El principal culpable de esta debacle es el gusano barrenador, una plaga que ha llevado a Estados Unidos a cerrar intermitentemente sus fronteras al ganado mexicano. Homero García de la Llata, vocero de la Confederación, explicó que en el primer semestre del año solo se exportaron 200 mil cabezas de ganado, frente a las 600 mil proyectadas. Esto representa una pérdida de 500 dólares por cabeza, un duro golpe para los exportadores que dependen del mercado estadounidense.
La crisis no solo afecta a los grandes productores. La falta de exportaciones ha saturado el mercado nacional, lo que provoca una caída en los precios del ganado. Los productores se ven obligados a vender a precios mucho menores, lo que amenaza la rentabilidad de un millón de pequeños ganaderos que sostienen la base de la industria en México.
El trasiego ilegal de ganado desde Centroamérica agrava aún más el problema. Este flujo descontrolado ha inundado el mercado interno, contribuyendo al aumento de precios de la carne y afectando la oferta local. La Confederación ha hecho un llamado urgente para frenar estas prácticas, señalando que la entrada de ganado sin regulación sanitaria pone en riesgo a toda la industria.
Ante esta situación, la Confederación ha propuesto medidas drásticas al gobierno federal. Entre ellas, destaca la suspensión inmediata de importaciones de ganado en pie desde cualquier país mientras la frontera con Estados Unidos permanezca cerrada. También se busca un convenio temporal entre engordas nacionales y productores para comercializar el ganado varado a precios justos.
La Confederación ha criticado la falta de acción de algunas empresas, como SuKarne, que continúan importando ganado de Nicaragua en un momento crítico. Según los ganaderos, estas importaciones son inoportunas cuando hay ganado mexicano de alta calidad esperando ser comercializado. La organización pide solidaridad para priorizar el producto nacional.
Los productores no se han quedado de brazos cruzados. Han implementado 26 acciones estratégicas para combatir el gusano barrenador, incluyendo capacitaciones, monitoreo de casos y la creación de un departamento de inteligencia para frenar el trasiego ilegal. Además, han invertido en mejorar la infraestructura de las cuarentenarias de exportación para cumplir con los protocolos internacionales.
La Confederación también busca una negociación expedita con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos para regionalizar los estados exportadores. Este proceso podría permitir la reanudación gradual de las exportaciones, pero hasta ahora las trabas políticas y sanitarias persisten, dejando a los ganaderos en una situación de incertidumbre.
El impacto de esta crisis trasciende lo económico. La ganadería mexicana, que representa el sustento de miles de familias, está en riesgo de colapsar si no se toman medidas urgentes. Los productores han reiterado su compromiso para trabajar con las autoridades y garantizar la autosuficiencia en carne de res, pero la falta de apoyo gubernamental sigue siendo un obstáculo.
La situación actual es un recordatorio de los retos que enfrenta el campo mexicano. Con un mercado interno saturado, fronteras cerradas y una plaga que no cede, los ganaderos exigen respuestas inmediatas. La industria, pilar de la economía rural, espera soluciones que protejan tanto a los productores como a los consumidores.
