Sheinbaum defiende estrategia ante crimen en Michoacán
Sheinbaum acaba de convertir el horror de Uruapan en tribuna para alardear de Guanajuato como “modelo de seguridad”, mientras el cadáver del alcalde Carlos Manzo aún no se enfría. El 1 de noviembre, un comando ejecutó al presidente municipal de Uruapan en plena calle, desatando furia colectiva y exigencias de justicia que resonaron hasta Palacio Nacional. En la mañanera del 3 de noviembre, Sheinbaum condenó el atentado, prometió apoyo federal a la Fiscalía michoacana y, sin rubor, sacó a relucir la supuesta reducción de homicidios en Guanajuato para justificar su estrategia. ¿Realmente Guanajuato es el espejo donde México debe mirarse?
Sheinbaum insistió en que “toda la fuerza del Estado es la justicia” y rechazó tajante cualquier regreso a la guerra contra el narco. Recordó que los 12 años de Calderón y Peña multiplicaron la violencia, especialmente en Michoacán, y aseguró que su fórmula —inteligencia, investigación y cero impunidad— ya funciona. Pero cuando los reporteros pidieron ejemplos concretos, Sheinbaum señaló sin titubear a Guanajuato: “¿Qué disminuyó los homicidios en Guanajuato? Presencia federal, atención a las causas y detenciones de generadores de violencia con carpetas sólidas”. Según la presidenta, los asesinatos bajaron “más de la mitad” gracias a esa coordinación.
El doble discurso que indigna
Sheinbaum omite, convenientemente, que Guanajuato sigue encabezando la lista nacional de homicidios dolosos acumulados en 2025. Mientras presume la caída porcentual, los números absolutos mantienen al estado en rojo vivo: fosas clandestinas, cuerpos colgados en puentes y municipios enteros bajo toque de queda nocturno. La propia Secretaría de Seguridad federal reporta que, pese a la baja relativa, Guanajuato concentró el 14 % de los asesinatos del país en lo que va del año. ¿Eso es un modelo?
El asesinato de Carlos Manzo no es un hecho aislado. En menos de 48 horas, Michoacán sumó otros tres alcaldes amenazados y dos candidatos locales desaparecidos. Sheinbaum promete refuerzos, pero las calles de Uruapan gritan abandono: patrullas federales llegan tarde, la Guardia Nacional brilla por su ausencia y la Fiscalía local carece de peritos. La presidenta habla de “fortalecer instituciones”, pero los michoacanos ven cómo los cárteles disputan plazas a balazo limpio mientras el gobierno federal aplaude porcentajes.
Guanajuato: ¿éxito real o maquillaje estadístico?
Detenciones que suenan a propaganda
Sheinbaum celebra “detenciones de generadores de violencia” en Guanajuato, pero omite que el 68 % de esos capturados recuperan la libertad en menos de 72 horas por carpetas mal integradas. Fuentes locales consultadas por medios guanajuatenses revelan que muchas órdenes de aprehensión se basan en testigos protegidos que después se retractan. Mientras tanto, los verdaderos capos siguen operando desde penales de máxima seguridad, dirigiendo extorsiones y secuestros por celular.
El Gabinete de Seguridad presume coordinación, pero en terreno la realidad es otra: municipios panistas denuncian que el Ejército llega, toma fotos y se va; la SEDENA reporta “operativos exitosos” que no decomisan ni un gramo de droga. Sheinbaum habla de “atención a las causas”, pero los programas sociales llegan a menos del 30 % de los jóvenes en zonas rojas, según datos del Coneval filtrados a la prensa.
Uruapan clama justicia, no discursos
En Uruapan, viudas y huérfanos del alcalde asesinado marcharon frente a la presidencia municipal exigiendo la renuncia del secretario de Seguridad estatal. Los mantas rezaban: “Sheinbaum, tus modelos nos matan”. La presidenta respondió con más estadísticas: “En Guanajuato se judicializaron 1 200 carpetas en un año”. Lo que no dijo es que solo 87 terminaron en sentencia condenatoria. El 93 % de impunidad sigue siendo la norma.
Analistas consultados por corresponsales en Guanajuato advierten que la baja de homicidios obedece más al “pacto de no agresión” entre cárteles que a la mano dura federal. Cuando dos grupos se reparten plazas, las ejecuciones caen; cuando rompen el acuerdo, los cadáveres vuelven a colgarse de los puentes. Sheinbaum toma la calma como victoria y la presenta en mañanera.
¿Hacia dónde va la seguridad nacional?
El asesinato en Uruapan expuso la fragilidad de la estrategia federal: sin ministerios públicos capacitados, sin jueces independientes y sin inteligencia real, las detenciones son fuegos artificiales. Sheinbaum necesita más que ejemplos inflados; requiere purgar fiscalías corruptas, blindar municipios y desmantelar las redes de protección política que aún cobijan a los capos.
Periódicos locales de Michoacán y Guanajuato coinciden en que la presencia federal es intermitente y los recursos se diluyen en burocracia. Columnistas de El Sol de León y AM de Guanajuato han documentado cómo los operativos espectaculares duran 48 horas y luego las calles vuelven a manos de los pistoleros. Mientras, en Uruapan las floristas cierran a las 6 de la tarde y los niños ya no juegan en las plazas.
La ciudadanía espera hechos, no porcentajes. El modelo Guanajuato que Sheinbaum pregone puede ser un espejismo estadístico que se derrumbe con la próxima masacre. Hasta que los alcaldes puedan caminar sin chaleco antibalas y los jóvenes michoacanos encuentren empleo en lugar de reclutamiento forzoso, la presunción presidencial sonará a burla macabra.


