Impuestos a bebidas azucaradas en México representan una medida recurrente del gobierno federal, pero especialistas coinciden en que no bastan por sí solos para reducir el consumo de estos productos. La propuesta de incrementar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en un 87.3% para 2026 ha generado debate, ya que, aunque busca desincentivar hábitos nocivos, expertos en finanzas y salud pública advierten sobre su limitada efectividad sin acompañamiento de políticas integrales. En un país donde el consumo promedio de refrescos alcanza los 166 litros por persona al año, esta iniciativa se presenta como un paso necesario, pero insuficiente, ante la persistencia de enfermedades crónicas ligadas al azúcar.
El impacto del IEPS en el consumo de bebidas azucaradas
El gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda, ha planteado elevar la cuota del IEPS de 1.64 pesos por litro en 2025 a 3.0818 pesos por litro en 2026. Esta subida drástica, que supera el 87%, responde a un doble objetivo: encarecer estos productos para desalentar su ingesta y generar mayores ingresos fiscales destinados a la salud pública. Sin embargo, analistas como Jacobo Rodríguez, de Roga Capital, cuestionan su real influencia. Según él, medidas similares aplicadas en años previos no han logrado bajar la prevalencia de afecciones como diabetes y problemas cardiovasculares, que afectan a millones en México. "Es una medida a la que se ha recurrido en los últimos años, pero que hasta el día de hoy no ha funcionado", afirma Rodríguez, destacando que las empresas refresqueras adaptan sus estrategias, como ofrecer envases más pequeños, para mantener ventas estables.
La inelasticidad de la demanda juega un rol clave en este escenario. Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico en Monex Casa de Bolsa, explica que el éxito del impuesto depende de cuánto estén dispuestos los consumidores a pagar más por un producto que perciben como adictivo. En 2025, un ajuste mínimo de siete centavos por litro apenas alteró los patrones de compra, pero el salto propuesto para el próximo año podría ser diferente. "Este aumento es significativo, estamos hablando de un 87.3%, lo cual no es poca cosa. Es posible que ante un incremento tan importante también veamos un impacto significativo", comenta Quiroz. A pesar de esto, ambos expertos subrayan que los impuestos a bebidas azucaradas necesitan complementarse con campañas educativas y accesibilidad a alternativas saludables para generar un cambio real en los hábitos alimenticios de la población.
Estadísticas alarmantes sobre el consumo en México
En México, el panorama es preocupante: uno de cada tres nuevos casos de diabetes mellitus y uno de cada siete de enfermedades cardiovasculares están directamente relacionados con el exceso de azúcar proveniente de bebidas azucaradas. Una botella estándar de 600 mililitros puede equivaler a 15 cucharadas de azúcar, una cantidad que se acumula en el organismo y eleva riesgos de complicaciones renales, hipertensión y obesidad. Datos de la Secretaría de Salud revelan que el consumo per cápita de refrescos es uno de los más altos del mundo, superando los 166 litros anuales, lo que contrasta con esfuerzos globales por reducir la ingesta de azúcares añadidos.
Una encuesta reciente, presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum, ilustra esta paradoja: el 88% de los mexicanos reconoce que los refrescos son dañinos para la salud, pero el 50% los consume por placer o costumbre. De ellos, el 45% lo hace al menos una vez por semana, y el 29% a diario. Este arraigo cultural complica la efectividad de los impuestos a bebidas azucaradas, ya que no abordan las raíces del problema, como la falta de opciones asequibles en zonas rurales o urbanas marginadas. Especialistas en nutrición pública insisten en que, sin intervenciones multisectoriales, el IEPS podría solo transferir la carga económica a los hogares de bajos ingresos, exacerbando desigualdades en acceso a la salud.
Por qué los impuestos solos no resuelven el problema
La crítica principal a los impuestos a bebidas azucaradas radica en su enfoque reactivo. Rodríguez argumenta que, sin programas federales de promoción de la salud, como educación en escuelas o subsidios a frutas y verduras, el aumento de precios no alterará conductas arraigadas. Las compañías productoras, por su parte, han demostrado resiliencia: en lugar de perder mercado, innovan con presentaciones "light" o envases individuales que mantienen el atractivo para consumidores jóvenes. Quiroz añade que el impuesto cumple un rol recaudatorio vital, potencialmente aportando miles de millones de pesos para el sistema de salud, pero su impacto en la reducción de consumo podría diluirse si no se mide con indicadores claros, como tasas de obesidad o ventas reportadas.
En este contexto, el debate se extiende a la necesidad de políticas complementarias. Expertos proponen integrar los impuestos a bebidas azucaradas con regulaciones publicitarias, como límites en la promoción dirigida a niños, y mayor inversión en agua potable segura en comunidades vulnerables. México, con su alta incidencia de enfermedades no transmisibles, no puede depender solo de medidas fiscales; requiere un enfoque holístico que involucre a secretarías de Salud, Educación y Economía. La aprobación del IEPS para 2026 parece probable, dada su alineación con metas de sostenibilidad fiscal, pero su legado dependerá de cómo se implemente junto a otras iniciativas.
Recomendaciones de especialistas para una estrategia efectiva
Para maximizar el efecto de los impuestos a bebidas azucaradas, los analistas sugieren monitoreo continuo del consumo mediante encuestas nacionales y ajustes anuales basados en evidencia. Quiroz enfatiza la importancia de destinar los fondos recaudados exclusivamente a prevención, como programas antipandemia de obesidad infantil. Rodríguez, por otro lado, aboga por alianzas público-privadas que fomenten innovación en bebidas bajas en azúcar, sin que esto compense la laxitud regulatoria. En última instancia, el éxito radica en educar a la sociedad sobre los riesgos, transformando el conocimiento en acción diaria.
El análisis de esta propuesta revela las complejidades de combatir epidemias alimentarias en un entorno económico desafiante. Mientras el gobierno federal avanza con el IEPS, la sociedad civil y expertos en salud pública observan de cerca si esta vez los impuestos a bebidas azucaradas logran un impacto medible, o si se suman a una lista de intentos fallidos. En conversaciones con analistas del sector financiero, como los de Roga Capital y Monex, se destaca que la clave está en la integración de medidas, no en aisladas subidas de precios. Además, reportes de la Secretaría de Salud subrayan la urgencia, recordando que sin cambios profundos, las estadísticas de diabetes seguirán escalando. Finalmente, encuestas como la mencionada por la Presidencia ilustran el desafío cultural, donde el gusto por lo dulce persiste pese a la conciencia general.

