Remesas cayeron en los primeros diez meses de 2025, marcando un giro significativo en la economía mexicana que dependía de estos flujos para su estabilidad. Con una disminución del 5.1 por ciento interanual, México recibió solo 51 mil 344 millones de dólares, comparado con los 54 mil 90 millones del mismo período en 2024. Esta caída, que ya suma siete meses consecutivos, refleja los desafíos globales que enfrentan las finanzas familiares y el PIB nacional. Las remesas, que representan cerca del 4 por ciento del Producto Interno Bruto, han sido un pilar fundamental, pero ahora su retroceso obliga a repensar estrategias de ingresos externos.
Impacto de la caída de remesas en la economía mexicana
La reducción en las remesas no es un fenómeno aislado; responde a una combinación de factores externos que alteran el panorama financiero. En octubre de 2025, los envíos mensuales se situaron en 5 mil 635 millones de dólares, un 1.7 por ciento menos que el año anterior. Esta tendencia descendente se acelera desde marzo, cuando se interrumpió una racha de 46 meses de crecimientos ininterrumpidos. Para entender por qué las remesas cayeron, es esencial examinar el contexto internacional, particularmente las políticas migratorias en Estados Unidos, el principal origen de estos fondos.
Causas principales de la disminución en envíos
Las remesas cayeron debido a la agresiva política migratoria impulsada por la administración estadounidense, que ha complicado la situación de millones de mexicanos indocumentados. Casi la mitad de los once millones de ciudadanos sin papeles en EE.UU. son mexicanos, y sus contribuciones han sido vitales. Además, el anuncio en junio de un impuesto del 1 por ciento a las remesas en efectivo y otros instrumentos ha disuadido algunos envíos. Aunque el valor promedio de cada remesa subió un 4 por ciento a 387 dólares en octubre, el número de operaciones bajó un 5.4 por ciento, lo que netea la caída general.
En los primeros nueve meses, la remesa promedio individual fue de 394 dólares, un leve descenso del 0.4 por ciento, mientras que el total de transacciones electrónicas, que representan el 99.2 por ciento, se redujo a 116 millones. Este patrón indica que, aunque los montos por envío crecen ligeramente, la frecuencia disminuye, posiblemente por mayores costos o incertidumbre económica entre los remitentes.
Evolución histórica de las remesas en México
Históricamente, las remesas han mostrado una resiliencia impresionante. Desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020, los envíos crecieron de manera sostenida, alcanzando un récord de 64 mil 745 millones de dólares en 2024, un 2.3 por ciento más que los 63 mil 313 millones de 2023. México cerró así once años de incrementos anuales, consolidándose como el segundo mayor receptor mundial, solo detrás de India. Sin embargo, la interrupción en 2025 marca el fin de esa era dorada, con los últimos doce meses acumulando 62 mil millones de dólares, similar al período anterior.
Comparación con años previos y tendencias globales
En contraste con el boom pospandemia, las remesas cayeron en 2025 por primera vez en más de una década, rompiendo el undécimo año consecutivo de alzas. Este retroceso coincide con el segundo mandato del presidente Donald Trump, cuyos primeros días ya impactaron los flujos migratorios y remesadores. Globalmente, México destaca por su dependencia de estos ingresos, que superan incluso las exportaciones petroleras en algunos trimestres. La caída actual subraya la vulnerabilidad ante cambios geopolíticos, donde las transferencias electrónicas, aunque dominantes, no bastan para contrarrestar la menor cantidad de operaciones.
Expertos en flujos migratorios señalan que esta desaceleración podría extenderse si persisten las tensiones bilaterales. No obstante, el incremento en el valor promedio sugiere que los remitentes priorizan envíos más sustanciales, quizás para cubrir necesidades críticas en un contexto de inflación y costos crecientes en México.
Respuesta gubernamental ante la caída de remesas
El gobierno mexicano ha reaccionado con medidas paliativas para mitigar el impacto de que las remesas cayeron. La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un programa especial de reembolso para cubrir el 1 por ciento del impuesto estadounidense sobre los dólares enviados, criticando la medida como una violación al tratado bilateral de 1994 contra la doble tributación. Esta iniciativa busca aliviar la carga para los receptores y mantener el flujo, aunque su efectividad a largo plazo depende de negociaciones diplomáticas.
Medidas de apoyo y perspectivas futuras
Más allá del reembolso, autoridades federales exploran diversificar fuentes de ingresos externos, promoviendo el turismo y las exportaciones manufactureras. Sin embargo, las remesas siguen siendo insustituibles como principal fuente de divisas, especialmente en regiones rurales donde sostienen el consumo y la inversión local. La caída de 2 mil 746 millones de dólares en los primeros diez meses equivale a un golpe que podría ralentizar el crecimiento del PIB en 0.2 puntos porcentuales, según estimaciones preliminares.
En este escenario, el rol de las instituciones financieras es crucial. El Banco de México monitorea de cerca estos indicadores, publicando datos mensuales que permiten ajustes oportunos. A pesar de la tendencia bajista, el acumulado anual aún roza los 62 mil millones, lo que ofrece un colchón temporal. Pero si las remesas cayeron más en los últimos meses, el cierre de 2025 podría registrar la primera contracción anual desde 2014.
La intersección entre migración y economía se hace evidente en estos números. Familias en estados como Michoacán, Guerrero y Oaxaca, dependientes de estos fondos, enfrentan presiones adicionales en educación y salud. Políticas de remesas inteligentes podrían incluir incentivos fiscales para canales formales, reduciendo la informalidad que aún persiste en un 0.8 por ciento de los envíos.
Analistas coinciden en que la recuperación dependerá de la evolución laboral en EE.UU., donde el empleo en sectores como construcción y agricultura, dominados por mano de obra mexicana, muestra signos de estancamiento. Mientras tanto, el gobierno impulsa campañas de ahorro y microcréditos para amortiguar el impacto doméstico.
En los últimos meses, observadores han notado paralelismos con ciclos pasados, donde fluctuaciones en el tipo de cambio del peso también influyen en el atractivo de enviar dólares. Un peso más fuerte reduce el poder adquisitivo local de las remesas, desincentivando envíos frecuentes. Esta dinámica compleja requiere un enfoque multifacético para estabilizar los flujos.
De manera incidental, datos del Banco de México, accesibles en sus reportes mensuales, detallan estas variaciones con precisión, ofreciendo una base sólida para proyecciones futuras. Asimismo, agencias como EFE han cubierto ampliamente el tema, destacando el contexto bilateral en sus despachos recientes. Informes de instituciones como el INEGI complementan esta visión, integrando encuestas sobre el uso de remesas en el gasto familiar.

