El desabasto de medicamentos en México se ha convertido en una crisis que afecta a miles de pacientes, especialmente en el sector público de salud. La supuesta lucha anticorrupción del gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, ha sido señalada como una de las principales causas de esta problemática que deja sin tratamientos esenciales a personas con enfermedades graves como el cáncer. En lugar de resolver el suministro de fármacos, las decisiones gubernamentales han generado un caos que pone en riesgo vidas y desata críticas por la ineficiencia en la gestión de recursos médicos.
La situación comenzó a agravarse tras la cancelación de una licitación de medicamentos para 2025-2026, gestionada por Birmex, debido a presuntas irregularidades que implicaban un sobrecosto de 13 mil millones de pesos en 175 claves de insumos médicos. Esta medida, presentada como un esfuerzo por combatir la corrupción, dejó al sistema de salud público sin el abasto necesario para atender a los pacientes. En Jalisco, por ejemplo, el desabasto de medicamentos oncológicos ha alcanzado niveles críticos, con solo el 13% de las claves requeridas surtidas por el gobierno federal en 2025. Medicamentos esenciales como Anastrozol, Capecitabina y Oxaliplatino brillan por su ausencia en hospitales públicos, obligando a los pacientes a buscar alternativas costosas o a interrumpir sus tratamientos, lo que puede tener consecuencias fatales.
Pacientes como Lidia Martínez, una mujer de Tuxpan, Jalisco, con cáncer de colon, han compartido historias desgarradoras. Antes de 2025, Lidia no tenía problemas para acceder a sus quimioterapias, pero ahora ha enfrentado interrupciones en su tratamiento. “Ahorita no tenemos medicinas, ya van dos veces que no me ponen mis quimioterapias”, relató, evidenciando el impacto directo del desabasto de medicamentos en su vida. Casos como el suyo no son aislados; cerca de mil 200 pacientes en hospitales como el Instituto Jalisciense de Cancerología y el Hospital Civil de Guadalajara enfrentan la misma situación, dependiendo de asociaciones civiles como Nariz Roja para obtener los fármacos que el gobierno no proporciona.
El gobierno de Jalisco, consciente del problema, destinó 200 millones de pesos para adquirir medicamentos oncológicos de manera emergente, pero esta medida resultó insuficiente. Hugo Bravo, director de Servicios de Salud Jalisco, admitió que los insumos adquiridos por el estado se agotaron rápidamente, y la cancelación de licitaciones federales ha dejado nuevamente desprotegidos a los pacientes. Mientras tanto, la promesa de Claudia Sheinbaum de regularizar el abasto de medicamentos en julio de 2025 no se ha cumplido, generando una ola de protestas. Organizaciones como Nariz Roja han convocado marchas nacionales, exigiendo soluciones inmediatas y acusando al gobierno federal de incumplir sus compromisos.
A nivel nacional, el desabasto de medicamentos no solo afecta a pacientes oncológicos. Según datos recientes, el IMSS dejó de surtir 11.5 millones de piezas de medicamentos en 2024, incluyendo fármacos para diabetes, hipertensión y salud mental. Esta crisis ha llevado a los derechohabientes a gastar sumas considerables en farmacias privadas, donde medicamentos como el valsartán compuesto pueden costar hasta 2 mil pesos por envase. La situación se agrava por la falta de personal médico y citas que pueden tardar hasta tres meses en los hospitales públicos, lo que complica aún más el acceso a la atención adecuada.
El gobierno federal, a través de figuras como Eduardo Clark, subsecretario de Salud, ha intentado justificar la situación asegurando que se han adquirido millones de piezas de medicamentos y que las entregas están en curso. Sin embargo, la realidad en los hospitales contradice estas afirmaciones. La anulación de la licitación de Birmex, liderada por la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, ha sido criticada por algunos expertos como una decisión más política que técnica. La falta de un plan sólido para reemplazar los contratos cancelados ha generado incertidumbre, y las promesas de nuevas licitaciones internacionales y plataformas digitales de transparencia no han logrado calmar las críticas.
Organizaciones civiles y pacientes han elevado la voz para exigir claridad y acción. Alejandro Barbosa, presidente de Nariz Roja, ha señalado que la interrupción de tratamientos oncológicos, incluso por una semana, puede reducir significativamente las probabilidades de recuperación. “Si no han llegado los medicamentos del gobierno federal, ¿qué vamos a hacer?”, cuestionó, demandando un plan alternativo para garantizar el abasto de medicamentos. En este contexto, la credibilidad del gobierno se encuentra en entredicho, especialmente tras años de promesas incumplidas desde el desmantelamiento del sistema de compras consolidadas en 2019.
La crisis del desabasto de medicamentos también ha sido documentada por colectivos como Cero Desabasto, que reportan un aumento alarmante en las quejas de pacientes y médicos en 2025. Según sus registros, los reportes de desabasto se han triplicado en comparación con el año anterior, con los medicamentos oncológicos encabezando la lista de los más escasos. Esta situación no solo afecta a los pacientes, sino también al personal médico, que enfrenta la frustración de no contar con los insumos necesarios para salvar vidas.
Voces expertas, como la de Maribel Ramírez Coronel, han señalado que el problema tiene raíces estructurales, desde la desaparición del Seguro Popular hasta la falta de pago a proveedores. Estas fallas, combinadas con una planeación deficiente y una centralización excesiva, han convertido al sistema de salud en un caos logístico. Mientras el gobierno promete soluciones ambiciosas, como producir medicamentos y vacunas a nivel nacional, la falta de infraestructura y experiencia en el sector público genera escepticismo sobre su viabilidad.
Pacientes, médicos y organizaciones civiles continúan alzando la voz, exigiendo que el desabasto de medicamentos deje de ser un drama silencioso que cobra vidas. La presión social ha llevado a manifestaciones en las calles, como la marcha convocada por Nariz Roja el 9 de agosto de 2025 en Guadalajara, donde niños como Ainhoa Castañeda, de 11 años, expresaron su preocupación por la falta de quimioterapias. La sociedad mexicana espera respuestas concretas y no más promesas vacías.
Diversas fuentes han recopilado testimonios de pacientes y expertos que reflejan la magnitud de la crisis. Reportes periodísticos han destacado el impacto en Jalisco, donde el gobierno estatal ha intentado mitigar el problema con recursos propios, aunque sin éxito duradero. Organizaciones civiles han compartido datos alarmantes sobre el aumento de quejas por desabasto, subrayando la urgencia de una solución estructural. Mientras tanto, declaraciones de funcionarios federales han intentado calmar las aguas, pero la falta de resultados concretos mantiene la incertidumbre.
La lucha contra el desabasto de medicamentos en México requiere más que discursos anticorrupción. Es necesario un sistema de adquisiciones eficiente, transparente y capaz de priorizar la vida de los pacientes. Hasta que estas medidas se implementen, miles de mexicanos seguirán enfrentando un sistema de salud que, lejos de protegerlos, los deja a su suerte.
