Familias regias celebran Día de Muertos en panteón

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Familias regias inundan Panteón Las Huertas de vida

Familias regias transformaron el Día de Muertos en una explosión de color y emoción al llenar el Panteón Las Huertas de Guadalupe con ofrendas vibrantes. Desde el amanecer, cientos de regiomontanos llegaron cargados de flores de cempasúchil, veladoras y fotografías para honrar a sus seres queridos. El Día de Muertos, esa tradición milenaria que une a vivos y difuntos, cobró vida entre música de mariachi y aromas de copal que perfumaron el camposanto entero.

En cada tumba, las familias regias demostraron que el Día de Muertos es mucho más que una fecha: es un reencuentro. Limpiaban lápidas con esmero, colocaban arreglos de mano de león y compartían anécdotas que provocaban risas entre lágrimas. El Panteón Las Huertas, normalmente silencioso, se convirtió en un jardín flotante donde el Día de Muertos palpitaba con fuerza.

Testimonios que llenan de calor el Día de Muertos

Estela González, de la familia González Puente, explicó cómo las familias regias mantienen viva la memoria: “Lavamos la tumba, renovamos flores y ponemos las canciones favoritas de mis papás”. A pocos metros, Victoria González adornaba con cempasúchil la sepultura de sus padres y hermanos, recordando que “a mi mamá le encantaba la mona de león”. Estas escenas se repetían en todo el panteón, donde el Día de Muertos une generaciones.

Imelda Elizondo, acompañada de sus 11 hermanos, visitó a padres, abuelos y una sobrinita que partió a los 9 años. “Cada Día de Muertos, cumpleaños de mi mamá, Navidad y Día de las Madres traemos flores porque a ella le encantaban”, contó. Brenda Flores, de los Arredondo Sánchez, llegó con sobrinos y tíos para recordar a abuelos trabajadores y a una hermana que se fue joven. “El Día de Muertos nos permite estar todos juntos otra vez”, afirmó.

Tradiciones que convierten el duelo en celebración

Las familias regias demostraron maestría en el arte de ofrendar. Arreglos de terciopelo rojo, cruces de sal y caminos de pétalos guiaban a las almas de regreso. Niños corrían entre tumbas llevando globos, mientras abuelos contaban leyendas de la Llorona adaptadas al Día de Muertos regio. El Panteón Las Huertas vibró con guitarras, trompetas y hasta karaoke de canciones rancheras que hicieron bailar a más de un visitante.

Música y comida: el alma del Día de Muertos regio

En el Día de Muertos, las familias regias no escatimaron en detalles. Mesas improvisadas ofrecían pan de muerto recién horneado, tamales de elote y atole de cajeta. Altavoces portátiles reproducían “Amor Eterno” y “La Bikina”, convirtiendo pasillos del panteón en pistas de baile. Teresa García y sus hijos limpiaron la tumba de Eluterio Jasso mientras su hija Victoria programaba una playlist con los temas favoritos de su padre. “Venimos seguido, no solo en Día de Muertos, para que sepa que aquí hubo alguien importante”, explicó.

El ambiente contrastaba con la solemnidad habitual de un cementerio. Vendedores ambulantes ofrecían coronas de flores y antojitos, mientras fotógrafos capturaban sonrisas frente a altares improvisados. Las familias regias lograron que el Día de Muertos fuera una fiesta donde la muerte se viste de colores y los recuerdos nunca se apagan.

Panteón Las Huertas: epicentro del Día de Muertos en Guadalupe

El Panteón Las Huertas se consolidó como el lugar preferido por las familias regias para celebrar el Día de Muertos. Su ubicación céntrica y amplios espacios permitieron que cientos de vehículos llegaran sin contratiempos. Autoridades municipales instalaron módulos de hidratación y seguridad, garantizando que el Día de Muertos transcurriera sin incidentes. Desde las 6 de la mañana hasta el anochecer, el flujo de visitantes fue constante.

Según datos recogidos por reporteros de Telediario Monterrey, más de tres mil personas acudieron solo el 2 de noviembre. La tradición de pasar la noche en vela cobró fuerza: familias regias instalaron sillas plegables y compartieron café caliente mientras contaban historias de sus fieles difuntos. El Día de Muertos en el Panteón Las Huertas demostró que en Nuevo León la muerte se recibe con los brazos abiertos y el corazón lleno.

Fernanda Pérez, periodista de Telediario que cubrió el evento en directo, capturó testimonios que ahora circulan en redes sociales. Imágenes de altares iluminados y familias abrazadas recorren portales locales, confirmando que el Día de Muertos sigue más vivo que nunca entre las familias regias. Incluso el pronóstico del tiempo de Abimael Salas, emitido esa misma semana, pronosticó cielos despejados ideales para las celebraciones nocturnas en el panteón.