Una monja desafía al Vaticano: rompe el protocolo para despedir a su amigo, el Papa Francisco

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En un acto que sorprendió al mundo, una monja de 81 años se saltó el estricto protocolo del Vaticano para rendir un emotivo homenaje al Papa Francisco tras su fallecimiento. Sor Geneviève Jeanningros, amiga cercana del Pontífice, se acercó al féretro en la Basílica de San Pedro, ignorando las reglas que reservaban ese espacio a cardenales y obispos. Su gesto, cargado de cariño y tristeza, dejó a todos sin palabras.
La religiosa, perteneciente a la orden de las Hermanitas de Jesús, no formaba parte del ceremonial oficial. Sin embargo, nadie, ni los guardias suizos ni los gendarmes, se atrevió a interrumpirla mientras permanecía en silencio junto al ataúd, rezando y llorando. Con una mochila al hombro, Sor Geneviève se convirtió en el símbolo de una amistad profunda que trascendió las formalidades.
Sor Geneviève y el Papa Francisco compartían una relación de más de 40 años. Ella, conocida como “L’enfant terrible” por el propio Pontífice, dedicó su vida a los más vulnerables, especialmente a mujeres transexuales y feriantes en la región de Ostia, Italia. Su trabajo incansable acercó a Francisco con estas comunidades marginadas, a las que él acogió con apertura y compasión.
Uno de los momentos más memorables de esta amistad ocurrió en julio de 2024, cuando Sor Geneviève logró que el Papa visitara un parque de atracciones en Ostia para reunirse con los feriantes. Este encuentro, histórico y sin precedentes, mostró la capacidad de ambos para llevar el mensaje de la Iglesia a los rincones más inesperados. La monja fue un puente entre el Vaticano y los olvidados.
Durante la pandemia, Sor Geneviève trabajó junto al párroco de Torvaianica para llevar ayuda a feriantes y personas trans que no podían trabajar. Gracias a su gestión, muchos de ellos conocieron al Papa en audiencias privadas, donde Francisco no solo los escuchó, sino que les ofreció apoyo económico y espiritual. Su labor dejó una huella imborrable en estas comunidades.
El gesto de la monja al romper el protocolo no fue solo un acto de despedida personal, sino una muestra de su carácter rebelde y comprometido. Mientras los líderes eclesiásticos seguían el orden establecido, ella se mantuvo fiel a su misión de cercanía con los demás, un valor que compartía con el Papa Francisco. Su presencia junto al féretro fue un recordatorio de su legado conjunto.
Sor Geneviève, sobrina de Léonie Duquet, una monja secuestrada durante la dictadura argentina, lleva consigo una historia de resistencia y servicio. Vivía en una caravana en Ostia, compartiendo el día a día con aquellos a quienes ayudaba. Su vida sencilla contrastaba con la rigidez de las ceremonias vaticanas, haciendo su acto aún más significativo.
La imagen de esta monja, pequeña pero decidida, rezando junto al féretro del Papa, ha dado la vuelta al mundo. En un momento de duelo global, su valentía para desafiar las normas y honrar a su amigo resuena como un mensaje de humanidad. Sor Geneviève no solo despidió a Francisco, sino que reafirmó el espíritu de una Iglesia cercana a los más necesitados.