Inseguridad en carreteras del Bajío amenaza textil

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Inseguridad en carreteras del Bajío se ha convertido en una pesadilla para la industria textil, donde los asaltos constantes están espantando a los compradores mayoristas y poniendo en jaque la economía local. En regiones como Guanajuato y Michoacán, los tramos viales se han transformado en zonas de alto riesgo, con robos violentos que dejan pérdidas millonarias y un ambiente de temor que frena el comercio. Esta crisis no solo afecta a productores y distribuidores, sino que amenaza con paralizar una cadena productiva que genera miles de empleos en el corazón del país.

Impacto devastador en la industria textil

La inseguridad en carreteras del Bajío golpea directamente al sector textil, una de las pilares económicos de municipios como Moroleón, Uriangato y Yuriria. Aquí, donde se confeccionan prendas y telas que se exportan a todo México, los comerciantes reportan una caída drástica en las visitas de compradores. La temporada alta de ventas, que suele impulsar la producción, se ve opacada por el miedo a ser asaltados en ruta. "Ya no quiere venir la gente a comprar en mayoreo porque hay mucha inseguridad y han pasado muy malas experiencias cuando gente armada los para y vacían sus camiones de mercancía", denuncia Ramón Durán, un veterano comerciante textil de la zona.

Asaltos en tramos clave: un panorama alarmante

Entre los puntos más críticos se encuentran la federal Yuriria–Valle de Santiago, Uriangato–Cuitzeo y la autopista Morelia–Salamanca. Estos corredores, vitales para el traslado de mercancía textil, registran incidentes frecuentes que involucran vehículos detenidos a mano armada y saqueos totales. En Valtierrilla, cerca de Salamanca, los reportes de robos han escalado, dejando a transportistas con pérdidas que superan los 20 mil pesos por evento. La inseguridad en carreteras del Bajío no discrimina: desde camiones cargados de hilos y telas hasta vans de compradores minoristas, todo es blanco fácil para las bandas organizadas.

En 2024, Moroleón vio dos asaltos directos a compradores textiles, mientras que en 2025 la cifra se mantiene en cero dentro del municipio, pero los incidentes en vías aledañas compensan con creces. Yuriria, por su parte, pasó de siete casos el año anterior a tres este año, según datos locales. Uriangato reporta tranquilidad interna, pero su Dirección de Seguridad Pública admite que los problemas surgen en la caseta de Valtierrilla o la federal 43 hacia Cuitzeo, Michoacán. Estas estadísticas, aunque parciales, pintan un cuadro de vulnerabilidad que se extiende como un virus por la región.

Estadísticas que revelan la magnitud del problema

Guanajuato se posiciona como el tercer estado con más robos de carga a nivel nacional en 2025, de acuerdo con informes especializados. El 53% de estos delitos ocurre en tránsito, mientras que el 47% sucede en paradas improvisadas. Alarmantemente, el 82% involucra violencia, con asaltantes armados que no dudan en usar la fuerza para apoderarse de la carga. La inseguridad en carreteras del Bajío se agrava porque el estado también lidera en robo de metales, con un 20% de los casos nacionales concentrados aquí.

Productos textiles en la mira de los delincuentes

Aunque los alimentos y bebidas representan el 33% de los robos, los materiales industriales —incluyendo textiles y confecciones— figuran en el 10% de los incidentes. El 87.6% de estos crímenes se focaliza en diez entidades, con Guanajuato y Michoacán en la lista negra junto a Puebla, Estado de México y Veracruz. Carreteras como la México-Saltillo (MEX-57D), Celaya–Querétaro y Silao–San Felipe son focos rojos permanentes. En el Bajío, el 84% de los asaltos ocurre de lunes a viernes, y el 55% entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana, horarios pico para el movimiento de mercancía textil.

Esta ola de inseguridad en carreteras del Bajío no es un fenómeno aislado; responde a una red de crimen organizado que ve en el transporte un botín fácil. Los textileros locales, ya presionados por la competencia china que inunda el mercado con ropa barata, ahora enfrentan un doble frente: la pérdida de clientes por miedo y los costos extras en seguros y rutas alternativas, que encarecen hasta un 30% el flete.

Respuesta de las autoridades: ¿coordinación o impotencia?

Las autoridades municipales insisten en que colaboran con la Guardia Nacional de Caminos y las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado (FSPE), pero la responsabilidad federal en la vigilancia de vías deja un vacío que los delincuentes aprovechan. Humberto Cerrillo, titular de Seguridad en Uriangato, lo explica con crudeza: "Aquí también es responsabilidad de la Guardia Nacional vigilar las carreteras, tanto de cuota como libres. Hemos atendido reportes, pero solo de vehículos robados en otro lugar que después son abandonados en la autopista o la libre; es un asunto cada vez más frecuente".

Avances limitados en decomisos y recuperación

A pesar de las quejas, hay señales de acción: en los últimos tres meses, se recuperaron mercancías robadas por 37.8 millones de pesos. Incluye 9 mil botellas de tequila premium valuadas en 22.9 millones en Dolores Hidalgo y un tractocamión con maquinaria pesada por 4 millones en San Diego de la Unión, gracias a 17 operativos conjuntos. Sin embargo, estos logros parecen gotas en el océano frente a la marea de inseguridad en carreteras del Bajío. Los textileros demandan patrullajes preventivos y tecnología como drones o cámaras en tramos clave, pero la implementación es lenta.

Eduardo Calderón, un fabricante textil con décadas en el gremio, resume el descontento: "Estamos ya casi en la temporada alta y si las autoridades no hacen nada para parar los asaltos y robos en las carreteras, los clientes no van a venir. Si de por sí ya estamos batallando con competir con la ropa china, ahora con el tema de la seguridad nos vamos a quedar sin ventas". Su voz representa a cientos de familias que dependen de esta industria, donde la producción de jeans, camisas y uniformes genera empleo para más de 50 mil personas en la región.

La inseguridad en carreteras del Bajío no solo erosiona la confianza de los compradores, sino que distorsiona la cadena de suministro. Empresas que antes surtían supermercados y boutiques en el centro del país ahora optan por proveedores en estados más seguros, como Querétaro o San Luis Potosí, dejando bodegas vacías en Moroleón. El impacto se siente en las ferias textiles anuales, que atraían a miles de visitantes, pero ahora ven una asistencia reducida en un 40%. Analistas locales estiman que, sin medidas urgentes, el sector podría perder hasta 200 millones de pesos en ventas para fin de año.

En medio de esta tormenta, algunos empresarios buscan salidas creativas, como entregas a domicilio con escoltas privados o alianzas con apps de logística segura. Pero estas soluciones son paliativos caros que no resuelven el núcleo del problema: la falta de control territorial en las vías. La inseguridad en carreteras del Bajío exige una respuesta integral, que combine inteligencia policial con inversión en infraestructura, para que el textil no se convierta en una industria del pasado.

Mientras tanto, en conversaciones con expertos del ramo, se menciona que informes de Overhaul sobre robos de carga en Guanajuato pintan un panorama similar al de años previos, con un leve repunte en violencia. De igual modo, datos del SNSP destacan cómo el 82% de estos incidentes involucran armas, un detalle que resalta la urgencia de intervenciones federales más agresivas. Y en charlas informales con comerciantes, surge el eco de reportes locales de la Dirección de Seguridad Pública de Uriangato, que confirman la coordinación con la Guardia Nacional, aunque con resultados mixtos en la recuperación de vehículos abandonados.