La inflación subyacente en México ha superado el umbral del 4 por ciento, lo que representa un foco amarillo para el Banco de México según análisis de Banamex. Este indicador, que excluye los precios más volátiles como alimentos y energéticos, refleja presiones persistentes en los costos subyacentes de bienes y servicios. En un contexto de desaceleración económica, esta tendencia complica el camino hacia el objetivo inflacionario del 3 por ciento más o menos un punto porcentual. Expertos destacan que, aunque no se trata de una emergencia, sí exige una revisión cuidadosa de las decisiones de política monetaria.
La inflación subyacente como termómetro de la economía mexicana
La inflación subyacente se ha convertido en un elemento central para entender la dinámica económica actual. A diferencia de la inflación general, que puede fluctuar por factores estacionales, este componente ofrece una visión más estable y predictiva. En los últimos meses, ha mostrado un comportamiento ascendente, manteniéndose por encima del 4 por ciento, lo que indica que las presiones en precios no son transitorias. Para el Banco de México, este nivel sugiere que las condiciones no están alineadas para una convergencia rápida al objetivo establecido.
Alberto Gómez Alcalá, director de Asuntos Institucionales de Banamex, ha enfatizado en entrevistas recientes que este escenario requiere vigilancia estrecha. La inflación subyacente no solo afecta el poder adquisitivo de los hogares, sino que influye directamente en las expectativas de los agentes económicos. Cuando los precios de servicios y bienes no volátiles suben de manera sostenida, se genera un efecto dominó que puede perpetuar ciclos inflacionarios si no se aborda a tiempo.
Componentes clave que impulsan la inflación subyacente
Entre los factores que contribuyen a esta inflación subyacente elevada se encuentran los incrementos en los costos laborales y las cadenas de suministro. Los ajustes al salario mínimo, aunque necesarios para mejorar el bienestar social, han tenido un impacto en los precios de servicios. Sin embargo, según proyecciones, la brecha salarial se está cerrando, y futuros aumentos deberían vincularse a mejoras en la productividad para evitar presiones adicionales.
Además, la inflación subyacente refleja dinámicas globales, como el encarecimiento de insumos importados. En México, donde la integración comercial es alta, estos efectos se transmiten rápidamente a los precios internos. El Banco de México monitorea estos indicadores para calibrar sus acciones, asegurando que la estabilidad de precios se mantenga como pilar de la confianza económica.
Política monetaria en la mira: El rol del Banco de México
El Banco de México enfrenta un dilema ante la inflación subyacente persistente. A pesar de un entorno de bajo crecimiento, la institución ha optado por recortes graduales en la tasa de interés, reconociendo que México actuó con prontitud en las subidas iniciales durante la crisis global. Esto ha permitido un descenso más acelerado comparado con otros países, pero ahora se acerca a un límite donde cada decisión pesa más.
Desde Banamex, se anticipa un recorte adicional de 25 puntos base en la tasa de interés, llevando la referencia al 7 por ciento para finales de 2025. No obstante, Gómez Alcalá advierte que subsiguientes ajustes no deben ser automáticos. La inflación subyacente por encima del 4 por ciento actúa como una señal de precaución, invitando a una evaluación más pausada para evitar riesgos en la convergencia inflacionaria.
Escenarios posibles para la tasa de interés en 2025
En un análisis detallado, Banamex considera que el colchón para bajar la tasa de interés se está agotando. Si la inflación subyacente continúa su tendencia al alza, el Banco de México podría optar por pausas en los recortes, priorizando la contención de expectativas. Este enfoque equilibrado busca sostener el crecimiento sin comprometer la meta inflacionaria, en un año marcado por incertidumbres externas como tensiones comerciales.
La inflación subyacente elevada también impacta las decisiones de inversión. Empresas y consumidores ajustan sus planes ante la incertidumbre, lo que podría moderar la demanda interna. Para el Banco de México, el desafío radica en navegar este equilibrio, utilizando herramientas como la comunicación para anclar expectativas y fomentar la estabilidad.
El PIB mexicano y sus implicaciones en la inflación
La economía mexicana muestra signos de desaceleración, con el PIB del tercer trimestre registrando una contracción del 0.2 por ciento anual. Esta debilidad, particularmente en el sector industrial, contrasta con el desempeño más resiliente de servicios y el primario. Banamex ha revisado su pronóstico para 2025 a un modesto 0.2 por ciento, desde el 0.4 por ciento anterior, atribuyéndolo a efectos aritméticos de datos recientes.
A pesar de esta contracción, se espera un repunte en el último trimestre, con un crecimiento estimado del 0.3 por ciento. La inflación subyacente juega un rol ambiguo aquí: por un lado, un PIB bajo podría ayudar a enfriar precios mediante menor demanda; por otro, presiones estructurales la mantienen elevada. Analistas de Banamex destacan que estos datos obligan a recalibrar proyecciones con precisión.
Factores sectoriales que moldean el PIB
El sector industrial ha sido el más afectado, con caídas acentuadas que reflejan desafíos en manufactura y exportaciones. En contraste, los servicios, impulsados por el mercado laboral robusto, han compensado parcialmente. Los ajustes al salario mínimo han dinamizado el consumo, pero su impacto en la inflación subyacente subraya la necesidad de vincularlos a productividad.
El sector primario, aunque volátil, aporta estabilidad temporal. Para 2025, Banamex prevé que una mayor productividad en servicios y una recuperación industrial sean clave para superar el 0.2 por ciento de crecimiento. La interacción entre PIB y inflación subyacente será crucial, determinando si la economía logra un aterrizaje suave.
En el panorama más amplio, la inflación subyacente invita a reflexionar sobre políticas integrales. Medidas como incentivos a la inversión en tecnología podrían elevar la productividad, mitigando presiones inflacionarias. El Banco de México, en coordinación con autoridades fiscales, busca este enfoque holístico para fortalecer la resiliencia económica.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre el PIB trimestral resaltan la importancia de monitorear trimestres venideros, donde se podría materializar el repunte anticipado. Expertos como los de Banamex, basados en modelos econométricos detallados, sugieren que una inflación subyacente controlada facilitaría recortes en la tasa de interés sin compromisos.
Finalmente, referencias a informes del Banco de México sobre tendencias inflacionarias confirman que el foco amarillo no es infundado, pero tampoco catastrófico. Con un PIB proyectado en terreno positivo para fin de año, según proyecciones de analistas independientes, México podría estabilizar su inflación subyacente hacia niveles más cómodos en el mediano plazo.

