Alcaldes Asesinados Sumergen México en Crisis
Alcaldes asesinados marcan el inicio más sangriento de un sexenio en décadas. Apenas un año después de que Claudia Sheinbaum asumiera la Presidencia, diez presidentes municipales han sido ejecutados en distintos puntos del país. El último caso, el de Carlos Alberto Manzo Rodríguez en Uruapan, Michoacán, eleva la cifra y pone en jaque la estrategia de seguridad federal. Alcaldes asesinados no son solo estadísticas: son evidencias de un poder municipal desprotegido frente al crimen organizado.
El patrón es claro. Hombres y mujeres electos por voto popular caen bajo las balas en fiestas patronales, en sus domicilios o en carreteras solitarias. Los alcaldes asesinados pertenecen a Morena, PAN, PRD y hasta independientes, demostrando que la violencia no distingue colores partidistas. Lo que sí une a estos crímenes es la impunidad: ninguno ha sido esclarecido por completo.
Lista Cronológica de Alcaldes Asesinados
1. Alejandro Arcos Catalán (Chilpancingo, Guerrero) – 6 octubre 2024
2. Román Ruiz Bohórquez (Candelaria Loxicha, Oaxaca) – 15 octubre 2024
3. Jesús Franco Lárraga (Tancanhuitz, San Luis Potosí) – diciembre 2024
4. Mario Hernández García (Santiago Amoltepec, Oaxaca) – mayo 2025
5. Isaías Rojas Ramírez (Metlatónoc, Guerrero) – junio 2025
6. Yolanda Sánchez Figueroa (Cotija, Michoacán) – junio 2025
7. Salvador Bastida García (Tacámbaro, Michoacán) – 5 junio 2025
8. Acasio Flores Guerrero (Malinaltepec, Guerrero) – 21 julio 2025
9. Miguel Bahena Solórzano (Pisaflores, Hidalgo) – 20 octubre 2025
10. Carlos Manzo Rodríguez (Uruapan, Michoacán) – 1 noviembre 2025
Guerrero y Michoacán concentran seis de los diez alcaldes asesinados. Ambos estados viven disputas territoriales entre cárteles que controlan aguacate, puertos y rutas de fentanilo. Los alcaldes asesinados denunciaron extorsión, cobro de piso o nexos entre autoridades locales y delincuencia. Sus voces se apagaron antes de que la Guardia Nacional pudiera blindarlos.
Sheinbaum Frente a Alcaldes Asesinados
En la conferencia mañanera del 3 de noviembre, la presidenta calificó el homicidio de Manzo como “cobarde y vil”. Prometió “todo el peso de la ley” y descartó especulaciones sobre una nueva estrategia delictiva. Sin embargo, los alcaldes asesinados acumulan 365 días de luto sin que el Gabinete de Seguridad presente un plan específico para proteger ayuntamientos. La Estrategia Nacional de Seguridad brilla por su ausencia en los municipios más vulnerables.
Michoacán: Epicentro de Alcaldes Asesinados
Uruapan, Cotija y Tacámbaro comparten algo más que geografía: sus alcaldes asesinados enfrentaron al Cártel Jalisco Nueva Generación y a sus aliados locales. Carlos Manzo había solicitado protección federal tras recibir amenazas directas. La respuesta llegó tarde: tres balas en pleno Festival de las Velas. La escena recuerda que los eventos masivos ya no son refugio para nadie.
En Cotija, Yolanda Sánchez fue secuestrada en 2023 y liberada tras pagar rescate. Regresó al cargo y volvió a ser blanco. Su ejecución en junio demuestra que la liberación no equivale a seguridad. Los alcaldes asesinados en Michoacán suman cuatro; el estado registra también el mayor número de policías municipales ejecutados en el mismo periodo.
Guerrero: Otra Fosa de Alcaldes Asesinados
Chilpancingo, Metlatónoc y Malinaltepec ilustran la parálisis estatal. Alejandro Arcos fue decapitado seis días después de tomar protesta. Su cabeza apareció sobre una camioneta. Acasio Flores fue retenido y ejecutado en julio. Isaías Rojas murió tras un asalto que nadie cree casual. Tres alcaldes asesinados en nueve meses convierten a Guerrero en zona de exterminio selectivo.
Oaxaca y el Silencio Sobre Alcaldes Asesinados
En la sierra oaxaqueña, Román Ruiz y Mario Hernández pagaron con la vida su rechazo a pactar con grupos armados. Sus comunidades, indígenas y marginadas, quedaron sin autoridad legítima. Los alcaldes asesinados en Oaxaca revelan que la violencia también castiga a quienes defienden la autonomía municipal.
El caso de San Luis Potosí e Hidalgo completa el mapa. Jesús Franco y Miguel Bahena representaban proyectos de desarrollo rural. Sus muertes frenaron obras de agua potable y electrificación. Los alcaldes asesinados no solo dejan viudas y huérfanos: dejan pueblos sin gobierno.
Organizaciones como Integralia y Causa en Común llevan la cuenta oficial de alcaldes asesinados. Sus reportes coinciden con los datos periodísticos que El Economista publicó el 3 de noviembre. Ambas fuentes advierten que la cifra podría subir antes de fin de año si no hay despliegue inmediato de fuerzas federales en los 50 municipios de mayor riesgo.
La Asociación Nacional de Alcaldes emitió un comunicado que circuló en redes la misma semana del atentado en Uruapan. Piden mesa de seguridad exclusiva para presidentes municipales. Hasta ahora, la respuesta de Los Pinos ha sido silencio.
Mientras tanto, en las comunidades afectadas se organizan velorios colectivos. En Uruapan, las velas del festival se convirtieron en cirios mortuorios. Los alcaldes asesinados ya no caminan por sus plazas, pero sus ausencias gritan más fuerte que cualquier discurso oficial.

