El Papa Francisco no pudo estar presente en el tradicional Vía Crucis del Coliseo de Roma este Viernes Santo, pero su voz resonó con fuerza a través de las meditaciones que escribió para la ocasión. Convaleciente tras una infección respiratoria que lo mantuvo 38 días en el hospital, el pontífice dejó un mensaje profundo que cuestiona las injusticias del mundo actual.
En sus reflexiones, Francisco denunció lo que llamó una “economía deshumana”, basada en cálculos fríos y algoritmos que priorizan el beneficio de muchos sobre el bienestar de pocos. Esta economía, según el Papa, deja de lado a los más vulnerables y perpetúa la desigualdad en el mundo.
El Papa propuso una alternativa clara: la “economía de Dios”, que no mata, no aplasta ni descarta a nadie. Este modelo, según sus palabras, pone a la persona en el centro y busca el bienestar de todos, sin dejar a nadie atrás, sin importar su condición social o económica.
Las meditaciones, leídas por el cardenal Baldassare Reina, vicario de Roma, también abordaron el sufrimiento de quienes viven en las fronteras, los olvidados y los que no tienen voz. Francisco pidió paz para ellos, un clamor que resonó en el histórico Coliseo, símbolo de las persecuciones de los primeros cristianos.
El texto del Papa comenzó con una reflexión poderosa: “La vía del Calvario pasa por nuestras calles de todos los días”. Con esto, señaló que los problemas de hoy, como la injusticia y la indiferencia, son un reflejo de la humanidad que va en dirección opuesta al mensaje de amor y compasión de Jesús.
En la última estación del Vía Crucis, Francisco elevó una oración por la paz global, pidiendo que llegue a todas las naciones, a la tierra, el aire y el agua, tanto a los justos como a los injustos. Este mensaje universal busca unir a la humanidad en un momento de división y conflicto.
La ausencia del Papa en el evento no fue una sorpresa, ya que su recuperación sigue en curso. Este es el tercer año consecutivo que no asiste al Vía Crucis debido a problemas de salud, una situación que ha generado preocupación entre los fieles, pero que no ha mermado su capacidad para inspirar.
El Jueves Santo, Francisco mantuvo una tradición que ha marcado su pontificado: visitó la cárcel de Regina Coeli en Roma, donde se reunió con 70 reclusos. Este gesto refleja su compromiso con los más marginados, un tema recurrente en sus meditaciones.
Las palabras del Papa en el Vía Crucis no solo invitan a la reflexión, sino que desafían a la sociedad a replantear sus prioridades. En un mundo marcado por la desigualdad y el conflicto, su mensaje es un llamado a la acción para construir un futuro más justo y humano.
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