Ganaderos de NL exigen analizar impuesto al ganado

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Impuesto al ganado en Nuevo León representa un desafío significativo para los productores agropecuarios del estado. Los ganaderos locales han elevado su voz para exigir un análisis exhaustivo de esta medida fiscal propuesta por el gobierno federal, que busca gravar las emisiones de contaminantes generadas en la producción bovina. Esta iniciativa, programada para entrar en vigor en 2026, ha generado preocupación entre el sector, que demanda considerar el ciclo completo de producción para evaluar su impacto real en el medio ambiente y la economía regional.

Preocupaciones de los ganaderos ante el impuesto al ganado

El impuesto al ganado no es solo una carga fiscal; es un elemento que podría alterar el equilibrio delicado de la industria agropecuaria en Nuevo León. Durante la reciente Expo AgroNoreste & Bovinos Carne, celebrada en Cintermex de Monterrey, los productores han insistido en que las autoridades deben revisar con detenimiento cómo esta tasa afectará sus operaciones diarias. El gravamen se aplicaría a las emisiones de metano entérico producidas por los bovinos, así como a las derivadas del consumo de diésel en el transporte, gas natural, electricidad y otros insumos esenciales para el engorde y manejo del ganado.

El impacto ambiental del impuesto al ganado en la producción bovina

En el corazón del debate sobre el impuesto al ganado se encuentra la medición de la huella de carbono. Expertos como José María Castro Marín, director general de Soluciones Agroganaderas para el Cambio Climático, han destacado la necesidad de utilizar herramientas especializadas, como calculadoras de emisiones, para cuantificar con precisión estas huellas. Castro Marín, en su ponencia titulada “Agronegocios con Huella Verde: Cómo capitalizar los certificados de carbono en el sector productivo”, explicó que los ganaderos podrían mitigar el impuesto al ganado mediante prácticas innovadoras. Por ejemplo, la instalación de paneles solares en las fincas o la adopción de biodigestores para procesar desechos orgánicos permitiría generar créditos de carbono, compensando parte de la carga fiscal.

Además, el impuesto al ganado abre la puerta a la ganadería regenerativa, un enfoque que no solo reduce emisiones sino que mejora la salud del suelo y la biodiversidad en las zonas ganaderas de Nuevo León. Proveedores locales, muchos de ellos pequeños y medianos, ya están preparados para implementar estas técnicas, lo que podría transformar el impuesto al ganado en una oportunidad para la sostenibilidad. Sin embargo, persiste la incertidumbre sobre el porcentaje exacto de compensación que el gobierno federal permitirá, un detalle crucial para planificar inversiones en estas tecnologías verdes.

La exigencia de considerar el ciclo de producción en el impuesto al ganado

Uno de los argumentos más sólidos presentados por los ganaderos es la inclusión del ciclo de producción completo en el cálculo del impuesto al ganado. Luis Lauro González Alanís, presidente del Consejo Agropecuario de Nuevo León (CEANL), ha sido enfático al respecto. En sus declaraciones durante el evento, González Alanís subrayó que el proceso de crianza y engorde del ganado involucra no solo emisiones directas, sino también actividades que activamente reducen la contaminación. “Si planean establecer un impuesto por contaminación a la producción y engorda de ganado bovino, entonces que se considere y nos den oportunidad de mostrar todo el proceso de producción de los animales en el que se ocupan plantas, pasto, maíz, sorgo, alimentos y demás, los cuales contribuyen a disminuir la contaminación”, afirmó.

Balance neto de emisiones en el ciclo de producción ganadera

El ciclo de producción ganadera en Nuevo León es un ecosistema interconectado donde los cultivos forrajeros juegan un rol pivotal. Al restar las absorciones de carbono generadas por la siembra de maíz, sorgo y pastos a las emisiones de metano de los animales y sus desechos, el saldo neto contaminante podría resultar insignificante o incluso negativo. Esta perspectiva holística es esencial para que el impuesto al ganado sea justo y efectivo. Los ganaderos argumentan que ignorar estos offsets equivaldría a una visión miope de la sostenibilidad, penalizando injustamente a un sector que ya contribuye a la mitigación climática a través de sus prácticas agrícolas integrales.

En este contexto, el impuesto al ganado también resalta la importancia de integrar al sector agropecuario en el Sistema de Comercio de Emisiones de México. Actualmente, este mecanismo regula industrias como la energética, cementera y acerera, pero su expansión al ámbito rural podría equilibrar la balanza. Para los productores de Nuevo León, adaptarse al impuesto al ganado significaría no solo cumplir con normativas, sino posicionarse como líderes en agronegocios sostenibles, atrayendo inversiones en certificados de carbono y fomentando alianzas con entidades ambientales.

Desafíos económicos del impuesto al ganado para Nuevo León

Desde una perspectiva económica, el impuesto al ganado plantea interrogantes sobre la viabilidad a largo plazo de la producción bovina en la región. Nuevo León, como uno de los estados clave en la ganadería nacional, depende en gran medida de esta actividad para generar empleo y exportaciones. La implementación abrupta de esta tasa podría elevar costos operativos en un 10-15%, según estimaciones preliminares de asociaciones locales, afectando desde pequeños rancheros hasta grandes feedlots. Por ello, los ganaderos urgen a legisladores federales a convocar mesas de diálogo que incorporen datos regionales y proyecciones de impacto.

Estrategias para mitigar el impuesto al ganado mediante innovación

Frente al impuesto al ganado, la innovación emerge como aliada indispensable. La adopción de prácticas regenerativas, como la rotación de cultivos y el manejo integral de pastizales, no solo compensa emisiones sino que incrementa la resiliencia ante sequías y variabilidad climática. En Nuevo León, donde el cambio climático ya afecta la disponibilidad de agua y forraje, estas estrategias podrían reducir la dependencia de insumos importados y fortalecer la cadena de valor local. Además, la generación de créditos de carbono abre mercados emergentes, permitiendo a los ganaderos monetizar sus esfuerzos ambientales y contrarrestar el peso del impuesto al ganado.

El debate alrededor del impuesto al ganado también subraya la necesidad de políticas públicas que incentiven la transición verde sin asfixiar la productividad. Programas de subsidios para biodigestores o capacitaciones en medición de huellas podrían ser el puente ideal, asegurando que el sector no solo cumpla, sino que prospere bajo el nuevo régimen fiscal.

En las discusiones informales que siguieron al evento en Cintermex, participantes recordaron cómo reportes de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales han explorado estos temas en foros previos, alineándose con las ponencias de expertos como Castro Marín. Asimismo, declaraciones de líderes como González Alanís han sido cubiertas en publicaciones especializadas del sector agropecuario, reforzando la llamada a un enfoque integral.

Mientras tanto, observadores del Consejo Agropecuario de Nuevo León han señalado en conversaciones privadas que iniciativas similares en otros estados han ajustado sus marcos tras consultas locales, un precedente que podría influir en las decisiones federales sobre el impuesto al ganado.

Finalmente, fuentes cercanas al evento mencionan que actualizaciones del Sistema de Comercio de Emisiones, según boletines oficiales, prometen mayor inclusión para el agro, lo que podría suavizar el impacto en regiones como Nuevo León.