Ibero León borda contra violencia feminicida

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Visibilizando la violencia feminicida a través del arte colectivo

Violencia feminicida en Guanajuato cobra vidas de mujeres y niñas a un ritmo alarmante, dejando un rastro de dolor que exige ser nombrado y recordado. En la Universidad Iberoamericana León, un grupo de estudiantes, académicos y personal administrativo se unió en una jornada de bordado colectivo para honrar a las víctimas, transformando hilos y agujas en un acto de resistencia y memoria. Esta iniciativa, realizada el 25 de noviembre en conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, no solo visibiliza la violencia feminicida, sino que invita a una reflexión profunda sobre las estructuras que la perpetúan en la sociedad mexicana.

La actividad, titulada "Nombrarlas a todas", fue inspirada en la obra de la artista multidisciplinaria Fabiola Rayas, quien desde Puebla coordina esta red de bordado que se extiende a varias instituciones del Sistema Universitario Jesuita. En León, alrededor de 40 participantes se congregaron entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde, tejiendo pendones con los nombres y fragmentos de las historias de mujeres asesinadas por violencia feminicida en el estado. Cada persona recibió un caso específico para investigar en línea, lo que permitió no solo bordar letras, sino también conectar emocionalmente con las vidas truncadas detrás de las cifras frías de los reportes oficiales.

El poder del bordado colectivo en la lucha contra la violencia feminicida

El bordado, una práctica tradicionalmente asociada al ámbito femenino, se convierte aquí en un símbolo poderoso de empoderamiento y solidaridad. Bajo la guía de la artista bordadora Sandra Estrada, los participantes —hombres y mujeres por igual— hilvanaron no solo tela, sino también una red de apoyo comunitario. "Al bordar, las personas pueden analizar todas las emociones que ahí se generan, hasta catárticas, de trabajar con todas estas violencias y hacerlas visibles", explicó María de Lourdes Contro Monroy, responsable del programa de Derechos Humanos de la Ibero León. Esta catarsis colectiva subraya cómo el arte puede ser una herramienta terapéutica en el enfrentamiento a la violencia feminicida, permitiendo procesar el duelo y la indignación de manera compartida.

La violencia feminicida no es un incidente aislado, sino el extremo de un continuum de agresiones que afecta a miles de mujeres en México. En Guanajuato, uno de los estados con mayores índices de feminicidios, las estadísticas revelan una crisis que clama por acciones inmediatas. Según datos locales, en los últimos años se han registrado cientos de casos, muchos de ellos impunes, lo que agrava el terror en comunidades enteras. El bordado colectivo emerge como una respuesta creativa a esta realidad, donde cada puntada representa un grito silenciado y un compromiso por no olvidar.

Tipos de violencia que alimentan la violencia feminicida

Para comprender la magnitud de la violencia feminicida, es esencial desglosar los tipos de agresiones que la preceden y la sostienen. La violencia psicológica, por ejemplo, erosiona la autoestima de las víctimas mediante insultos, humillaciones y amenazas constantes, llevando a estados de depresión y aislamiento que las vuelven más vulnerables. Esta forma sutil de control es el preludio común a escaladas más graves, y en contextos como el de Guanajuato, se entreteje con dinámicas culturales que normalizan el machismo.

De la agresión física a la patrimonial: un espectro de daños

La violencia física implica daños corporales directos, desde golpes hasta el uso de armas, dejando secuelas irreversibles en el cuerpo y el espíritu. Paralelamente, la violencia patrimonial priva a las mujeres de sus recursos económicos, destruyendo documentos o reteniendo bienes, lo que las atrapa en ciclos de dependencia. En México, estas manifestaciones se reportan diariamente, contribuyendo al clima de terror que culmina en la violencia feminicida. La Universidad Iberoamericana León, al promover estas reflexiones, busca educar sobre estos patrones para desmantelarlos desde la base.

La violencia sexual, otro pilar de esta estructura opresiva, atenta contra la integridad y la dignidad de las mujeres en espacios públicos y privados, reforzando la supremacía masculina. Finalmente, la violencia feminicida representa el punto de no retorno: asesinatos motivados por el género, que en Guanajuato han aumentado de manera preocupante. Iniciativas como el bordado colectivo no solo documentan estos horrores, sino que fomentan una cultura de prevención y denuncia.

La red jesuita contra la violencia feminicida en universidades

El Sistema Universitario Jesuita (SUJ) no se limita a esta jornada aislada; en el marco del 25N, anunció la creación de la Coordinación Sistémica para la Atención a la Violencia de Género, un esfuerzo interinstitucional que abarca planteles en Ciudad de México, Puebla, Tijuana, Torreón y Guadalajara. Esta coordinación busca elaborar diagnósticos integrales sobre las violencias en entornos educativos, promoviendo sensibilización, autocuidado y el cumplimiento estricto de protocolos contra la violencia feminicida.

María Lizet Romero Guzmán, responsable del programa de Género en la Ibero León, destacó los retos pendientes: desde identificar focos de riesgo hasta fortalecer la procuraduría de derechos universitarios. "El objetivo es que no sea letra muerta", enfatizó, subrayando la necesidad de acciones concretas que trasciendan el simbolismo. En esta línea, el bordado colectivo se integra como una práctica viva, donde los pendones tejidos viajarán a la obra de Fabiola Rayas, uniéndose a una manta mayor que representa la memoria colectiva de México.

Reflexiones de participantes: historias que bordan la esperanza

Entre las anécdotas compartidas, una participante relató cómo le tocó bordar el nombre de una vecina de su madre, un caso que la conectó visceralmente con la cercanía de la violencia feminicida. "Nos movieron mucho las historias que estuvimos revisando", confesó, ilustrando cómo esta actividad trasciende lo artístico para tocar lo personal. Otros compartieron fotografías y música durante la jornada, creando un espacio de empatía que fortalece la resiliencia comunitaria contra la violencia feminicida.

Esta iniciativa resalta la urgencia de intervenciones multidisciplinarias en la erradicación de la violencia feminicida. Al combinar arte, educación y activismo, la Ibero León no solo conmemora, sino que cataliza cambios estructurales. En un país donde la impunidad reina, actos como este bordado colectivo iluminan el camino hacia una sociedad más justa, donde las mujeres puedan vivir libres de temor.

Como se menciona en los relatos de la jornada organizada por el Sistema Universitario Jesuita, estas prácticas de memoria colectiva son esenciales para contrarrestar el olvido que perpetúa la violencia feminicida. Expertas en derechos humanos, como las involucradas en el programa de la Ibero, insisten en que visibilizar no es suficiente; debe ir de la mano con políticas públicas robustas.

De igual modo, referencias a obras artísticas como la de Fabiola Rayas demuestran cómo el activismo cultural puede amplificar voces silenciadas por la violencia feminicida, inspirando réplicas en otros estados. En Guanajuato, donde los casos abundan, estas narrativas bordadas sirven como recordatorio vivo de las vidas perdidas.

Finalmente, según observaciones de participantes en eventos similares del 25N, el bordado colectivo fomenta una solidaridad que trasciende fronteras institucionales, tejiendo una red nacional contra la violencia feminicida que promete durar más allá de un día de conmemoración.