Desde 2023, el mundo enfrenta una de las peores crisis de sequía en la historia reciente, según un informe respaldado por la ONU. Este fenómeno, impulsado por el cambio climático y la presión sobre los recursos hídricos, ha dejado un impacto devastador en todos los continentes, desde África hasta América Latina.
El informe, titulado “Puntos clave sobre la sequía en el mundo entre 2023 y 2025”, se presentó en Sevilla durante la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación en Desarrollo. El documento, elaborado por el Centro Nacional de Mitigación de Sequías de Estados Unidos y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, detalla cómo las sequías han intensificado la pobreza, el hambre y la inseguridad energética.
En África, la situación es alarmante: más de 90 millones de personas en el este y sur del continente enfrentan hambre aguda. En países como Somalia, Etiopía y Zimbabue, las cosechas de maíz y trigo han sido devastadas, dejando a millones en necesidad de ayuda alimentaria urgente.
En América Latina, la cuenca del Amazonas ha sufrido niveles mínimos históricos, afectando el suministro de agua potable y el transporte. En Colombia, Brasil y Venezuela, miles de peces y delfines en peligro de extinción han muerto, mientras comunidades indígenas quedan aisladas.
El Canal de Panamá, un eje clave del comercio mundial, redujo sus tránsitos diarios de 38 a 24 barcos entre 2023 y 2024 debido a la falta de agua. Esto provocó retrasos en exportaciones de soya y alzas de precios en frutas y verduras en supermercados de Europa.
En Asia, la producción de arroz, café y azúcar se vio gravemente afectada. En Tailandia e India, la sequía elevó los precios del azúcar en Estados Unidos en casi un 9%, mostrando cómo los eventos climáticos regionales tienen impactos económicos globales.
El informe destaca que las mujeres, niñas y ancianos son los más afectados. En Etiopía, los matrimonios infantiles se duplicaron durante la sequía, y en Zimbabue, miles de niñas abandonaron la escuela por hambre o falta de higiene.
Expertos advierten que las sequías, amplificadas por el fenómeno de El Niño y el cambio climático, son una “catástrofe global en cámara lenta”. Los costos económicos de estos eventos se han duplicado desde el año 2000 y podrían aumentar hasta un 110% para 2035.
Para enfrentar esta crisis, el informe urge invertir en sistemas de alerta temprana, restaurar cuencas hidrográficas y fomentar cultivos más resistentes. La cooperación internacional y políticas públicas enfocadas en la resiliencia son esenciales para proteger a las poblaciones más vulnerables.
La sequía ya no es una amenaza lejana; es una realidad que exige acción global inmediata. Sus efectos, desde la pérdida de biodiversidad hasta el colapso de economías, muestran que nadie está exento de esta crisis silenciosa.


