Recuperación económica en México se perfila para el próximo año según las proyecciones de BBVA México, que mantienen un crecimiento moderado para 2025 pero ven señales positivas hacia 2026. Esta perspectiva surge en un contexto de desaceleración reciente, donde el dinamismo observado en años previos ha dado paso a un ritmo más pausado. Los analistas destacan que, pese a los desafíos actuales, factores como el comercio exterior y una posible reducción de incertidumbres podrían catalizar un repunte gradual.
Pronóstico de crecimiento económico para 2025 y 2026
En su informe Situación México, BBVA México ha ajustado sus estimaciones con precisión. Para 2025, el banco financiero sostiene un pronóstico de crecimiento del 0.7% en el Producto Interno Bruto (PIB), un nivel que refleja la tendencia de enfriamiento observada en los primeros trimestres del año. Este promedio trimestral de 0.4% indica una desaceleración significativa comparada con el vigor de 2022 y 2023, cuando el país experimentó expansiones más robustas.
La recuperación económica proyectada para 2026 representa un ajuste al alza, pasando de un 1.0% a un 1.2% en el crecimiento del PIB. Este cambio sutil pero optimista se basa en expectativas de mejora en el consumo interno y la generación de empleo, elementos clave para revitalizar la demanda agregada. Carlos Serrano, economista jefe de la institución, enfatiza que esta recuperación económica no será explosiva, sino gradual, alineada con una estabilización de las variables macroeconómicas.
Desaceleración actual y sus componentes
La actual fase de bajo crecimiento se atribuye principalmente a una caída pronunciada en la inversión fija bruta, influida por incertidumbres regulatorias internas como la reforma judicial y modificaciones a la ley de amparo. Estas dinámicas han impactado negativamente en la confianza de los inversionistas, lo que a su vez ha frenado la creación de puestos de trabajo y, consecuentemente, el gasto de los hogares. En el ámbito de la oferta, la industria manufacturera muestra debilidad generalizada, con contracciones en varios subsectores que agravan el panorama.
Sin embargo, la ausencia de una recesión técnica en 2025 se explica por el sólido desempeño de las exportaciones. A pesar de las tensiones arancelarias impulsadas por la administración estadounidense, México ha mantenido un flujo comercial favorable hacia su principal socio, lo que ha actuado como contrapeso a las debilidades domésticas. Esta resiliencia en el sector externo es un pilar fundamental para la esperada recuperación económica.
Factores clave que impulsarán la recuperación económica
La recuperación económica en 2026 dependerá en gran medida de la disipación de incertidumbres políticas y regulatorias. Una revisión exitosa del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) podría restaurar la confianza inversionista, fomentando un repunte en proyectos de capital que han estado en pausa. Además, el consumo privado, afectado por la moderación en el empleo, se prevé que gane tracción si se materializan mejoras en el mercado laboral.
Rol de las exportaciones en la estabilidad
Las exportaciones han sido el ancla de la economía mexicana en tiempos turbulentos. Su contribución al PIB ha sido notable, mitigando los efectos de la debilidad interna. Para la recuperación económica, se espera que este sector continúe expandiéndose, beneficiado por cadenas de suministro integradas en Norteamérica y una demanda sostenida desde el mercado estadounidense. Analistas señalan que cualquier escalada en políticas proteccionistas podría alterar este equilibrio, pero el escenario base asume continuidad en las relaciones comerciales actuales.
Mejora en inversión y empleo como motores
La inversión, particularmente en infraestructura y manufactura, es esencial para una recuperación económica duradera. BBVA México subraya la necesidad de canalizar recursos de las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) hacia proyectos productivos que generen empleo de calidad. Paralelamente, el empleo formal ha mostrado signos de estancamiento, pero una reactivación de la inversión podría revertir esta tendencia, impulsando el ingreso disponible y el consumo. Estas interconexiones resaltan cómo la recuperación económica se construye sobre bases interdependientes.
En términos de inflación y política monetaria, el banco central ha mantenido una postura cautelosa, con tasas de interés que apoyan la estabilidad sin asfixiar el crecimiento. Para 2026, se anticipa una convergencia hacia metas inflacionarias que libere espacio para estímulos adicionales, contribuyendo a la recuperación económica proyectada.
Retos y recomendaciones para fortalecer la recuperación económica
Aunque el horizonte para 2026 luce más prometedor, persisten retos estructurales que podrían condicionar la profundidad de la recuperación económica. La industria energética, por ejemplo, enfrenta cuellos de botella en la generación de permisos para nuevas plantas, lo que limita la atracción de inversiones en sectores intensivos en energía. Acelerar estos procesos administrativos sería un paso concreto hacia un entorno más amigable para los negocios.
Otro aspecto crítico es la reforma judicial, cuya implementación ha generado escepticismo entre inversionistas extranjeros. Aunque reversión total parece improbable, ajustes que garanticen independencia y eficiencia podrían mitigar percepciones negativas, allanando el camino para la recuperación económica. Además, el gobierno federal podría explorar incentivos fiscales selectivos para sectores estratégicos como la nearshoring, que ha mostrado potencial pero requiere mayor apoyo institucional.
Estrategias para el empleo y el consumo
El empleo se erige como un indicador adelantado de la recuperación económica. Programas de capacitación alineados con demandas del nearshoring podrían elevar la productividad laboral, mientras que políticas de inclusión financiera ampliarían el acceso al crédito para microempresas. Estas medidas, combinadas con un monitoreo riguroso de la inflación, asegurarían que el crecimiento beneficie a amplios estratos de la población.
En el ámbito fiscal, un manejo prudente del déficit y la deuda pública será vital para sostener la recuperación económica sin presiones inflacionarias. La diversificación de fuentes de ingreso, más allá de los hidrocarburos, podría robustecer las finanzas públicas, permitiendo mayor inversión en educación y salud, que a su vez fomentan el capital humano necesario para un crecimiento inclusivo.
La recuperación económica en México, tal como la vislumbra BBVA México, no es un destino inevitable, sino el resultado de decisiones políticas y económicas bien calibradas. Observadores del sector financiero, basados en datos trimestrales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, coinciden en que el repunte dependerá de la capacidad para navegar incertidumbres globales y locales.
Expertos consultados en foros especializados, como aquellos vinculados a la Asociación de Bancos de México, enfatizan que la solidez de las exportaciones manufactureras será clave, recordando patrones históricos de resiliencia post-desaceleración. Esta visión colectiva refuerza la narrativa de una recuperación económica moderada pero sostenida.
Finalmente, informes sectoriales de instituciones como el Banco de México sugieren que, con ajustes oportunos en la política comercial, el 2026 podría marcar el inicio de una fase más vigorosa, donde la inversión privada recupere su rol protagónico en la expansión del PIB.

