Acueducto Solís-León se ha convertido en el epicentro de una creciente controversia en el sureste de Guanajuato, donde comunidades enteras se movilizan para defender un recurso vital: el agua. En Acámbaro, cientos de residentes han alzado su voz en una marcha pacífica que resuena con el grito unificado de "El agua no se vende, se defiende". Esta manifestación no es solo un acto de protesta, sino una declaración colectiva contra lo que perciben como una amenaza inminente a su sustento diario, su agricultura y su medio ambiente. El proyecto, impulsado por el gobierno estatal, busca extraer agua de la presa Solís para abastecer a León y otras ciudades del Bajío, pero a costa, según los opositores, de dejar en sequía a regiones como Acámbaro, Apaseo el Grande y Salamanca.
La marcha en Acámbaro: Un pueblo unido por el agua
El pasado 30 de noviembre de 2025, la plaza cívica Miguel Hidalgo en Acámbaro se llenó de pancartas, tractores y voces decididas. Comerciantes, agricultores, empresarios, delegados comunitarios y familias enteras se congregaron para marchar en contra del Acueducto Solís-León. Los campesinos, al frente de la caravana sobre sus maquinaria agrícola, portaban lemas como "Agua, Tierra y Libertad", simbolizando no solo la defensa del recurso hídrico, sino un reclamo por justicia ambiental y social en Guanajuato. Esta no es la primera vez que Acámbaro se organiza; el movimiento ha ganado fuerza con el paso de los meses, impulsado por el temor a una escasez que podría devastar cultivos y elevar costos de vida en la zona.
Voces del campo: Campesinos lideran la resistencia
En el corazón de la protesta, los agricultores de Acámbaro destacan como protagonistas indiscutibles. Para ellos, el Acueducto Solís-León representa más que un proyecto de infraestructura; es un robo descarado del agua que nutre sus tierras. "Nuestros campos dependen de ese caudal; sin él, no hay cosechas, no hay alimento", expresó un manifestante anónimo durante la marcha. La región sureste de Guanajuato, conocida por su producción agrícola, ya enfrenta desafíos por el cambio climático y el sobreuso de recursos, y este acueducto agrava la situación al priorizar el crecimiento urbano de León sobre las necesidades locales. Expertos en medio ambiente coinciden en que tales trasvases hídricos alteran ecosistemas frágiles, afectando no solo la agricultura, sino también la biodiversidad local.
La marcha contra el Acueducto Solís-León no se limitó a consignas; incluyó discursos cargados de pasión y datos concretos. La profesora Maribel Corral Hernández, una de las oradoras principales, instó a los presentes a mantener "corazón firme y conciencia despierta". Sus palabras resonaron: "Estos mandatos no son opción, son deber y convicción. Debemos seguir el camino hasta el final de nuestra lucha". Corral enfatizó la necesidad de una resistencia sostenida, recordando que el agua es un derecho humano, no una mercancía negociable en agendas políticas.
Críticas al manejo del agua: Empresas y gobiernos bajo escrutinio
Ricardo Amezcua, otro líder visible en la manifestación, apuntó directamente a las fallas sistémicas en la gestión del agua en México. Según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), las industrias en el Bajío dejan de pagar millones de pesos anuales por consumo excesivo, utilizando hasta cinco veces el volumen de la presa Solís sin implementar sistemas de reciclaje adecuados. "¿Por qué no exigen a las grandes empresas que optimicen su uso, en lugar de desviar nuestro agua?", cuestionó Amezcua ante la multitud. Mencionó también el despilfarro en urbes como León, donde campos de golf y desarrollos inmobiliarios consumen recursos sin medida, mientras comunidades rurales como Acámbaro luchan por lo básico.
Impacto ambiental del Acueducto Solís-León en Guanajuato
El debate sobre el Acueducto Solís-León trasciende la protesta inmediata y toca fibras profundas en materia de sostenibilidad. Ambientalistas advierten que el proyecto podría poner en riesgo la flora y fauna de la cuenca del Río Turbio, alterando flujos naturales y exacerbando la desertificación en el sureste guanajuatense. En un estado donde la sequía ya es una realidad palpable, extraer volúmenes significativos de la presa Solís no solo amenaza la producción agrícola, sino que compromete la seguridad alimentaria regional. Estudios independientes sugieren que alternativas como la tecnificación de riego en campos existentes o la inversión en plantas desalinizadoras en la costa podrían resolver la demanda de León sin sacrificar a otras zonas.
Amadeo Hernández, representante legal del movimiento contra el Acueducto Solís-León, elevó el tono al exigir al gobierno estatal y federal la cancelación inmediata de la obra. "El pueblo elige a sus gobiernos para que los protejan, no para que impongan proyectos ilegales por encima de la ley y del bienestar colectivo", declaró. Hernández subrayó los peligros: escasez de agua potable, daño a ecosistemas y un futuro incierto para las nuevas generaciones. Invitó a una próxima acción en la Cámara de Diputados, donde planean amplificar su mensaje y presionar por una revisión exhaustiva del proyecto. Esta escalada demuestra que la oposición al Acueducto Solís-León está lejos de ser un evento aislado; es parte de un movimiento creciente que une a Guanajuato en defensa de sus recursos.
La perspectiva oficial: Defensa del proyecto y promesas de equidad
Frente a las acusaciones, el gobierno de Guanajuato ha respondido con argumentos técnicos. José Lara Lona, secretario de Agua y Medio Ambiente, aclaró en una entrevista reciente que el 100% del agua del Acueducto Solís-León se destinará a uso urbano público en ciudades como León, sin tocar reservas agrícolas ni industriales. Según Lara, el suministro provendrá de "ahorros" obtenidos al optimizar la distribución en el campo, preservando así los volúmenes existentes. Sin embargo, críticos como Amezcua dudan de estas afirmaciones, citando historiales de promesas incumplidas en proyectos hidráulicos similares.
Alternativas viables: Hacia una gestión sostenible del agua
En medio de la polarización, expertos proponen soluciones equilibradas para el dilema del Acueducto Solís-León. La implementación de tecnologías de riego eficiente en la agricultura guanajuatense podría ahorrar hasta un 40% del consumo actual, liberando agua para urbes sin necesidad de trasvases controvertidos. Además, invertir en educación ambiental y monitoreo comunitario fortalecería la resiliencia local contra la sequía. Organizaciones civiles abogan por un modelo de gobernanza participativa, donde comunidades como Acámbaro tengan voz real en decisiones que les afectan directamente.
La marcha en Acámbaro ilustra un patrón más amplio en México: la tensión entre desarrollo urbano acelerado y la preservación rural. Mientras León crece como polo industrial, regiones periféricas pagan el precio con recursos menguantes. El Acueducto Solís-León, con su potencial para alterar equilibrios hídricos, obliga a reflexionar sobre prioridades estatales. ¿Es sostenible un modelo que beneficia a unos a expensas de otros? Los manifestantes insisten en que no, y su determinación promete mantener el tema en el candelero.
En los próximos días, el movimiento planea acciones adicionales, incluyendo foros públicos y peticiones formales. La solidaridad intermunicipal crece, con Apaseo el Grande y Salamanca uniéndose al coro contra el Acueducto Solís-León. Esta coalición no solo amplifica el reclamo, sino que resalta la interdependencia regional en la gestión del agua.
Como se ha documentado en coberturas locales recientes, la voz de Acámbaro encuentra eco en reportajes de medios independientes que han seguido de cerca el desarrollo de esta protesta. Figuras como Maribel Corral Hernández han sido citadas en análisis ambientales que cuestionan la viabilidad del proyecto, basados en datos de la propia Conagua. Asimismo, declaraciones de Ricardo Amezcua han circulado en plataformas comunitarias, subrayando las desigualdades en el consumo hídrico industrial.
Finalmente, la resistencia al Acueducto Solís-León recuerda intervenciones pasadas de ambientalistas en Guanajuato, como las que frenaron desarrollos similares en la cuenca del Lerma. Fuentes especializadas en hidrología regional, consultadas en foros académicos, coinciden en que un enfoque colaborativo podría transformar esta crisis en oportunidad para una política hídrica más justa.
