Protesta masiva contra Acueducto Solís en Acámbaro

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Acueducto Solís ha desatado una ola de indignación en comunidades rurales de Guanajuato, donde cientos de habitantes se unen para defender su principal recurso natural: el agua. En un acto de resistencia colectiva, más de 400 personas procedentes de Acámbaro, Jerécuaro, Tarandacuao y Salvatierra se congregaron el 21 de octubre de 2025 en las orillas de la Presa Solís. Esta manifestación pacífica, pero firme, busca frenar la construcción del controvertido Acueducto Solís, un proyecto hidráulico que promete transferir agua hacia el corredor industrial del estado, dejando en vilo la sostenibilidad de la agricultura local y la vida cotidiana de miles de familias.

La movilización en Acámbaro: Voces unidas por el agua

El ambiente en las inmediaciones de la Presa Solís era de determinación palpable. Productores agrícolas, pescadores artesanales y pequeños ganaderos, junto con representantes de diversas localidades, alzaron sus voces contra el Acueducto Solís. Lonas con mensajes como "El agua es nuestra, no de las industrias" y pancartas que denunciaban el impacto ambiental ondeaban al viento, mientras un micrófono pasaba de mano en mano para amplificar las quejas. Esta protesta no es un hecho aislado; representa el clamor de una región que ha visto cómo promesas gubernamentales se diluyen como el agua en canales mal mantenidos.

Impactos ambientales y sociales del Acueducto Solís

Los manifestantes argumentan que el Acueducto Solís no solo amenaza los mantos acuíferos locales, sino que podría devastar la flora y fauna endémica de la zona. Árboles centenarios como los ahuehuetes, símbolos de la identidad guanajuatense, corren riesgo de secarse por la extracción masiva de agua. Además, canales de riego históricos como el Coria y varios bordos podrían verse afectados, lo que agravaría la escasez en un territorio ya vulnerable al cambio climático. "Estas tierras son padre y madre de la agricultura", exclamó un líder local durante el evento, recordando que bajo la Presa Solís yacen los vestigios de 22 pueblos desplazados hace 76 años, aún sin las escrituras prometidas por el gobierno federal.

La salud de los habitantes también está en juego. Comunidades enteras dependen de pozos y manantiales para su consumo diario, y cualquier alteración en el equilibrio hídrico podría derivar en problemas sanitarios y económicos. Pescadores temen por la desaparición de especies en la presa, mientras que los agricultores visualizan cosechas diezmadas sin el riego adecuado. El Acueducto Solís, diseñado para abastecer a León, Celaya, Irapuato y Silao, prioriza el crecimiento industrial sobre las necesidades básicas de las zonas rurales, generando un descontento que trasciende fronteras municipales.

Respuesta oficial: ¿Tecnificación o transferencia encubierta?

Frente a las demandas, las autoridades estatales han intentado calmar los ánimos. Marisol Suárez Correa, secretaria del Campo de Guanajuato, insistió en que el proyecto no implicará la sustracción de agua asignada, sino el aprovechamiento de ahorros generados por la tecnificación agrícola. Según ella, medidas como el revestimiento de canales para evitar filtraciones y la implementación de riego por goteo podrían ahorrar entre el 60% y 70% del agua utilizada en el campo. "El agua que se tomará de Acámbaro para llevar a León y otras ciudades es el agua que se va a ahorrar con la tecnificación del campo. No se les va a quitar el agua", aclaró Suárez, enfatizando que la Presa Solís provee agua agrícola, no potable, y que Acámbaro se surte principalmente de otras fuentes.

El pliego petitorio y las promesas incumplidas

Sin embargo, estas explicaciones no han convencido a los afectados. Amadeo Hernández, dirigente nacional de la Central Campesina y líder de más de 200 campesinos, reveló que el pliego petitorio entregado el 14 de octubre recibió una respuesta inicial del gobierno estatal. Esta incluye garantías de suministro para la población y el campo en Acámbaro, firmadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, la creación de una ventanilla única con CONAGUA para atender a productores y la instalación de una mesa permanente de seguimiento. A pesar de ello, Hernández fue categórico: "La respuesta no nos satisface, por lo que vamos a esperar otra respuesta. Si la respuesta sigue sin convencernos, emprenderemos los recursos legales y haremos lo necesario para impedir la obra".

La presencia de Fray Salvador Rangel Mendoza, obispo emérito, añadió un tono moral a la protesta. "Esta agua nos pertenece y, sobre todo, la que se llevará a León", declaró, subrayando la injusticia de destinar recursos locales a urbes distantes mientras las comunidades originarias luchan por lo básico. El Acueducto Solís, con su ruta que parte de la Presa Solís hacia el Bajío industrial, ignora en opinión de los críticos las deudas históricas del Estado, como la regularización de tierras para los descendientes de Chupícuaro.

Raíces del conflicto: Historia y futuro del agua en Guanajuato

El debate alrededor del Acueducto Solís no es nuevo. Guanajuato, un estado semiárido con alta demanda industrial, ha enfrentado sequías recurrentes que exacerban las tensiones por el agua. El proyecto, impulsado para mitigar el estrés hídrico en el corredor manufacturero, se presenta como una solución técnica: extraer solo el excedente ahorrado mediante innovaciones en el riego. Pero para los locales, esto suena a eufemismo para una transferencia que beneficiará a grandes empresas en detrimento de la agricultura familiar. Estudios independientes han advertido sobre riesgos a la biodiversidad, incluyendo la contaminación potencial de ríos aledaños y la salinización de suelos por sobreexplotación.

En este contexto, la protesta de Acámbaro emerge como un llamado a la equidad. Los participantes, apartidistas y sin buscar reflectores, enfatizan que su lucha es por el bien común. "La obra hidráulica afectará a pescadores, productores y sociedad. No funciona imponer que se acate la razón; la lucha es digna para defender el agua en beneficio de la gente", añadió Hernández, recordando que las promesas iniciales de la Presa Solís beneficiaban a todos los guanajuatenses, no solo a unos pocos.

Expertos en recursos hídricos coinciden en que la tecnificación agrícola es clave para la sostenibilidad, pero insisten en que debe ir acompañada de transparencia y participación comunitaria. El Acueducto Solís podría ser un modelo si se resuelven las dudas, pero por ahora, genera más preguntas que soluciones. Comunidades como las de Jerécuaro y Tarandacuao, con economías atadas al campo, ven en esta obra una amenaza existencial que podría acelerar la migración rural y erosionar tradiciones milenarias.

La manifestación concluyó con un compromiso colectivo: continuar la vigilancia y, de ser necesario, escalar a instancias judiciales. Mientras tanto, el agua sigue fluyendo, pero su destino pende de un hilo delicado entre desarrollo y preservación.

En revisiones recientes de reportes locales, se nota cómo eventos similares en el Bajío han influido en ajustes a proyectos hidráulicos, tal como se detalla en coberturas de medios regionales que siguen de cerca las dinámicas entre el gobierno estatal y las bases campesinas. Además, declaraciones de figuras eclesiásticas como las de Fray Rangel han resonado en foros ambientales, según se recoge en análisis independientes sobre conflictos por agua en México. Finalmente, pliegos petitorios como el entregado a autoridades federales, incluyendo menciones a acuerdos con la actual administración, aparecen en documentos públicos de organizaciones agrarias que documentan estas tensiones.