En Pachuca, la capital de Hidalgo, los cuentahabientes están enfrentando un nuevo golpe con el cierre de sucursales bancarias. En lo que va de 2025, tres bancos han cerrado sus puertas en la ciudad, generando una ola de inconformidad entre los usuarios. La reducción de sucursales ha complicado el acceso a servicios financieros, obligando a las personas a trasladarse a otras zonas, lo que implica más tiempo y costos adicionales.
Uno de los casos más recientes es el cierre de la sucursal de BBVA Bancomer en la avenida Juárez. Los clientes que dependían de esta sucursal ahora deben acudir a la plaza Independencia, frente al Reloj Monumental, o a la sucursal en Plaza Bella, ubicada en la avenida Francisco I. Madero. Esta situación ha generado largas filas en los cajeros automáticos, especialmente durante los días de quincena, cuando la afluencia de usuarios aumenta significativamente.
Las molestias no terminan ahí. Los traslados a otras sucursales implican gastos adicionales en transporte para muchos usuarios, especialmente para aquellos que viven lejos de las nuevas ubicaciones. En un contexto donde la economía local ya enfrenta retos, estos costos extra representan una carga más para los habitantes de Pachuca y su zona metropolitana.
El cierre de sucursales no es un fenómeno aislado. En los últimos meses, otros bancos han seguido la misma tendencia, argumentando ajustes operativos o la promoción de servicios digitales. Sin embargo, no todos los usuarios están familiarizados con la banca en línea, y la falta de sucursales físicas complica el acceso a servicios esenciales, como depósitos, retiros o trámites que requieren atención presencial.
La situación se agrava porque las sucursales restantes no están preparadas para absorber la demanda de los clientes reubicados. En la plaza Independencia, por ejemplo, los cajeros automáticos presentan tiempos de espera prolongados, lo que genera frustración entre los usuarios. Algunos han reportado esperas de hasta una hora para realizar operaciones básicas.
Además, la infraestructura de transporte en Pachuca no siempre facilita los traslados a las sucursales disponibles. Las distancias entre las colonias y los nuevos puntos de atención bancaria pueden ser considerables, especialmente para quienes no cuentan con vehículo propio. Esto afecta particularmente a personas mayores o a quienes dependen de servicios bancarios frecuentes.
A pesar de los esfuerzos de los bancos por promover la banca digital, la transición no ha sido sencilla para todos. Muchos usuarios, especialmente en comunidades con menor acceso a internet o conocimientos tecnológicos, siguen dependiendo de las sucursales físicas. La falta de opciones accesibles pone en evidencia las brechas digitales que aún persisten en la región.
La ciudadanía ha expresado su preocupación por la falta de comunicación previa sobre estos cierres. En muchos casos, los bancos no informaron con suficiente antelación, dejando a los usuarios sin tiempo para planificar sus operaciones. Esta situación ha generado críticas hacia las instituciones financieras por no considerar el impacto en sus clientes.
El panorama en Pachuca refleja un problema más amplio en el sector bancario, donde la rentabilidad parece priorizarse sobre las necesidades de los usuarios. Mientras las instituciones promueven la digitalización, los habitantes de la ciudad enfrentan las consecuencias de una reducción en los servicios presenciales, sin soluciones claras a la vista.
Por ahora, los cuentahabientes de Pachuca deben adaptarse a este nuevo escenario, reorganizando sus rutinas y enfrentando los costos adicionales que implican los cierres. La incertidumbre sobre si más sucursales seguirán el mismo camino mantiene a los usuarios en alerta, mientras buscan alternativas para satisfacer sus necesidades financieras.


