Acueducto Solís representa un proyecto ambicioso que busca optimizar el uso del agua en Guanajuato, pero ha generado una fuerte reacción entre los productores agrícolas de Acámbaro. Estos agricultores, organizados en más de diez ejidos, han elevado su voz para demandar pagos pendientes y beneficios concretos antes de que inicie la construcción de esta infraestructura hidráulica clave. La tensión se palpó en una reciente reunión con autoridades estatales, donde se presentó el avance de los proyectos de Tecnificación de Riego y el propio Acueducto Solís, mientras los afectados entregaban un pliego petitorio detallado. Este conflicto pone de manifiesto las desigualdades históricas en el sector rural, donde las grandes obras federales a menudo dejan atrás las necesidades locales.
El impacto histórico de la Presa Solís en Acámbaro
El Acueducto Solís no surge en un vacío; su origen se remonta a la construcción de la Presa Solís hace más de 50 años, un evento que transformó radicalmente la vida de miles de familias en Acámbaro. Aquella obra, impulsada por decretos expropiatorios, inundó tierras productivas y desplazó comunidades enteras, dejando a los ejidatarios con promesas incumplidas de compensaciones justas. Hoy, con el nuevo acueducto planeado para extraer agua de esta misma presa, los productores reviven esos agravios. Amadeo Hernández Barajas, dirigente de la Central Campesina, ha sido enfático al recordar que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) aún adeuda pagos por daños y perjuicios, afectando directamente a ejidos como Parácuaro, Chamácuaro y El Fresno.
Deudas pendientes y expropiaciones sin resolver
Entre las demandas más urgentes figura la liquidación total de esas deudas pendientes, que incluyen no solo indemnizaciones monetarias sino también la regularización de superficies de tierra que quedaron bajo el fondo de la presa. Imagínese cultivar maíz o sorgo en parcelas que un día pertenecieron a sus ancestros, solo para ver cómo un proyecto gubernamental las engulle sin un cierre adecuado. Los productores de Acámbaro, que dependen en gran medida de estos cultivos básicos, argumentan que sin resolver estos asuntos del pasado, el Acueducto Solís solo profundizará la vulnerabilidad económica del campo guanajuatense. Más de 200 agricultores se reunieron para alzar esta bandera, respaldados por asesores de la Secretaría de Gobierno.
Esta situación no es aislada; refleja un patrón en proyectos hidráulicos donde los beneficios se concentran en centros urbanos e industriales, mientras el sector agrícola periférico absorbe los costos. En Acámbaro, el Acueducto Solís amenaza con impactar más de ocho mil hectáreas, un territorio vital para la soberanía alimentaria local. Los afectados insisten en que cualquier avance debe priorizar la justicia social, evitando que la tecnificación de riego se convierta en un espejismo para los pequeños productores.
Detalles técnicos del Acueducto Solís y sus beneficiarios
Desde el punto de vista oficial, el Acueducto Solís promete eficiencia y sostenibilidad. Javier René Pérez, de la Secretaría de Agua y Medio Ambiente de Guanajuato, explicó que el proyecto se basa en dos convenios marco firmados entre la Federación y el Estado, enfocados en la tecnificación del Distrito de Riego 011. Esta iniciativa permitiría recuperar hasta 120 millones de metros cúbicos de agua, que se destinarían al acueducto de aproximadamente 200 kilómetros de longitud. El ducto atravesará diez municipios: Acámbaro, Salvatierra, Tarimoro, Celaya, Villagrán, Cortazar, Irapuato, Salamanca, Silao y León, pero solo aquellos que alcancen al menos el 70% de eficiencia física en sus sistemas de agua podrán acceder al recurso.
Municipios favorecidos y exclusiones controvertidas
Los principales beneficiarios serían Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao y León, ciudades con demandas industriales crecientes que justifican, según las autoridades, la inversión. Sin embargo, municipios como Acámbaro quedan excluidos de esta distribución, a pesar de ser el origen del agua. Pérez aclaró que el volumen exacto de extracción aún no se define, y la obra se prevé concluir en 2028. Para los productores locales, esto equivale a una extracción forzada sin contraprestación, agravando la escasez en una región donde la Presa Solís opera usualmente al 70-80% de su capacidad de 1,070 millones de metros cúbicos.
Carlos Piña, ejidatario de Obrajuelo, desmontó en la reunión algunas declaraciones oficiales que pintaban el proyecto como un "acueducto padre" gracias a la "disposición" de los agricultores. "No hemos aceptado nada", afirmó, destacando la ausencia de un proyecto ejecutivo detallado por parte del gobierno estatal. Piña advirtió sobre reducciones en concesiones hídricas y restricciones que dejarían a los cultivos sin riego adecuado, especialmente en temporadas secas. Esta crítica técnica resalta cómo el Acueducto Solís, lejos de ser inclusivo, podría exacerbar desigualdades en el acceso al agua en Guanajuato.
Demands específicas de los productores afectados
El pliego petitorio entregado por los productores de Acámbaro es exhaustivo y va más allá de los pagos inmediatos. Incluye la conclusión del entubamiento por gravedad y compuerta para las parcelas del módulo de riego de la Presa Solís, esencial para cultivos como el maíz y sorgo que no se benefician directamente de la tecnificación. Además, exigen la rehabilitación de canales de desagüe en ejidos y pequeñas propiedades, la entrega completa de fertilizantes, y la creación de programas como tarjetas de diésel para usuarios del Distrito de Riego 011, junto con una bonificación de 300 pesos por tonelada, revisable cada cuatro años.
Financiamiento y seguros: claves para la sostenibilidad agrícola
Otras peticiones clave abarcan financiamiento con tasas bajas, seguros catastróficos para todos los productores, y un volumen garantizado de agua específicamente para Acámbaro. "La tecnificación no sirve si en Acámbaro los productores son principalmente de maíz y sorgo", argumentó Hernández Barajas, subrayando la desconexión entre las obras modernas y las realidades locales. Una productora anónima compartió su testimonio: su familia rentaba tierras en Rancho La Florida, donde topógrafos midieron 28 metros de afectación en lugar de los tres prometidos, impactando 17 hectáreas con daños climáticos y de suelo por caminos de terracería. Esta voz personal ilustra el costo humano del Acueducto Solís.
La reunión, que contó con la presencia de Refugio Valdez y Alberto Vargas de las secretarías de Gobierno y del Campo, respectivamente, culminó con una solicitud de seguimiento para el 21 de octubre en el bordo de la presa. Allí, se espera avanzar en la aceptación de estas demandas, evitando que el proyecto se perciba como una imposición política. Los productores llaman a la unidad campesina para recabar firmas y explorar amparos legales, defendiendo no solo sus tierras sino el futuro del agro en la región.
En este contexto, el Acueducto Solís emerge como un símbolo de los desafíos hídricos en México, donde el equilibrio entre desarrollo urbano y rural es frágil. Los agricultores de Acámbaro no solo buscan compensaciones; aspiran a un modelo inclusivo que integre sus voces en la toma de decisiones. Mientras el agua fluye hacia León y sus industrias, que pagarán al costo establecido por federación y estado, queda la interrogante de cómo mitigar las pérdidas en el origen.
Reflexionando sobre estos eventos, se aprecia cómo iniciativas como esta, reportadas en medios locales como el Periódico Correo, destacan la resiliencia de comunidades ante proyectos de gran escala. Entrevistas con líderes como Hernández Barajas revelan capas de frustración acumulada, mientras documentos oficiales de Conagua subrayan la complejidad técnica. Asimismo, análisis independientes sobre el Plan Hídrico Nacional sugieren que sin ajustes, obras similares podrían replicar ciclos de inequidad en otros estados.
Finalmente, la historia de Acámbaro invita a considerar el rol de la participación ciudadana en la gestión del agua, un recurso escaso que une destinos. Voces como la de Piña, eco de foros campesinos, insisten en que defender el sustento agrícola es defender la identidad regional, urgiendo a autoridades a escuchar antes de que el ducto se convierta en irreversible.


