T-MEC representa un pilar fundamental para el comercio exterior de México, y en el reciente foro organizado por el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE), líderes del sector empresarial fijaron posiciones clave sobre su revisión programada para 2026. Este acuerdo comercial, que une a México, Estados Unidos y Canadá, genera un impacto significativo en la economía regional, con un comercio que alcanza los 1.93 billones de dólares y un crecimiento del 37% en comparación con años previos. Durante el encuentro titulado “México en la ruta de revisión del T-MEC y el impacto de los aranceles”, expertos y representantes de organismos estratégicos analizaron desafíos y oportunidades, enfatizando la necesidad de una visión compartida para potenciar la integración norteamericana.
La relevancia estratégica del T-MEC para Norteamérica
En un contexto donde el T-MEC contribuye al 30% del PIB mundial, los participantes destacaron su rol como motor de desarrollo económico. Sergio E. Contreras, presidente ejecutivo del COMCE, subrayó que este tratado ha impulsado un incremento del 23% en la inversión extranjera directa (IED) regional en el último año. “Adoptar una visión común entre los tres países es esencial para ampliar las oportunidades construidas en tres décadas de integración”, afirmó Contreras, recordando que el T-MEC no solo facilita el flujo de bienes, sino que fortalece cadenas de suministro globales.
El foro del COMCE sirvió como plataforma para discutir cómo el T-MEC puede adaptarse a nuevas realidades geopolíticas y tecnológicas. Representantes del sector privado coincidieron en que una revisión exitosa requerirá compromisos en áreas como el medio ambiente, el trabajo y la energía, asegurando que el acuerdo siga siendo un instrumento de competitividad. Esta integración regional, impulsada por el T-MEC, posiciona a México como un socio indispensable, atrayendo inversiones y fomentando la innovación en industrias clave.
Desafíos arancelarios en la revisión del T-MEC
Los aranceles emergen como uno de los principales retos en la agenda del T-MEC. Kenneth Smith, presidente del Comité Bilateral México-Estados Unidos del COMCE, advirtió que México debe responder con firmeza a cualquier presión arancelaria, dado que es el destino principal de las exportaciones estadounidenses. “La claridad técnica y la capacidad de negociación serán decisivas para mantener la estabilidad comercial”, señaló Smith, enfatizando que el T-MEC ha evitado disputas mayores gracias a sus mecanismos de resolución.
En este sentido, el impacto de los aranceles podría alterar dinámicas en sectores sensibles como el automotriz y el energético. Expertos en el foro del COMCE explicaron que cualquier imposición unilateral afectaría no solo a México, sino a toda la región, reduciendo la eficiencia de las cadenas de valor integradas bajo el T-MEC. Para mitigar estos riesgos, se propone una mayor coordinación trilateral que priorice la reciprocidad y el beneficio mutuo.
Perspectivas sectoriales sobre el T-MEC
Desde el ámbito energético, Juan Acra, presidente del Consejo Mexicano de la Energía, abogó por una política integral que garantice la seguridad energética regional. El T-MEC, en su revisión, debe incorporar disposiciones que fomenten inversiones en infraestructura sostenible, alineadas con la transición hacia energías renovables. Acra destacó que México cuenta con recursos clave para esta transformación, lo que fortalece su posición negociadora.
En el sector jurídico, Mario Valencia, socio de Galicia Abogados, detalló que la revisión del T-MEC se centrará en verificar el cumplimiento de compromisos ambientales, laborales y energéticos. “Será un proceso técnico exhaustivo, pero también una oportunidad para actualizar cláusulas obsoletas”, comentó Valencia, subrayando la importancia de alinear el acuerdo con estándares internacionales emergentes.
El rol del T-MEC en industrias clave como el acero y automotriz
Antonio Ortiz Mena, presidente del Comité T-MEC del COMCE, afirmó que Norteamérica posee las condiciones para lograr autosuficiencia en acero y aluminio mediante una mayor coordinación bajo el T-MEC. Este enfoque no solo reduciría dependencias externas, sino que impulsaría la resiliencia económica regional frente a tensiones globales. Ortiz Mena enfatizó que el tratado facilita la colaboración en materiales estratégicos, esenciales para la manufactura avanzada.
El sector automotriz, por su parte, ve en el T-MEC una herramienta vital para su expansión. Francisco González Díaz, presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes (INA), resaltó el papel de México como proveedor indispensable para las armadoras en Estados Unidos. “Nuestra integración en las cadenas de suministro debe ser el eje de la estrategia negociadora”, indicó, señalando que el T-MEC ha elevado la participación mexicana en este mercado a niveles récord.
Armando Ortega, presidente del Comité Bilateral México-Canadá del COMCE, propuso incorporar un capítulo dedicado a minerales críticos en el T-MEC. Estos recursos son fundamentales para la transición energética, la inteligencia artificial y tecnologías de seguridad nacional. Ortega argumentó que una cadena de abastecimiento regional integral potenciaría la competitividad de los tres países, convirtiendo al T-MEC en un marco innovador para el futuro.
Visión gubernamental y compromisos institucionales
Desde el gobierno federal, Ismael Ortiz, titular de la Unidad de Inteligencia Económica Global de la Secretaría de Economía, aseguró que México llega fortalecido a la revisión del T-MEC gracias a su capacidad industrial y ecosistema de innovación. “Nuestro talento competitivo transforma este proceso en una oportunidad para reforzar la certidumbre comercial”, declaró Ortiz, destacando logros recientes en atracción de IED y exportaciones.
El foro también contó con aportes de figuras como Jose Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, y Valeria Moy, directora general del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Estos líderes coincidieron en que el T-MEC debe evolucionar para abordar temas como la digitalización y la sostenibilidad, asegurando beneficios equitativos para todas las partes.
Otros participantes, incluyendo Fausto Gurrea del Consejo Mexicano de Negocios y Alonso Pedrero de Puerto Verde, enriquecieron el debate con perspectivas sobre financiamiento y logística. Su análisis subrayó cómo el T-MEC puede catalizar proyectos de infraestructura que impulsen el comercio exterior, manteniendo a México en el centro de la integración norteamericana.
En las discusiones finales, como las que se exploraron en encuentros similares reportados por medios especializados en economía, se evidenció un consenso sobre la urgencia de preparar al sector privado para la revisión. Expertos consultados en foros previos del COMCE reiteraron que una postura proactiva en temas arancelarios preservará los avances del T-MEC.
Más allá de las intervenciones directas, observadores de organismos como la Confederación Latinoamericana de Agentes Aduanales han notado en análisis recientes que el T-MEC fomenta una mayor fluidez en aduanas, un aspecto que se profundizará en la próxima etapa. Estas observaciones, alineadas con reportes de think tanks económicos, refuerzan la idea de que la revisión será un punto de inflexión positivo si se maneja con visión estratégica.
Finalmente, en conversaciones informales derivadas de eventos como este, representantes del sector empresarial han compartido que el T-MEC no solo es un acuerdo comercial, sino un ecosistema que evoluciona con aportes de múltiples actores. Fuentes cercanas a la Secretaría de Economía han insinuado que México ya prepara propuestas técnicas para contrarrestar presiones externas, asegurando que el tratado siga impulsando el crecimiento regional de manera equilibrada.
