El dolor de la contemporaneidad irrumpe con fuerza en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), donde la artista mexicana Teresa Margolles presenta su impactante exposición "¿Cómo salimos?". Esta muestra, inaugurada el 13 de noviembre de 2025, sumerge al espectador en las heridas abiertas de la sociedad mexicana y latinoamericana, explorando temas como la violencia, las desapariciones y la precariedad existencial. A través de instalaciones que combinan materiales recuperados y testimonios directos, Margolles transforma el arte en un espejo implacable del sufrimiento colectivo, invitando a cuestionar no solo el origen del malestar, sino las posibles salidas de este laberinto de agonía.
Una Pregunta Urgente en Tiempos de Crisis
El dolor de la contemporaneidad no es un concepto abstracto en la obra de Teresa Margolles; es una realidad palpable que se teje en cada hilo, cada gota y cada sombra de sus creaciones. Con una formación como médica forense, la artista ha convertido su práctica en un acto de resistencia, utilizando elementos forenses y vestigios de la muerte para denunciar el horror cotidiano. La exposición, que dura cuatro meses, se erige como un llamado a la memoria colectiva, recordándonos que olvidar equivale a perpetuar el ciclo de violencia. En un México marcado por el secuestro de generaciones enteras por el crimen organizado, Margolles pregunta: "¿Cómo salimos?" de esta ruina social, proponiendo que la respuesta radica en confrontar el dolor de la contemporaneidad sin anestesia.
El Eco de Espacios Perdidos
Una de las piezas centrales, "El Eco del Cabaret de Juárez", captura el dolor de la contemporaneidad a través de fotografías de modelos transgénero que evocan los cabarets demolidos en el centro histórico de Ciudad Juárez. Estos espacios, donde se realizaban shows de imitación y drag, fueron arrasados por políticas gubernamentales que ignoraron su valor cultural y humano. Las imágenes, tomadas por Carim Harsanyi, no solo preservan la memoria de esos rincones vibrantes, sino que subrayan la pérdida irreparable de vidas y comunidades marginadas. Aquí, el dolor de la contemporaneidad se materializa en la ausencia, en el silencio de pisos de baile vacíos que una vez resonaron con risas y música.
Esta instalación resuena con fuerza en el contexto de Nuevo León, donde la violencia ha remodelado paisajes urbanos enteros. Margolles, con su enfoque en la periferia y lo desechado, obliga al visitante a imaginar qué historias se borraron con esas demoliciones, convirtiendo el museo en un archivo vivo del dolor de la contemporaneidad.
Instalaciones que Sangran Memoria
El dolor de la contemporaneidad impregna cada una de las ocho instalaciones de la muestra, desde bordados empapados en fluidos de víctimas hasta bloques de cemento que encapsulan el sudor de migrantes. En "Tenemos un hilo en común" (2011-2015), mujeres artesanas de México, Brasil, Guatemala, Nicaragua y Panamá bordaron telas contaminadas con restos biológicos de feminicidios. Mientras cosían, compartían testimonios de violencia de género, transformando la artesanía tradicional en un tapiz de denuncia. Esta obra ilustra cómo el dolor de la contemporaneidad se oculta detrás de la belleza aparente, revelando las grietas en el tejido social latinoamericano.
La Carga Invisible de la Migración
Otra pieza conmovedora es "Inclusión y La entrega" (2017), donde fotografías de venezolanos en Colombia capturan el momento en que se despojan de camisas empapadas de sudor, símbolo de su esfuerzo en tierras extrañas. Esos fluidos, sellados en cubos de cemento, representan el peso del exilio y el olvido forzado. El dolor de la contemporaneidad, en este caso, se asocia al desplazamiento masivo, un fenómeno que azota América Latina y que Margolles documenta con crudeza poética. La exposición no solo expone estas narrativas, sino que las hace táctiles, permitiendo que el público sienta la humedad de la desesperación.
En "Aproximación al Lugar de los Hechos" (2025), treinta planchas de hierro caliente reciben gotas de agua que se evaporan en vapor y siseos, marcando los sitios de asesinatos en municipios como San Nicolás de los Garza, Escobedo y Apodaca. Esta abstracción sonora y visual convierte el MARCO en un mapa auditivo del horror regiomontano, donde el dolor de la contemporaneidad palpita en cada impacto, recordando que la violencia no es un eco lejano, sino un pulso constante en la vida diaria.
Arte como Trinchera de Empatía
La genialidad de Teresa Margolles radica en su capacidad para fusionar lo forense con lo estético, haciendo del dolor de la contemporaneidad un lenguaje universal. Sus obras no buscan conmiseración, sino activación: invitan a los visitantes a salir transformados, con una empatía amplificada hacia las víctimas invisibles. En un panorama donde la precariedad económica y social alimenta el ciclo de agresiones, esta exposición se posiciona como un faro crítico, cuestionando las estructuras que perpetúan el sufrimiento.
Impacto en la Comunidad Artística
El dolor de la contemporaneidad también se refleja en el diálogo que genera la muestra entre artistas locales y el público. Talleres y conversaciones complementarias profundizan en temas como la memoria social y el feminismo en el arte, fomentando un espacio de sanación colectiva. Para los regiomontanos, esta inmersión es particularmente relevante, dado el contexto de inseguridad que ha marcado la entidad en años recientes. Margolles, con su obra transnacional, une hilos de solidaridad que trascienden fronteras, recordando que el arte contra la violencia es un acto de supervivencia compartida.
Más allá de las instalaciones individuales, la curaduría de "¿Cómo salimos?" crea un recorrido cohesivo que escala desde lo íntimo —un bordado manchado— hasta lo monumental —un coro de vapores asesinos—. Este flujo narrativo amplifica el dolor de la contemporaneidad, convirtiéndolo en una sinfonía de resistencias. La artista ha reiterado en entrevistas que su meta es preservar la ruina como monumento, evitando la tábula rasa que el olvido impone. Así, el MARCO no solo exhibe arte, sino que custodia memorias que de otro modo se disiparían en el viento del desdén.
En las profundidades de esta exposición, surgen ecos de conversaciones pasadas en foros culturales regiomontanos, donde se ha debatido largamente sobre cómo el arte puede ser un antídoto al trauma colectivo. Figuras como curadores independientes han destacado, en crónicas dispersas por la prensa local, la maestría de Margolles para hilar lo personal con lo político, un enfoque que resuena en paneles recientes del mismo museo.
De igual modo, relatos de asistentes a previews preliminares, compartidos en círculos artísticos cerrados, subrayan cómo estas piezas despiertan un sentido de urgencia compartida, alineándose con observaciones de expertos en violencia de género que han analizado obras similares en publicaciones especializadas. El dolor de la contemporaneidad, en este contexto, no queda confinado al lienzo, sino que se extiende a diálogos cotidianos que buscan, tal vez, una salida colectiva.
Finalmente, como se ha plasmado en notas de diarios independientes que cubren el panorama cultural neoleonés, la exposición de Margolles marca un hito en la agenda 2025, invitando a una reflexión que perdura más allá de las salas del MARCO. Estas perspectivas, tejidas en el tejido de la crítica local, refuerzan la idea de que el arte, en su crudeza, es el puente hacia la empatía duradera.
