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Marchan por 24 víctimas de masacre en anexo CRAD

Marchan por 24 víctimas de masacre en anexo CRAD es el clamor que resonó en las calles de Salamanca, Guanajuato, este viernes 3 de octubre de 2025. Familias enlutadas y colectivos de apoyo se unieron en una manifestación pacífica para conmemorar el primer aniversario de la tragedia que sacudió al centro de rehabilitación CRAD, un lugar que prometía esperanza pero terminó convertido en escenario de horror. Esta marcha, parte de la jornada “2do rojo amanecer”, no solo busca honrar a los caídos, sino también visibilizar la impunidad que persiste en casos de violencia extrema en la región. En un contexto donde la inseguridad en Guanajuato sigue escalando, este evento subraya la urgencia de respuestas institucionales efectivas.

La masacre en el anexo CRAD: un año de dolor sin cierre

La noche del 3 de octubre de 2024 quedará grabada en la memoria colectiva de Salamanca como el día en que la violencia irrumpió sin piedad en el anexo CRAD. Ubicado en la calle La Calera esquina Reforma, en la colonia El Rosario, este centro de rehabilitación para adicciones albergaba a personas en busca de una segunda oportunidad. Alrededor de las 9 de la noche, un grupo de hombres armados, respaldados por una camioneta, derribó la puerta principal y entró disparando con armas de diversos calibres. Cuatro hombres perdieron la vida en el acto, mientras que cinco más fueron heridos de gravedad y trasladados de urgencia a hospitales locales.

Pero el terror no terminó allí. Los atacantes secuestraron a varias personas presentes, algunas de las cuales fueron encontradas sin vida días después en fosas clandestinas o zonas aledañas. Según los familiares, el saldo total asciende a 24 víctimas: los ejecutados en el sitio, los secuestrados localizados postmortem y aquellos que aún permanecen desaparecidos, dejando un vacío irreparable en sus hogares. Esta masacre en el anexo CRAD no fue un hecho aislado, sino parte de una ola de agresiones que azotan a centros de rehabilitación en Guanajuato, donde la vulnerabilidad de estos espacios los convierte en blancos fáciles para el crimen organizado.

Detalles del ataque que conmocionó a Salamanca

Los testigos oculares, muchos de ellos sobrevivientes, describen una escena de caos absoluto. Las balas no discriminaron, y el sonido de los disparos se mezcló con gritos de auxilio en la oscuridad. La policía municipal y estatal llegó minutos después, pero el daño ya estaba hecho. Las investigaciones iniciales apuntaron a posibles vínculos con disputas entre grupos delictivos que controlan el territorio, aunque hasta la fecha no se ha esclarecido el móvil preciso. La impunidad en estos casos de violencia en centros de rehabilitación agrava el trauma colectivo, dejando a las familias en un limbo de incertidumbre y rabia contenida.

La jornada “2do rojo amanecer”: un tributo colectivo a las víctimas

Para marcar el aniversario, las familias organizaron una serie de actividades bajo el lema “2do rojo amanecer”, simbolizando tanto el amanecer de una posible justicia como el color de la sangre derramada. La marcha inició a las 10 de la mañana en la calle Ébano de la colonia Bellavista, un punto de partida simbólico cerca de donde muchas de las víctimas residían. Cientos de personas, incluyendo vecinos solidarios y miembros de colectivos de búsqueda de desaparecidos, caminaron con pancartas y velas en mano hasta el jardín principal de Salamanca, donde se realizó una jornada de oración por las almas de los 24 afectados.

Durante el recorrido, los participantes corearon consignas como “Justicia para las víctimas de la masacre en el anexo CRAD” y “No más impunidad en Guanajuato”. La atmósfera, aunque cargada de tristeza, fue de unidad y determinación. Familias que han perdido a hijos, hermanos o padres en este y otros incidentes similares se unieron, compartiendo testimonios que humanizan la estadística fría de la violencia. Esta manifestación por las 24 víctimas no solo rinde homenaje, sino que amplifica voces que exigen que el estado no olvide sus responsabilidades en materia de seguridad pública.

El rol de los centros de rehabilitación en la lucha contra las adicciones

Los anexos como el CRAD representan un pilar fundamental en la batalla contra las adicciones en comunidades marginadas. En Salamanca, donde el consumo de sustancias ha aumentado en los últimos años debido a la inestabilidad social, estos espacios ofrecen refugio y tratamiento a bajo costo. Sin embargo, su precaria regulación y ubicación en zonas vulnerables los exponen a riesgos extremos. La masacre en el anexo CRAD expuso estas fallas sistémicas, donde la ausencia de protección estatal permite que la violencia penetre incluso en lugares dedicados a la sanación.

Expertos en salud pública han advertido que incidentes como este desalientan a potenciales usuarios, perpetuando un ciclo de adicción y marginalidad. En respuesta, algunos colectivos han propuesto reformas para fortalecer la seguridad en estos centros, incluyendo patrullajes regulares y protocolos de emergencia. Mientras tanto, las familias de las víctimas continúan su labor de advocacy, recordando que detrás de cada número hay una historia de lucha personal interrumpida brutalmente.

Impunidad y la crisis de seguridad en Guanajuato

La marcha por las 24 víctimas de la masacre en el anexo CRAD también sirvió como recordatorio alarmante de la crisis de inseguridad que azota Guanajuato. Este estado, uno de los más violentos del país, registra cientos de homicidios y desapariciones anuales, muchos vinculados al narcotráfico y disputas territoriales. La falta de detenciones en este caso específico ilustra un patrón preocupante: de los cientos de carpetas de investigación abiertas por ataques similares, solo un puñado culmina en sentencias.

Las autoridades locales han prometido redoblar esfuerzos, pero las familias dudan de estas declaraciones, citando años de promesas incumplidas. La violencia en centros de rehabilitación, en particular, ha cobrado un costo humano devastador, con al menos una docena de incidentes reportados en la región en los últimos dos años. Esta realidad obliga a reflexionar sobre la necesidad de estrategias integrales que combinen represión del crimen con prevención social, abordando las raíces de la adicción y la pobreza que alimentan estos ciclos de horror.

Voces de las familias: testimonios de resiliencia

Entre los participantes, se escucharon relatos desgarradores. Una madre, cuyo hijo fue una de las primeras víctimas, compartió cómo la noticia la alcanzó en plena cena familiar, rompiendo su mundo en pedazos. Otro familiar, representando a un desaparecido, enfatizó la agonía de no saber: “Cada día es una marcha interna, pero hoy salimos a gritar por todos”. Estos testimonios, crudos y auténticos, humanizan la tragedia y subrayan por qué eventos como la marcha por las 24 víctimas son cruciales para mantener viva la memoria.

La cobertura de medios locales, como el Periódico Correo, ha sido vital en amplificar estas voces, documentando no solo el evento sino el contexto más amplio de impunidad en Guanajuato. Informes de organizaciones de derechos humanos, tales como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, han respaldado las cifras de las familias, cuestionando las estadísticas oficiales que minimizan el impacto. De igual modo, reportajes en diarios regionales han seguido el hilo de investigaciones paralelas, revelando patrones en la violencia contra anexos que las autoridades parecen ignorar.

En las semanas previas a la marcha, colectivos independientes publicaron análisis que conectan esta masacre con una serie de eventos similares, insistiendo en la necesidad de una comisión especial para revisar estos casos. Así, mientras el sol se ponía sobre el jardín principal, los presentes se dispersaron con una promesa tácita: la lucha por justicia en la masacre del anexo CRAD continuará, alimentada por la solidaridad comunitaria y el eco de voces que se niegan a ser silenciadas.

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