El pasado 23 de marzo, un ataque del ejército israelí en Rafah, al sur de Gaza, dejó un saldo trágico: 15 trabajadores humanitarios, entre paramédicos, rescatistas y un miembro de la ONU, perdieron la vida. Ahora, las Fuerzas de Defensa de Israel han reconocido que el incidente fue producto de “malentendidos operativos” y “errores” que llevaron a la destitución de un subcomandante y una amonestación a su superior.
El convoy atacado estaba compuesto por ambulancias de la Media Luna Roja Palestina, un camión de bomberos de la Defensa Civil de Gaza y un vehículo de las Naciones Unidas. Según el informe militar, los vehículos fueron confundidos con unidades de Hamás debido a la “mala visibilidad nocturna”. Sin embargo, un video grabado por uno de los paramédicos fallecidos contradice esta versión, mostrando que los vehículos tenían las luces de emergencia encendidas.
El ataque ocurrió en tres momentos distintos. Primero, las ambulancias fueron tiroteadas tras acercarse a una zona donde los soldados israelíes habían disparado contra un vehículo sospechoso. Luego, un segundo ataque alcanzó a los rescatistas que intentaban asistir a los heridos. Finalmente, 15 minutos después, un vehículo de la ONU también fue blanco de disparos, en lo que el ejército calificó como un “error operativo” que violó las normas.
Los cuerpos de las víctimas fueron enterrados en una fosa común y cubiertos con arena, según el ejército, para protegerlos de daños adicionales y despejar la ruta. Sin embargo, el informe admite que la decisión de triturar los vehículos fue un error. Organizaciones como la ONU y la Media Luna Roja denunciaron que no se permitió el acceso a la zona hasta una semana después, cuando se recuperaron los restos.
El subcomandante destituido, un militar condecorado que regresó del extranjero para servir tras los ataques de Hamás en octubre de 2023, fue señalado por proporcionar un informe “incompleto e inexacto”. El ejército destacó su trayectoria, pero justificó su remoción por la gravedad del incidente. El comandante de la Brigada 14 también recibió una sanción por su responsabilidad en la gestión del ataque.
Un video clave, difundido por medios como The New York Times, mostró las últimas palabras de un paramédico, Rifaat Radwan, quien rezaba antes de ser alcanzado por los disparos. Este material, grabado con su celular, desmintió la afirmación inicial del ejército de que los vehículos no estaban identificados. La grabación también captó las voces de los soldados acercándose tras el ataque.
La ONU y la Federación Internacional de la Cruz Roja expresaron su indignación por el incidente, calificándolo como una violación del derecho internacional humanitario. Ambas organizaciones exigieron justicia y una investigación independiente para esclarecer los hechos. El ataque ha renovado las críticas sobre las operaciones militares en Gaza, donde la violencia ha escalado desde la reanudación de los bombardeos en marzo.
Entre las víctimas se encontraban figuras como Ashraf Abu Labda, un joven paramédico de 32 años conocido por su altruismo, y Ezzedin Din Shaath, un veterano rescatista de 51 años que motivaba a sus compañeros. Sus historias han conmovido a la comunidad internacional, que sigue exigiendo respuestas claras sobre este trágico episodio.
El ejército israelí ha prometido una revisión exhaustiva de sus procedimientos para evitar que incidentes similares se repitan. Sin embargo, la falta de evidencia para respaldar las acusaciones de que algunos paramédicos tenían vínculos con Hamás ha generado escepticismo sobre la narrativa oficial.
Este caso pone en el centro del debate las tensiones en Gaza, donde los trabajadores humanitarios enfrentan riesgos extremos en medio del conflicto. La comunidad internacional observa de cerca las próximas acciones de Israel para determinar si habrá justicia para las víctimas y sus familias.
