El mundo católico está de luto tras la muerte del Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, quien falleció a los 88 años. Este miércoles, miles de personas se congregaron en la Basílica de San Pedro para darle el último adiós, en un ambiente de profundo respeto y tristeza. El féretro del Sumo Pontífice fue trasladado desde la capilla de Santa Marta hasta la basílica, marcando el inicio de tres días de veneración pública.
La procesión, encabezada por el cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell, recorrió la Plaza de Santa Marta y la Plaza de los Protomártires Romanos. Acompañada por la Guardia Suiza, la comitiva atravesó el Arco de las Campanas antes de ingresar a la Basílica de San Pedro por la puerta central. El ataúd, sencillo y de madera como lo pidió el propio Francisco, fue colocado frente al Altar de la Confesión, cerca de la tumba de San Pedro.
Desde las 11 de la mañana, los fieles comenzaron a ingresar a la basílica para despedirse del Papa. Las filas, que se formaron desde temprano, reflejaban la devoción de personas de todas las nacionalidades. Algunos rezaban en silencio, mientras otros capturaban con sus teléfonos el momento, aunque los selfies estaban prohibidos. La seguridad fue estricta, con policías y militares resguardando el perímetro de la Ciudad del Vaticano.
El Papa Francisco, cuyo nombre secular era Jorge Mario Bergoglio, murió el lunes 21 de abril debido a un colapso cardiovascular y un derrame cerebral. Su pontificado, que comenzó en 2013, destacó por su mensaje de humildad, inclusión y justicia social. Fue un defensor de los más vulnerables y promovió una Iglesia más cercana a las periferias, rompiendo con tradiciones eurocéntricas.
La capilla ardiente permanecerá abierta hasta el viernes, con horarios extendidos para que más personas puedan despedirse. El jueves, la basílica estará accesible desde las 7 de la mañana hasta medianoche, y el viernes cerrará a las 19 horas para preparar el rito del cierre del féretro. El funeral, programado para el sábado 26 de abril, se espera que reúna a líderes mundiales y decenas de miles de fieles en la Plaza de San Pedro.
A diferencia de sus predecesores, Francisco pidió ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, en lugar de la cripta vaticana. Esta decisión refleja su devoción por la Virgen María y su deseo de simplicidad, incluso en la muerte. El ataúd, sin decoraciones ostentosas, llevará solo su nombre en latín: Franciscus.
La muerte de Francisco ha generado reacciones en todo el mundo. Líderes como el presidente de Bolivia, Luis Arce, destacaron su compromiso con la justicia social y el medio ambiente, recordando su encíclica Laudato Si’. Otros, como el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, lo describieron como un faro de esperanza en tiempos de adversidad.
El cónclave para elegir al nuevo Papa está programado entre el 5 y el 10 de mayo, aunque podría adelantarse si todos los cardenales electores llegan antes a Roma. Con 133 cardenales participando, será uno de los más internacionales en la historia reciente. La Iglesia enfrenta ahora el desafío de continuar el legado de un pontífice que marcó una era con su sencillez y valentía.
El impacto de Francisco trasciende lo religioso. Su mensaje de paz, respeto a la diversidad y lucha contra la desigualdad resonó en personas de distintas creencias. En la Plaza de San Pedro, el silencio de los fieles, roto solo por las campanas, reflejaba la magnitud de su pérdida.
Mientras Roma se prepara para el funeral, el mundo recuerda a un Papa que, desde su primer día, quiso ser un puente entre la Iglesia y los más necesitados. Su última bendición, dada el Domingo de Pascua, sigue resonando: “Todos somos hijos de Dios”.
Ventas:


