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Familia regia mantiene viva tradición Día de Muertos

Tradición Día de Muertos en Guadalupe, Nuevo León

Tradición Día de Muertos se vive con intensidad en una familia regia que, año tras año, transforma su hogar en un espacio lleno de color y memoria. La familia Amaton, radicada en la colonia Fraccionamiento La Victoria del municipio de Guadalupe, ha convertido esta celebración en el eje de su unión familiar, honrando a sus seres queridos que ya partieron. Desde hace cuatro años, cuando perdieron al padre de Luis Amaton, esta tradición Día de Muertos se ha vuelto más grande, más detallada y más emotiva, demostrando que el recuerdo nunca muere.

La tradición Día de Muertos no es solo un ritual, es una obra de arte colectiva. Luis y su pareja dedican un mes completo a la planeación y ejecución del altar. Comienzan fabricando catrinas a mano con cartón, engrudo y tubos de PVC que luego pintan con precisión. El aserrín teñido forma tapetes intrincados, mientras el papel picado y el papel de china aportan el toque oaxaqueño que la pareja incorpora con orgullo. Cada elemento responde a una razón: flores de cempasúchil guían las almas, velas iluminan el camino y las ofrendas alimentan el espíritu.

Ofrendas que hablan de gustos personales

En esta tradición Día de Muertos, las ofrendas son un menú personalizado. El tequila y la cerveza recuerdan al padre de Luis, el café perfuma el aire por la suegra, y nadie olvida el mole, el arroz o el caldito de res que tanto disfrutaban. Pan de muerto, calaveritas de azúcar, refrescos y frutas completan la mesa. Cada platillo colocado en el altar es una conversación silenciosa con quienes ya no están físicamente, pero regresan cada 1 y 2 de noviembre.

La tradición Día de Muertos adquiere dimensión nacional cuando la familia viaja a Ciudad de México a mediados de octubre. Allí encuentran variedad infinita de papel picado, flores artificiales y adornos que en Monterrey resultan escasos o caros. Este año regresaron con seis maletas repletas, documentando cada compra y cada vuelo para compartir después en redes. El esfuerzo logístico forma parte del ritual y refuerza el compromiso con una tradición Día de Muertos auténtica y abundante.

Influencias regionales en un altar regia

El toque oaxaqueño que enamora

La pareja de Luis trae sangre oaxaqueña, y con ella llega el uso generoso de papel de china recortado que cubre arcos y niveles enteros del altar. Este detalle convierte el espacio en un ambiente cálido y festivo, alejado del luto y cercano a la celebración. La tradición Día de Muertos mezcla así lo regiomontano con lo zapoteca, creando un altar híbrido que enseña a las nuevas generaciones la riqueza cultural del país.

La tradición Día de Muertos también educa. Los niños de la casa aprenden a cortar papel, a pintar catrinas y a colocar cada vela con respeto. Luis explica que el altar crece porque “queremos que vengan a visitarnos y se sientan festejados”. Esa frase resume el espíritu: no es despedida, es reencuentro anual. Cada año agregan algo nuevo –un nivel más, una catrina gigante, luces LED– para sorprender a las almas y a los vecinos que pasan a admirar la obra.

Cuatro años de evolución visible

El primer altar, montado días después del fallecimiento del padre, era modesto. Hoy ocupa paredes enteras y requiere andamios caseros. La tradición Día de Muertos ha evolucionado de un pequeño rincón a una instalación que compite con las de los panteones municipales. Vecinos de Fraccionamiento La Victoria ya esperan la fecha para tomarse fotos y llevar a sus hijos a aprender. Así, un acto privado se vuelve comunitario y fortalece el tejido social de Guadalupe.

Medios locales como Telediario Monterrey han documentado esta historia durante los últimos años, destacando cómo una familia mantiene viva la esencia prehispánica en pleno siglo XXI. Reporteros como Fernanda Pérez han registrado el crecimiento del altar y las palabras de Luis, que siempre enfatiza la dedicación de un mes completo. Crónicas similares aparecen en portales regiomontanos que cubren costumbres de temporada, confirmando que la tradición Día de Muertos sigue más fuerte que nunca en Nuevo León.

En publicaciones digitales especializadas en cultura mexicana se repite el relato de familias que viajan a la Ciudad de México por materiales, coincidiendo con el periplo de los Amaton. Incluso en redes sociales circulan videos de altars similares en Guadalupe, mostrando que esta tradición Día de Muertos trasciende lo individual y se convierte en orgullo colectivo. Así, cada vela encendida ilumina no solo el camino de los difuntos, sino el de una comunidad que se niega a olvidar.

La tradición Día de Muertos, tal como la vive la familia Amaton, demuestra que basta un puñado de papel picado y mucho amor para mantener vivos a quienes se fueron. Mientras haya quienes dediquen un mes a preparar ofrendas y catrinas, México seguirá celebrando la muerte como solo México sabe hacerlo.

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