Impuestos a bebidas azucaradas representan una medida clave en la política de salud pública en México, pero especialistas coinciden en que no bastan para reducir su consumo de manera efectiva. El gobierno federal ha propuesto un incremento del 87.3% en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para estas bebidas en 2026, elevando la cuota a 3.0818 pesos por litro. Esta iniciativa busca desincentivar el hábito arraigado entre los mexicanos, donde el consumo promedio alcanza los 166 litros por persona al año. Sin embargo, expertos en finanzas y salud pública argumentan que, sin programas complementarios, el impacto será limitado, ya que las empresas refresqueras ajustan estrategias para mantener ventas, como ofrecer presentaciones más pequeñas.
La propuesta surge en un contexto de alta prevalencia de enfermedades crónicas. Según datos de la Secretaría de Salud, uno de cada tres nuevos casos de diabetes mellitus y uno de cada siete de enfermedades cardiovasculares están ligados al consumo de bebidas azucaradas. Una botella de 600 mililitros puede contener hasta 15 cucharadas de azúcar, lo que acumula en el organismo y genera riesgos renales, cardíacos y metabólicos. Encuestas recientes indican que el 88% de la población reconoce el daño de los refrescos, pero el 50% los consume por gusto, con un 45% ingiriéndolos semanalmente y un 29% diariamente. Estos hábitos persisten pese a esfuerzos previos, lo que pone en duda la efectividad aislada de los impuestos a bebidas azucaradas.
Historia del IEPS en México
Evolución de los impuestos a bebidas azucaradas
Los impuestos a bebidas azucaradas en México datan de 2014, cuando se implementó el IEPS para combatir la obesidad y diabetes. Inicialmente, la cuota fue de un peso por litro, pero ajustes anuales por inflación han sido mínimos. En 2025, por ejemplo, solo aumentó siete centavos, de 1.57 a 1.64 pesos, sin alterar el consumo. Esta trayectoria revela que incrementos graduales no han desanimado a los consumidores, quienes enfrentan precios accesibles en un mercado dominado por grandes productores. El nuevo ajuste del 87.3% es el más drástico, pero analistas como Jacobo Rodríguez de Roga Capital advierten que podría no cambiar patrones si no se integra con educación nutricional.
El enfoque fiscal ha recaudado fondos para salud, pero críticos señalan que las ganancias de las empresas no han disminuido. En cambio, las compañías han innovado con envases reducidos, manteniendo la rentabilidad. Esto resalta la inelasticidad de la demanda: los mexicanos priorizan el sabor y la conveniencia sobre el costo. Estudios previos muestran que, tras el impuesto inicial, el consumo cayó temporalmente un 10%, pero se recuperó rápidamente. Por ello, los impuestos a bebidas azucaradas deben verse como parte de una estrategia más amplia, no como solución única.
Opiniones expertas sobre la medida
Por qué los impuestos a bebidas azucaradas fallan solos
Especialistas en análisis económico, como Janneth Quiroz de Monex Casa de Bolsa, explican que el éxito depende de la elasticidad de la demanda. "Este aumento es significativo, estamos hablando de un incremento del 87.3%, lo cual no es poca cosa. Es posible que ante un incremento tan importante también veamos un impacto significativo", afirma Quiroz. Sin embargo, enfatiza que los productores trasladarán el costo a los consumidores, elevando precios en tiendas y expendedoras. Aun así, hábitos culturales y falta de alternativas saludables podrían neutralizar el efecto.
Jacobo Rodríguez añade que "Es una medida a la que se ha recurrido en los últimos años, pero que hasta el día de hoy no ha funcionado y se plantea todavía complicado que funcionen si no va acompañada con programas de salud que debería de implementar el gobierno federal". Él destaca que la prevalencia de enfermedades no ha bajado, y las estrategias empresariales contrarrestan el impuesto. En este sentido, los impuestos a bebidas azucaradas generan recaudación —destinada a tratar patologías relacionadas—, pero no previenen el problema de raíz. Quiroz coincide en el doble propósito: desincentivar y financiar salud, pero insiste en que sin campañas de concientización, el consumo persistirá.
Impacto en la salud pública
Enfermedades ligadas a bebidas azucaradas
El consumo excesivo de bebidas azucaradas contribuye a la epidemia de obesidad en México, donde más del 70% de la población adulta presenta sobrepeso. Los impuestos a bebidas azucaradas buscan mitigar esto, pero expertos recomiendan integrar regulaciones como etiquetado frontal y restricciones publicitarias. Datos revelan que el azúcar añadido en refrescos acelera el desarrollo de diabetes tipo 2, con México ocupando el primer lugar mundial en prevalencia. Además, las enfermedades cardiovasculares, impulsadas por este hábito, sobrecargan el sistema de salud, costando miles de millones anuales.
En regiones urbanas, el acceso a agua potable y opciones bajas en calorías es limitado, lo que agrava el problema. Programas educativos en escuelas podrían complementar los impuestos a bebidas azucaradas, fomentando cambios generacionales. Sin embargo, la implementación depende de recursos federales, que el IEPS podría potenciar si se destina correctamente.
Alternativas y recomendaciones
Estrategias integrales contra el consumo
Para superar las limitaciones de los impuestos a bebidas azucaradas, especialistas sugieren un enfoque multifacético. Esto incluye subsidios a frutas y verduras, campañas masivas en medios y alianzas con la industria para reformular productos. En países como Chile, impuestos combinados con etiquetado han reducido el consumo un 20%, sirviendo de modelo. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha impulsado encuestas que resaltan la conciencia pública, pero la traducción a políticas concretas es clave.
Además, monitorear el impacto post-impuesto mediante estudios independientes aseguraría ajustes oportunos. Los impuestos a bebidas azucaradas, aunque insuficientes solos, podrían ser el catalizador para una transformación en hábitos alimenticios si se apoyan en evidencia científica y participación comunitaria.
La discusión sobre impuestos a bebidas azucaradas continúa evolucionando, con expertos como los de Roga Capital y Monex Casa de Bolsa enfatizando la necesidad de datos longitudinales para evaluar su verdadero efecto. En conversaciones recientes con analistas financieros, se ha destacado que medidas pasadas, como el ajuste de 2025, no alteraron significativamente las ventas de refrescos, según reportes de la industria. Asimismo, referencias a la Secretaría de Salud subrayan la conexión directa con estadísticas de diabetes, basadas en encuestas nacionales presentadas por figuras gubernamentales.

