minuto a minuto las declaraciones de De Zela. En México, Latinus y otros sitios replican el malestar limeño. La historia, aún sin final, ya tiene capítulo propio en los anales de la diplomacia latinoamericana: el día en que Perú señaló con nombre y apellido la injerencia de Claudia Sheinbaum.
