Inflación. La subgobernadora del Banco de México, Galia Borja, ha enfatizado la importancia de adoptar una mayor cautela en la conducción de la política monetaria ante los desafíos que enfrenta el país en el control de la inflación. En un contexto donde los indicadores económicos muestran presiones persistentes, Borja destaca que la volatilidad en la inflación podría complicar el camino hacia el objetivo de estabilidad de precios establecido en el 3 por ciento. Esta perspectiva se enmarca en un entorno de transición donde la economía mexicana busca equilibrar el crecimiento con la contención inflacionaria, considerando factores como el aumento de impuestos y la renegociación del T-MEC.
Transición hacia la neutralidad monetaria
La política monetaria en México ha dejado atrás un período de restricción inédita que duró tres años, pasando ahora a un terreno de neutralidad. Galia Borja explica que, aunque este cambio representa un avance significativo, los efectos de la restricción previa continuarán operando con rezagos en los canales directos e indirectos de transmisión. Estos rezagos implican que la inflación no se ajustará de manera inmediata, sino que requerirá un monitoreo constante para evitar desviaciones inesperadas. En este sentido, la volatilidad en la inflación se ve influida por determinantes clave como la actividad económica, el tipo de cambio y las expectativas de los agentes económicos, todos elementos que podrían propiciar niveles más bajos de inflación hacia el futuro, pero no sin riesgos.
Impacto de los rezagos en la economía
Los rezagos en la transmisión de la política monetaria son un factor crucial para entender la dinámica actual de la inflación. Borja subraya que, incluso en el nivel de neutralidad alcanzado, las medidas restrictivas pasadas seguirán ejerciendo presión para moderar los precios. Esta situación obliga a las autoridades a mantener una vigilancia estrecha, especialmente en un año donde se anticipan cambios fiscales que podrían exacerbar la volatilidad en la inflación. La economía mexicana, con su dependencia de exportaciones y flujos de capital, se ve particularmente sensible a estos ajustes, lo que refuerza la necesidad de decisiones informadas y prudentes.
Presiones en la inflación subyacente
Uno de los mayores retos identificados por Galia Borja radica en la inflación subyacente, que excluye los precios con variaciones estacionales y se considera el indicador más puro de las tendencias inflacionarias. En noviembre, este rubro registró una variación anual del 4.43 por ciento, el nivel más alto desde abril de 2024 y por encima del intervalo de variabilidad superior al 4 por ciento durante siete meses consecutivos. Esta persistencia en la inflación subyacente refleja presiones indirectas provenientes de los alimentos, con variaciones cercanas al 8 por ciento, y de los servicios educativos, que superan el 5.8 por ciento. La inflación de servicios, en particular, alcanzó el 4.49 por ciento anual, su máximo en cinco meses, lo que complica aún más el panorama.
Riesgos adicionales por impuestos y T-MEC
La volatilidad en la inflación se agrava con el incremento de algunos impuestos que entrarán en vigor el próximo año, lo que podría traducirse en un mayor costo para los consumidores y empresas. Además, la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) introduce incertidumbre en los mercados financieros, potencialmente afectando el tipo de cambio y las cadenas de suministro. Estos elementos externos, combinados con la política monetaria, demandan una estrategia cautelosa para mitigar impactos en la inflación. Borja advierte que estos riesgos adicionales podrían prolongar el período de ajuste, requiriendo ajustes finos en la tasa de interés para preservar la estabilidad.
Evolución de la tasa de interés en 2025
Durante 2025, el Banco de México ha reducido la tasa de interés desde el 10 por ciento hasta el actual 7.25 por ciento, iniciando un ciclo de recortes en marzo tras alcanzar el pico de 11.25 por ciento. Esta evolución ha permitido que la inflación general se mantenga dentro del intervalo de variabilidad durante nueve de los once meses del año, un logro no visto desde 2016 y comparable solo con periodos como 2011 y 2015. Sin embargo, Galia Borja aclara que esto no implica complacencia; al contrario, es una señal de que la inflación está entrando en una fase más estable, similar a la precrisis pandémica, pero aún lejos del objetivo ideal.
Lecciones de la pandemia y el futuro
El episodio inflacionario desencadenado por la pandemia dejó lecciones valiosas sobre la resiliencia de la política monetaria. Borja resalta que los ajustes realizados este año no han comprometido la estabilidad de precios, gracias a la contención de la inflación general. No obstante, la volatilidad en la inflación subyacente persiste como un recordatorio de la complejidad del entorno económico. Hacia adelante, se espera que la actividad económica y las expectativas de inflación contribuyan a una moderación gradual, pero la cautela sigue siendo el principio rector para la Junta de Gobierno del Banco de México.
En el marco de la próxima decisión monetaria programada para el 18 de diciembre, las deliberaciones se centrarán en equilibrar estos factores. La inflación, como eje central de las discusiones, demandará un análisis detallado de los datos recientes y proyecciones futuras. Expertos en economía han observado en foros especializados que esta aproximación prudente fortalece la credibilidad del banco central.
Conversaciones en espacios institucionales, como aquellos dedicados a análisis financieros, han subrayado la importancia de monitorear los servicios y mercancías en el cálculo de la inflación subyacente. Estos intercambios proporcionan insights valiosos sobre cómo la volatilidad en la inflación podría evolucionar con los cambios fiscales inminentes.
Informes de instituciones clave en el sector bancario han destacado el rol de la neutralidad monetaria en la transición post-restrictiva, ofreciendo un panorama equilibrado de los retos por delante en el control de la inflación.

