Clausura politizada del Zoológico La Pastora

167

La clausura del Zoológico La Pastora ha generado una controversia que sacude los cimientos del Parque Fundidora en Monterrey, Nuevo León. Esta medida, impuesta por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), ha sido calificada como un acto politizado por las autoridades locales, desatando un enfrentamiento entre el gobierno estatal y la federación. En un contexto de tensiones crecientes por el control de espacios públicos y la protección ambiental, el Consejo Ciudadano del Parque Fundidora no se ha quedado de brazos cruzados y prepara una batalla legal para revertir lo que consideran una decisión arbitraria. Esta situación no solo afecta la operación diaria del zoológico, sino que pone en jaque el futuro de 91 ejemplares de vida silvestre y el disfrute de miles de visitantes que acuden anualmente a este emblemático recinto.

Acusaciones de politización en la clausura del Zoológico La Pastora

Desde el momento en que se anunció la clausura del Zoológico La Pastora, las voces del Parque Fundidora han resonado con fuerza. Bernardo Bichara, presidente del Consejo Ciudadano, no escatimó en palabras al describir el procedimiento como un "acto politizado y sin fundamento". En un video difundido en las redes sociales oficiales del parque, Bichara detalló las irregularidades que, según él, marcan el proceso. La inspección de Profepa, realizada entre el 25 y el 27 de septiembre de 2025, culminó con una notificación de cierre a las 14:00 horas, mucho antes de que las actas oficiales fueran firmadas a las 16:00. Esta discrepancia temporal, argumenta Bichara, evidencia una predisposición ideológica más que un análisis técnico imparcial.

El Zoológico La Pastora, integrado al vasto ecosistema del Parque Fundidora, representa un pilar cultural y educativo para la comunidad regiomontana. Inaugurado hace décadas como parte de un esfuerzo por preservar y exhibir la fauna silvestre, ha sido un espacio donde familias enteras han aprendido sobre la biodiversidad mexicana. Sin embargo, la clausura del Zoológico La Pastora amenaza con interrumpir esta tradición, dejando a los animales en un limbo administrativo y a los visitantes sin uno de sus atractivos principales. Las autoridades del parque insisten en que, lejos de ser negligentes, han invertido recursos significativos en el bienestar de los especímenes, y que esta medida federal ignora los avances locales en materia de conservación.

Irregularidades detectadas en el procedimiento de inspección

Las irregularidades en la clausura del Zoológico La Pastora no se limitan al timing de la notificación. Bichara ha señalado que Profepa omitió protocolos estándar de verificación, como la revisión exhaustiva de registros médicos y nutricionales actualizados. Según el Consejo, los inspectores federales actuaron con premura, sin dar oportunidad a la administración para corregir posibles deficiencias en el momento. Esta prisa, combinada con el traslado inmediato de la osa Mina —el caso emblemático de la inspección— a un centro en Hidalgo, ha sido interpretada como un intento de forzar una narrativa de negligencia que encaje en agendas políticas más amplias.

La osa Mina, una hembra de oso negro en peligro de extinción según la NOM-059-SEMARNAT-2010, se convirtió en el epicentro de la clausura del Zoológico La Pastora. Durante las visitas de Profepa, se observaron signos de deterioro físico: lesiones en la piel, úlceras y deficiencias nutricionales que, según la procuradora federal Mariana Boy Tamborrell, ponían en riesgo su vida y la salud pública. El traslado a INVICTUS, un centro especializado en Pachuca, Hidalgo, fue justificado como una medida de protección inmediata. No obstante, el Parque Fundidora argumenta que estos problemas eran transitorios y que el animal recibía atención veterinaria adecuada, cuestionando la veracidad de las evaluaciones federales.

Impacto ambiental y social de la clausura del Zoológico La Pastora

La clausura del Zoológico La Pastora trasciende el mero cierre administrativo; representa un golpe al equilibrio entre desarrollo urbano y preservación ecológica en Nuevo León. El parque, con sus 91 ejemplares asegurados por Profepa, ha servido como refugio temporal para animales rescatados de tráfico ilegal y malas condiciones en otras instalaciones. Ahora, con la decisión federal, estos especímenes podrían ser reubicados en masa, lo que genera preocupaciones sobre su estrés durante el proceso y la continuidad de sus cuidados. Expertos en vida silvestre locales advierten que traslados masivos sin planificación detallada pueden exacerbar problemas de salud, un riesgo que el Consejo busca mitigar mediante su apelación legal.

En términos sociales, la clausura del Zoológico La Pastora afecta directamente a la economía local del Parque Fundidora. Miles de familias dependen de las visitas al zoológico para recreación accesible y educativa, fomentando un sentido de responsabilidad ambiental desde temprana edad. Programas escolares que utilizan el recinto como aula viva se verán interrumpidos, potencialmente reduciendo la conciencia pública sobre especies en peligro como el oso negro. Además, el impacto en el empleo es innegable: guías, veterinarios y personal de mantenimiento enfrentan incertidumbre, en un momento en que el sector turístico regiomontano busca recuperarse de desafíos post-pandemia.

Respuestas legales y perspectivas futuras para el zoológico

Ante la clausura del Zoológico La Pastora, el área jurídica del Parque Fundidora ha sido activada con urgencia. Al día siguiente de las declaraciones públicas —el 3 de octubre de 2025—, se interpusieron recursos administrativos y amparos para cuestionar la legalidad de la medida. Bichara enfatizó que el objetivo es no solo reabrir el espacio, sino exponer la "brutalidad" del procedimiento, que incluye la negación de más ejemplares asegurados a futuro. Esta confrontación legal podría extenderse a instancias judiciales superiores, marcando un precedente en las disputas entre entes federales y estatales sobre gestión ambiental.

Las perspectivas futuras para la clausura del Zoológico La Pastora dependen en gran medida de la resolución de estos litigios. Mientras tanto, el Consejo ha implementado medidas provisionales para el cuidado de los animales restantes, colaborando con veterinarios independientes para documentar su estado óptimo. Esta iniciativa busca contrarrestar la narrativa federal y reforzar la posición del parque como un aliado genuino en la conservación. Analistas locales sugieren que, si se demuestra politización, podría haber repercusiones en la relación entre Profepa y administraciones municipales, promoviendo reformas en los protocolos de inspección para mayor transparencia.

En el corazón de esta disputa por la clausura del Zoológico La Pastora late una pregunta más profunda: ¿hasta dónde llega el equilibrio entre protección ambiental y autonomía local? El Parque Fundidora, con su historial de innovación en espacios verdes urbanos, se posiciona como defensor de un modelo híbrido donde la comunidad participa activamente en la custodia de la fauna. La resolución de este caso podría inspirar cambios en cómo se manejan zoológicos similares en México, priorizando diálogos interinstitucionales sobre imposiciones unilaterales. Mientras los abogados preparan su ofensiva, el silencio del zoológico resuena como un llamado a la reflexión colectiva sobre nuestro rol en la preservación de la biodiversidad.

La tensión entre el estado y la federación en torno a la clausura del Zoológico La Pastora no es un hecho aislado, sino parte de un patrón de fricciones administrativas que han marcado la gestión del Parque Fundidora en los últimos años. Fuentes cercanas al Consejo mencionan que, en conversaciones informales con inspectores previos, se habían acordado planes de mejora que nunca se materializaron en esta ocasión. De igual modo, reportes internos del centro INVICTUS indican que la osa Mina muestra signos de recuperación, aunque sin atribuir culpas directas al zoológico original.

Finalmente, la clausura del Zoológico La Pastora invita a considerar el legado de espacios como este en la identidad regiomontana. Vecinos y activistas ambientales, en foros locales, han expresado su apoyo al parque, recordando anécdotas de visitas que forjaron su amor por la naturaleza. Aunque el futuro inmediato es incierto, la determinación del equipo directivo sugiere que el zoológico no permanecerá cerrado por mucho tiempo, prometiendo un retorno fortalecido con lecciones aprendidas de esta turbulenta experiencia.